El próximo viaje 16 Dic 2014

Vino y dinosaurios en el Valle de Colchagua

Valle de Colchagua

Las alturas de los Andes describen el paisaje y el carácter chilenos. La cordillera regala un telón de fondo excepcional, y asimismo, va marcando el recorrido de muchos valles que han hecho posible el desarrollo de la vida. Hoy nos acercamos a uno de ellos, el Valle de Colchagua de gran belleza y curiosa historia, y con muchos atractivos y actividades para realizar.

A unos 150 kilómetros al sur de Santiago de Chile, este valle ha visto desarrollarse tanto su industria vitivinícola como la turística de la mano de un hijo de Santa Cruz, una de las principales ciudades de la región, Carlos Cardoen. Digno de protagonizar una película de espías, este señor ha decidido apostar a su tierra chica desde hace varias décadas. No vamos a detenernos en su historia personal, ni en los avatares de sus negocios de otras épocas (además todo está bien documentado en la red), sino que vamos a enfocarnos en las posibilidades que ofrece el Valle de Colchagua para el viajero.

Como decíamos, este valle tiene unas condiciones magníficas para la producción de vinos. Desde los Andes, se abre este angosto valle hacia el oeste, en dirección al Pacífico. Los terrenos de cultivo salvan grandes pendientes y requiebros del camino impuestos también por el paso del río Tinguiririca que riega la zona.

Precisamente cerca de las nacientes del río encontramos uno de los puntos interesantes de la nuestra ruta: un yacimiento paleontológico del Jurásico Superior que nos muestra cientos de huellas de dinosaurios en las paredes de la montaña. Una colección de pisadas que hoy vemos en vertical gracias al plegamiento de la tierra cuando se formaron los Andes, pero hace 120 millones de años era la superficie de una gran sabana poblada de árboles y grandes mamíferos a la orilla del mar. Es por eso que también podremos descubrir fósiles de algas y corales en la pared de roca en mitad de los Andes.

Termas del Flaco

A orillas del río Tinguiririca y a muy poca distancia (apenas unos minutos de caminata) también tenemos otra propuesta para disfrutar de una escapada al Valle de Colchagua: las Termas del Flaco. Bien entrados en la montaña, a escasa distancia del paso fronterizo con Argentina de Las Damas, a 3.050 metros de altitud, la calidad de estas aguas eran bien conocidas ya a mediados del siglo XIX.

Un alto en el camino para relajarnos con un baño de aguas muy beneficiosas para afecciones respiratorias y, sobre todo, reumáticas y óseas. También hay baños de barro y de vapor (las aguas tienen una temperatura que va desde los 35 a los 95 grados) que pueden disfrutarse en el verano austral, entre diciembre y hasta Semana Santa durante la temporada en que permanecen abiertos un par de hoteles en el lugar.

Desde las mismas termas podemos hacer algunas visitas por la zona, como a un antiguo hospital abandonado que hasta principios del siglo XX atendía a enfermos de tuberculosis; o a la Cascada de la Virgen, a la que se llega atravesando un hermoso puente colgante para descubrir una imagen de la Virgen por detrás de la caída de agua.

Cascada de la Virgen

Si comenzamos a descender hacia el Valle, siguiendo el curso del río, nos encontraremos con un paisaje de gran belleza, con días soleados y secos aunque con cierto rigor del frío (condiciones óptimas para la producción de vinos de calidad), y donde se extienden cientos de miles de viñas de variedades potentes como la Syrah, Merlot o Cabernet Sauvignon. A las bodegas tradicionales se han sumado varias artesanales que producen bajo la Denominación de Origen Valle de Colchagua.

La visita debe comenzar, entonces, con una aproximación a esa cultura del vino, recorrer sus viñedos, visitar bodegas, disfrutar de sus sabores.

Gracias a la riqueza que les proveía la industria minera, algunas familias terratenientes comenzaron a importar viñas para plantarlas en el valle ya en el siglo XIX. Gracias a que Chile estuvo libre de la plaga de filoxera que atacara los viñedos de todo el mundo a mediados del siglo XIX, podemos encontrar viñedos con más de 100 años de antigüedad y producción activa.

Estamos en el Valle del Vino de Colchagua por lo que una de las actividades más recomendadas es la de visitar bodegas. Aquí algunas propuestas:

  • Bodega Santa Cruz: Además del recorrido por viñedos y la bodega en sí, lo diferente es que cuenta con un teleférico que sube a los visitantes a la cima del cerro Chamán. Allí se han levantado réplicas de las viviendas típicas de los pueblos originarios del territorio chileno: los Mapuches, los Aymara y los Rapa Nui. Asimismo hace poco abrió un Museo del Automóvil en las instalaciones de la bodega, con unos 50 ejemplares clásicos.
  • Bodega Montgras: Allí ofrecen una experiencia enológica personal con la posibilidad de crear tu propio vino a partir de tres cepas tintas. Todo el proceso guiados por los enólogos de la bodega.
  • Otras bodegas abiertas a ser visitadas: Viña Montes, Viña Viu Manent, Viña Lapostolle o Viña Casa Silva.

vino valle de Colchagua

En este Valle del Vino podremos vivir los viñedos desde muchos puntos de vista: entre las hileras de viñas recorriéndolas a pie, en bicicleta, a bordo de un tradicional carro o a caballo, o desde el aire con tours en helicóptero o en globo. Me quedé con ganas de probar este último porque el viento no permitió el vuelo, pero me he prometido volver para ver este valle desde la altura en el silencio del cielo donde viven los cóndores.
Y si hablamos de cielo, tenemos que hacer mención a una excelente opción: observar las estrellas desde el observatorio en Cerro Chamán. Uno de los cielos más limpios del mundo, casi sin contaminación visual y con la sensación de poder tocar las estrellas con la mano. Un cielo, el austral, que nos regalará constelaciones nuevas.
Otra de las alternativas es la de recorrer el Valle de Colchagua a bordo del Tren del Vino. En este momento no se encuentra en funciones, pero esperamos que pronto vuelva a recorrer las vías paralelas al río y entre viñedos.

Y antes de dejar el valle (o como primera etapa del viaje), sugiero que visitemos el Museo de Artesanía chilena en el pueblo de Lolol, a pocos kilómetros de Santa Cruz. Una buena muestra de cerámica, textiles, trabajos en madera y hasta instrumentos musicales representativos de los distintos pueblos que viven en Chile.
Y como última visita, pasar por el Museo del Valle de Colchagua, un complejo con diversas salas y espacios de exposiciones con colecciones muy diversas desde carruajes hasta restos paleontológicos encontrados por Charles Darwin en su viaje por Sudamérica a bordo del Beagle entre 1831 y 1836. El museo nos dará una amplia visión de la historia, el entorno geográfico y hasta la evolución de la industria vinícola en el valle.
Mucho para ver en una angosta franja de terreno, entre los Andes y el Pacífico. Un rincón de Chile con perfume a buen vino y testimonios de una larguísima historia.

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