Gabriel Huete 19 Feb 2014

Valparaiso, qué disparate eres

VALPARAÍSO, qué disparate eres, qué loco, puerto loco, qué cabeza con cerros, desgreñada, no acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre te sorprendió la vida, te despertó la muerte, en camisa, en largos calzoncillos con flecos de colores, desnudo con un nombre tatuado en la barriga, y con sombrero, te agarró el terremoto, corriste enloquecido, te quebraste las uñas, se movieron las aguas y las piedras, las veredas, el mar, la noche, tú dormías en tierra, cansado de tus navegaciones, y la tierra, furiosa, levantó su oleaje más tempestuoso que el vendaval marino, el polvo te cubría los ojos, las llamas quemaban tus zapatos, las sólidas casas de los banqueros trepidaban como heridas ballenas, mientras arriba las casas de los pobres saltaban al vacio como aves prisioneras que probando las alas se desploman.

Pronto, Valparaíso, marinero, te olvidas de las lágrimas, vuelves a colgar tus moradas, a pintar puertas verdes, ventanas amarillas, todo lo transformas en nave, eres la remendada proa de un pequeño, valeroso navío. La tempestad corona con espuma tus cordeles que cantan y la luz del océano hace temblar camisas y banderas en tu vacilación indestructible.

Estrella oscura eres de lejos, en la altura de la costa resplandeces y pronto entregas tu escondido fuego, el vaivén de tus sordos callejones, el desenfado de tu movimiento, la claridad de tu marinería. Aquí termino, es esta oda, Valparaíso, tan pequeña como una camiseta desvalida, colgando en tus ventanas harapientas meciéndose en el viento del océano, impregnándose de todos los dolores de tu suelo, recibiendo el rocío de los mares, el beso del ancho mar colérico que con toda su fuerza golpeándose en tu piedra no pudo derribarte, porque en tu pecho austral están tatuadas la lucha, la esperanza, la solidaridad y la alegría como anclas que resisten las olas de la tierra.

Oda a Valparaiso (Pablo Neruda).

Dicen que Juan de Saavedra no daba crédito a sus ojos cuando en la Primavera de 1536 llega frente a las costas de la bahía de Quintil. Aquel valle fértil, verde y frondoso de árboles le recordaba en la nostalgia a Valparaíso de Arriba, en campos del Paraíso, Cuenca, y así bautizó a aquella caleta de pescadores. Entonces allí vivían los Changos, pueblo nómada del mar que utilizaba balsas hinchables hechas de piel de lobo de mar y se alimentaban de la pesca y frutos silvestres, migrando constantemente con los cambios anuales de temperatura, al Norte con la llegada del Invierno y al Sur en el verano. A diferencia de otros pueblos de la costa, los Changos eran pacíficos y decían no conocer la guerra. No mostraron resistencia a la llegada de los españoles, y éstos a su vez les dejaron tranquilos, ya que su arribada en bahía Quintil fué para hacer agua y provisiones en el marco de una expedición comandada por Diego de Almagro para buscar metales preciosos mucho más al Sur, en la “Terra Australis”.

Y así fué como Valparaiso fué descubierto pero nunca fundado, hasta que ocho años más tarde y gracias a una carta poder del entonces gobernador de Chile Pedro de Valdivia, en la que se decía “…y así nombro y señalo éste puerto de Valparaíso para el trato de ésta tierra y la ciudad de Santiago.”, Valparaíso comienza a existir legalmente. Poco a poco va tomando importancia como puerto de la ciudad de Santiago y como último puerto importante antes de llegar al Cabo de Hornos, lo que hizo que fuera saqueada en numerosas ocasiones por piratas como Drake, Hawkins, Gerritz, Van Noort y Spielbergen, que el 12 de Junio de 1615 reduce a cenizas el puerto y pueblo, quedando todo de nuevo desolado, haciendo honor a su antiguo nombre Chango: Alimapu (País quemado).

Hasta la independencia de España en 1810, Valparaíso nunca llega a tener mas de 150 familias residentes, con una población total de unos 5.000 habitantes muchos de ellos itinerantes, si bien en las décadas siguientes del S.XIX, el puerto, y detrás de el la ciudad van tomando relevancia, hasta que a mediados de siglo, y gracias en gran parte a la colonia de inmigrantes ingleses y luego alemanes, Valparaíso se convierte en un pujante puerto comercial con más de 70.000 habitantes y con el lema “En Valparaiso el tiempo es oro”, lo que da a entender la gran importancia que llega a tener la ciudad como puerto comercial. No será hasta principios del siglo XX, cuando dos acontecimientos de extraordinaria importancia dan al traste con el acelerado crecimiento y expansión de la ciudad: El gran terremoto del 16 de Agosto de 1906 de 8,2 en la escala de Richter, y el posterior maremoto que destruyen la ciudad causando 3.000 muertos y más de 40.000 heridos, y la apertura en 1914 del Canal de Panamá, que acaba con la ruta transoceánica del Cabo de Hornos y con la hegemonía de Valparaíso como puerto principal entre los de Ushuaia y El Callao en Perú.

Hoy es Valparaiso, como magistralmente la define Pablo Neruda en su oda a la ciudad, una urbe costera con un área metropolitana de cerca de un millón de habitantes, loca y ajetreada, en algunas zonas sucia y descuidada y en otras toda arreglada y perfecta, con un entremezclado crisol de nacionalidades como buen puerto de mar y un irresistible magnetismo que se esconde en cada rincón de sus 42 cerros, cada uno con sus calles, funiculares, escaleras y ascensores, con sus luces y sus sombras, sus poetas, sus músicos y artistas, sus graffiti y sus miles de turistas en chanclas, disparando a diestro y siniestro sus cámaras de fotos.

Hoy es Valparaíso una ciudad increíblemente atractiva que te invita a recorrela despacio, fijándote en sus detalles, aventurándote por sus callejuelas empinadas disfrutando de sus murales como en una pinacoteca, cada cerro es casi un museo de arte, en su arquitectura, su pintura, su música, su artesanía… Y así durante varios días me paseo arriba y abajo de su desigual orografía, también yo cámara en mano, ensimismándome delante de cada graffiti y de cada edificio en éste inmenso anfiteatro sobre el mar que es ésta joya de ciudad patrimonio de la humanidad.

20140217202801_resized 20140217202903_resized_1 20140217203024_resized 20140217203029_resized 20140217203243_resized 20140217203308_resized 20140217204125_resized 20140217203350_resized_1

Contacta con Gabriel Huete >

Share on Facebook   Tweet about this on Twitter   Share on Google+0