Ana Peralta 04 Jul 2014

Tiradentes, el lugar donde se detuvo el tiempo

De nuevo con la mochila en danza, el despertador sonaba a las seis de la mañana. No había tiempo que perder, ni siquiera para tomar un café. Así que con el estómago vacío emprendía de nuevo las empinadas cuestas de Ouro Preto para llegar hasta la estación (rodoviaria) y tomar el bus hasta mi siguiente destino, Tiradentes, también en el estado de Minas Gerais. El único autobús que sale hasta allí y no es directo, es a las 7 de la mañana y va a Sao Paulo.

Con hambre y sueño, tenía que hacer un esfuerzo ímprobo para no dormirme, si no quería pasarme el punto de enlace para llegar a Tiradentes. Debía descender en el pueblo de Sao Joao del Rey y a pesar de haberle pedido al conductor que me avisara, a mitad de camino me di cuenta de que ya no era el mismo, había cambiado en una de las paradas, así que tuve que desperezarme del dulce sueño para poner atención en la carretera.

Finalmente llegué a Sao Joao, a las 11.20 de la mañana, no sabía si tendría o no conexión con Tiradentes. Para mi alivio, comprobé que había buses cada media hora aproximadamente y eso también es lo que tardaría en llegar hasta allí. Solo tuve que esperar 10 minutos para tomar el siguiente autobús.

mirador-tiradentes

Nada más entrar en Tiradentes supe que me iba a enamorar. Su luz, el verde al fondo de la Sierra de Sao José que hace de límite geográfico de este pequeño pueblo, pero sobre todo la tranquilidad de sus calles, me engancharon desde el primer momento. Al descender del bus, enfrente justo de la estación, hay una pequeña oficina de turismo que ofrece también tours por la ciudad, por la sierra y cabalgatas. No tenía alojamiento y esta vez he decidido viajar sin un libro-guía, prefiero preguntar a la gente local que siempre tiene buenos consejos para el viajero. Atentos y muy amables, me propusieron dejar mis mochilas hasta que encontrara una pousada donde dormir.

rua da camara

Camara Tiradentes

No tardé mucho en hacerlo, tenía ganas de pasear por la ciudad para comprobar que mis primeras impresiones eran ciertas. Y tanto que lo fueron, mi primera intención era pasar tan solo una noche y he terminado quedándome tres. No deshice ni la mochila. Aún con el estómago vacío, tomé la cámara y me eché a la calle para ir descubriendo poco a poco cada uno de los rincones de esta ciudad detenida en el tiempo.

rua padre toledo

Aunque Tiradentes tiene muchas similitudes con Ouro Preto, sobre todo en la arquitectura de sus iglesias, la fisonomía de ambas ciudades es distinta. En realidad Ouro Preto es una ciudad grande, mientras que Tiradentes, con 7.000 habitantes, es casi más un pueblo y en eso se percibe la tranquilidad y un ritmo diferente. Aunque ambas tienen calles empedradas, Tiradentes utiliza una piedra más grande y afortunadamente, sus calles no son tan empinadas.

callesol

En verdad, me recuerda mucho al sur de España y en especial a San Lúcar de Barrameda, con sus casas encaladas y los marcos de puertas y ventanas de colores, las farolas y los carros tirados por caballos, que aquí adornan de forma muy singular.

Rua direita

Una de mis primeras visitas, imposible de pasar por alto, fue la Iglesia Matriz de Santo Antonio, encaramada en la parte alta de la Rua da Câmara, que hace de atenta vigía a la ciudad. De nuevo los colores blanco y amarillo decoran su fachada. Mi suerte, al entrar, fue encontrarme con un concierto. La organista oficial, Elisa Freixo, hacía vibrar las notas del órgano original, traído desde Portugal en 1788, para un grupo de ingleses. No está permitido tomar fotos dentro del templo, pero la belleza del órgano y del altar rococó tallado en oro te deja suspendida en otra época. Rivaliza con la Igreja do Pilar de Ouro Preto porque, según los locales, ésta es la segunda iglesia más rica de Brasil.

iglesia matriz santo antonio

Iglesia Matriz Santo Antonio

Tirandentes parece el escenario de una película, todo es tan perfecto que casi parece irreal; hasta los pájaros y las flores parecen posar para la cámara. Llena de talleres de artistas, tiendas de artesanía y productos regionales, entre los que destaca la famosa cachaça de Minas Gerais, es el destino perfecto para muchos brasileños que vienen a pasar el fin de semana. La Rua Direita es donde se ubican la mayor parte de estos establecimientos. Aunque pueden encontrarse casi en cualquier parte del pueblo. Igual que los restaurantes o pequeños locales para comer, todo parece estar decorado con tanta sutileza que cuesta escoger un lugar para almorzar o cenar.

pájaro tiradentes

flor tiradentes

artesanía tiradentes

cachaça minas gerais

cantina italiana tiradentes

En el Largo das Forras, la plaza principal, se distribuyen varios locales con música en directo en las terrazas, para poder cenar. Da igual que sea invierno aquí, la temperatura, al menos estos días, no ha bajado de los 24/25 grados. Aún así, yo prefiero meterme dentro del local, el aire acondicionado del bus de Río a Ouro Preto me ha jugado una mala pasada y tengo algo de fiebre. Por fin, me siento a comer algo, será la primera comida del día. Aunque esta vez decido dejar de lado la calórica gastronomía de Minas Gerais, para poder conciliar el sueño.

bar español tiradentes

El segundo día viene cargado de emociones y sorpresas. Por el camino, en el bosque Mae D´agua, al lado de la fuente Chafariz Sao José, entablo conversación con quienes se convertirán en mis acompañantes durante mi estancia en Tiradentes: Aloisio (Loi) y su sobrino Felipe. Loi lleva 25 años viviendo aquí y trabaja en el pequeño atelier del artista Valin Branco, cuyas esculturas se han exhibido en buena parte de la geografía brasileña.

Valin Branco

Serán ellos quienes me lleven también a conocer al maestro pastelero, Francisco, más conocido como Chico Doceiro, quien lleva elaborando dulce de leche y sus famosos canutillos desde 1965. Toda una institución en Tiradentes. Hoy tiene 83 años, pero sigue trabajando junto con su hijo José. Me dejan entrar hasta la cocina, charlar con ellos, e incluso entrevistarles entre risas y bromas acerca del mundial de fútbol 2014 y la posible final entre Brasil y Argentina.

Doceiro Chico

Un encuentro dulce que me lleva a las puertas de otro de los personajes míticos de Tiradentes, Tiao Paineira. Con 86 años, ha perdido un ojo y su movilidad ya no es la que era, pero sigue trabajando el barro y elaborando sus pequeñas piezas de artesanía en el torno, además de usar un horno que alcanza los 200 grados. Nos sentamos a charlar en su modesta cocina y me cuenta historias de su infancia, cuando viajaba con su abuelo.

Tiao Paneira

Tiao Paneira

Tiao no ha perdido la sonrisa, pero una mueca de tristeza le aparece cada vez que recuerda a su mujer, fallecida no hace mucho tiempo atrás. Quisiera detener el tiempo en ese mismo instante, para pararme en cada uno de los surcos de su cara que como un libro guardan historias del pasado.

Con el alma llena de sensaciones y emociones vividas por los encuentros, casi se me olvida de nuevo que no he comido. Pero antes quiero ir a ver la locomotora a vapor de Maria Fumaça que recorre el corto trayecto entre Tiradentes y Sao Joao del Rey y que solo funciona viernes, sábados y domingos. Con sus asientos de madera, recuerda a la época colonial. Están filmando una película, así que no puedo detenerme allí por mucho tiempo, el suficiente para tomar una foto de recuerdo.

maria fumasa

Hoy abandonaré Tiradentes para poner rumbo a Sao Paulo, pero ya estoy pensando en volver para dejarme enamorar de nuevo por el ritmo pausado de esta ciudad que guarda historias y leyendas en cada una de sus piedras.

calles tiradentes

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6 comentarios en
“Tiradentes, el lugar donde se detuvo el tiempo”

  1. Miguel Vila

    Impresionante trabajo, Ana. Ameno y sin hacerse pesado. Breve pero con datos y detalles suficientes para transportarnos al lugar y sentirnos en el ambiente. Y las fotos son buenísimas.
    Felicidades, se nota que disfrutas haciéndolo.

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Muchas gracias, Miguel!
      Me alegra mucho saber que te ha gustado y que he podido transportarte, aunque fuera por unos minutos a ese bello rincón de Brasil que es Tiradentes.
      Sí, es cierto, disfruto mucho haciendo mi trabajo y la mayor recompensa es poder compartirlo con todos vosotros.
      Un millón de gracias por tu comentario.
      Un abrazo

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