Sele 16 Sep 2014

Tayrona, un poema entre selva y mar

Tayrona en Colombia es sinónimo de frondosa jungla y cristalino Caribe. De despertar con el grito lejano del mono aullador y marcharse a dormir tras una puesta de sol con efectos especiales. Este es el Parque Natural predilecto por los viajeros que tomamos la buseta en Santa Marta para perdernos en una red de senderos que serpentean al otro lado de las olas, en un paraíso verde en el que no hay que ver, sino mirar.

La naturaleza es esquiva sólo a los escépticos que se quedan en la piel y no ahondan en el sentimiento, en colores y sonidos casi imperceptibles, bien camuflados, salvo para quienes lleven bien amarradas a la mochila dos virtudes como son el entusiasmo y la paciencia.

A un paso de Santa Marta

35 kilómetros desde Santa Marta son suficientes para estar lejos de todo e iniciar un camino sin retorno en lo que a sensaciones se refiere. Caminar hasta Arrecifes sorteando barrizales y caballos es la mejor introducción posible. Una vez llegamos a uno de los dos campings de Arrecifes, muy cerca de playa del mismo nombre, podemos decir que contamos con hospedaje en el edén. Un consejo: Aunque hay dos tipos de campings, recomiendo siempre el de Aviatur, que es de primera y proporciona tanto tiendas de campaña como bungalows. Pero estos últimos son demasiado caros como para planteárnoslos si quiera.

A partir de este momento debemos olvidarnos del reloj o el teléfono móvil y centrarnos en lo importante. Ese fue mi objetivo durante mi estancia en el Parque Nacional Tayrona.

A lo largo de distintos días divisamos (y nos bañamos) en auténticas playas de postal, nos dedicamos a probar algunas delicias caribeñas en un chiringuito made in Colombia así como salir a buscar aves y huellas de naturaleza, que son muchas. Los caminos son auténticos aliados en los que corretean cangrejos, saltan ranas de colores (algunas muy venenosas como las dendrobates) y se posan pájaros exóticos.

De hecho en el campamento vivía un loro salvaje llamado Lorenzo, que estaba acostumbrado a los turistas y en pleno desayuno solía apoyarse en mi hombro como en la clásica estampa de pirata de época.

Playas de postal en Tayrona

Para bañarme prefería la playa cuyo nombre era Piscinas, pasados Arrecifes y Arenillas. Es la auténtica playa con la que todos hemos soñado alguna vez. Los corales rompen las olas y deja una auténtica piscina color turquesa. De ahí su nombre. También es muy recomendable la playa Arenillas, pero es bastante más pequeña y tiende a llenarse enseguida, sobre todo cuando es temporada alta y coincide con las vacaciones en Colombia. Son muchos quienes conocen estas playas fabulosas y se escapan a pasar uno o varios días. Tayrona es mucho Tayrona.

Por la playa revolotean pelícanos que, como el ya mencionado loro Lorenzo, están tan habituados a ver gente que no dudan en ponerse delante de ti para mostrarte cómo pescan utilizando su grueso pico. Ellos no entienden de temporada alta o baja, al igual que las garzas que caminan con la livianeza que las caracteriza para agarrar el pescado más escurridizo. Tayrona es uno de esos lugares National Geographic en el que en vez de poner la televisión basta con sentarse un rato y observar lo que pasa por delante.

El sendero del conocimiento

Si para el camino de ida a Arrecifes desde El Cañaveral escogimos el mismo sendero utilizado por los caballos, para volver el mejor consejo es madrugar mucho, no más tarde de las 5 ó 5 y media de la mañana, y utilizar el conocido como “sendero del conocimiento”. Es un camino mucho más largo pero más agradable. Y al madrugar, nos aseguramos ver más animales que cuando asciende la temperatura desaparecerán completamente de tu vista.

No es que sea tan sencillo observar animales pero a esta hora y en este sendero muy pero que muy poco transitado tenemos muchas más posibilidades. Algunos macacos que parecen sacados de la película de los Gremmlins se cruzaron en nuestro camino en múltiples ocasiones. Muy curiosos, se asomaban por las ramas para ver quiénes eran los peculiares huéspedes del Tayrona.

Más complejo parece encontrarse con los aulladores, pero en nuestro caso, prácticamente al final del sendero del conocimiento tuvimos una familia justo encima de nuestras cabezas que se puso a vociferar.
Ni los jaguares emiten un rugido tan poderoso como la del macho de pelo rojizo con su clásica papada que le da potencia a los aullidos para marcar su territorio y hacerse notar ante las hembras.

El Parque Nacional Tayrona, además de un imprescindible para todo el que viaje a Colombia, es un reencuentro con la naturaleza más auténtica. Un paseo por la vida tal cual era…

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