Estela y Laura 17 May 2014

Tarapoto

Laguna azul

Era la hora de almorzar cuando nuestra combi llegaba, después de tres amenas horas en carretera. Este trayecto también lo hicimos apretujadas con 20 personas más. El caso es que llegamos a esta ciudad con un hambre monumental y nos pusimos a buscar un sitio para comer bueno, rico y barato. Nos dejamos aconsejar por un gracioso vendedor de tours turísticos que nos recomendó un vegetariano en el que por tan solo 5 soles comimos un completísimo menú, con extracto de zanahoria incluido. Nos despejamos con un café y la hora para quedar con nuestros anfitriones se acercaba.

Andamos unas pocas cuadras y llegamos a su casa, donde Jaime, Ivonne y el pequeño Jhacob nos esperaban con los brazos abiertos. Estuvimos hablando largo y tendido de la ciudad, los sitios que visitar, y así nos decidimos a pasar la tarde por Lamas, una pequeña ciudad en un cerro cerca de Tarapoto, muy tranquila y bucólica. Allí todavía sigue habiendo un barrio que conserva la construcción nativa, con las casas construidas de adobe, sin ventanas, pues así se evita que entren los malos espíritus; lo habitan gente puramente de allí. El conjunto le da un encanto especial a todo el pueblo. Además, visitamos el Castillo de Lamas, construido y habitado por un italiano, que deja visitar una parte de él para que puedas fotografiar sus rincones más bonitos. Este castillo es todo un universo paralelo a lo que se encuentra en este pueblo, te trasladas a un cuento medieval viviendo en un lujoso castillo construido sobre gigantes rocas, de techos detalladamente pintados, con una piscina cristalina abastecida por una gran fuente, grandes terrazas con las mejores vistas de los alrededores de Lamas…

Fascinadas por tanto encanto, seguimos visitando el pueblo comprobando que era de lo más tranquilo. Allí los ruidos de los coches y las motos escasean, la brisita del monte refresca, y las pizzas caseras al estilo argentino nos conquistaron. Seguimos conversando con nuestros amigos Jaime e Ivonne y planeando nuestras siguientes visitas. Andar por sus calles nos recordaba a pasear por la ordenada Chachapoyas.

A la mañana nos esperaba la catarata de Ahuashiyacu, ubicada en la zona de conservación regional Cordillera Escalera. Esta cascada de agua no era tan imponente como la pasada Gocta, pero el cañón que atraviesas hasta llegar a ella es tan verde que hipnotiza. Lástima que no lleváramos nuestros bikinis, porque aquí sí que nos podíamos haber bañado.

catarada de Ahuashiyacu

Después nos dirigimos a la fábrica de chocolate “Orquídea”, adonde llegamos tarde para la visita de la mañana. Así que decidimos ir a almorzar y regresar a la tarde para conocer los archivos secretos de la creación de este magnífico chocolate. Aparentemente no había ningún secreto, pero yo creo que ese chocolate está hechizado, porque nos enganchó en un solo segundo ¡¡vaya sabor!! Con media tienda de chocolate comprada, viajamos hasta Pacchilla, un pequeñico pueblo cercano también a Tarapoto.

fabrica chocolate

Chocolates

Aquí nuestros anfitriones tienen una pequeñita casa con inmenso jardín, lleno de frutales. Además nos enseñaron su chakra, donde sus grandes ideas les van a llevar a plantar árboles maderables, además de cítricos, cacao y todos los frutales que ya tienen plantados. A excepción de los mosquitos, era el pueblo perfecto. Pequeño, fresquito, sin ruido, con multitud de niños jugando por las calles al escondite, las gallinas en medio de la plaza y todos en las puertas de las casas saludando con sus grandes sonrisas. Desde su tranquila plaza contemplamos la inmensa y redonda luna llena, la segunda que nos acompaña en nuestra aventura por Perú.

tarapoto_pachilla

laguna azul

Descansamos bien profundo porque nos quedaba todavía por visitar la Laguna Azul de Sauce, una inmensa masa de agua en medio de grandes montañas. Su color es verdoso por toda la vegetación que le rodea. Dimos un paseo en bote con una parada en un pequeño sitio de recreo, donde había diferentes animales (curiosamente allí criados en cautividad) de la selva, como el ocelote y una anaconda, con los que Jhacob quiso hacerse fotos y disfrutar jugueteando, sobre todo con el tigrillo. Y es que, no os hemos presentado, pero Jhacob tan solo tiene 4 añitos, es un terremoto, y todo lo que implique jugar, le encanta. Teníais que ver cómo empujaba de fuerte y loco la hamaca en cuanto te tumbabas…. ¡¡ Es un pillo!!

Ocelote

Aquello era un auténtico paraíso, y como en casi todos los sitios que hemos ido visitando, no había muchos turistas, así que aquella laguna azul presidida por un volcán era nuestra.

Volvimos al alojamiento de la amiga de Ivonne, donde dejamos todas nuestras cosas, para almorzar. Allí nos estaban preparando el plato del día, Telapia a la hoja. Después, con el bikini ya puesto, cogimos una mototaxi para ir a una laguna de agua sulfurosa. Allí nos dimos unos baños de contraste de agua caliente y fría para abrir nuestros poros y activar la circulación. El siguiente paso fue embadurnarse con los barros de la laguna. Comenzando por los brazos y terminando por el pelo, nos untamos con aquel barro negro, rico en minerales, sano para la piel, para problemas de reúma, musculares…

baño de barro

Y allí estuvimos con Ivonne y su madre, embarradas, esperando a que se secara. Era muy cómico vernos, parecía que íbamos disfrazadas de conguitos. Y para culminar, nos trajeron un rico jugo de guanábana, uno de nuestros mejores descubrimientos acá en Perú. Además de ser deliciosa es sanísima para todo, y en especial para atacar a las células cancerosas. Así que además de cuidarnos por fuera, nos cuidábamos por dentro. ¡¡ Todo un lujo, vamos!!

Nos quitamos aquel negro barro en la laguna y finalizamos con una ducha, para volver relajadísimas a Tarapoto. Y cuando digo relajadísimas, es relajadísimas. Además de con la piel muy suave, volvíamos como flotando en las nubes. En casa nos esperaba Jaime, con el que conversamos sobre su vida en Tarapoto. Y es que Jaime es sevillano, aunque ya lleva por aquí 7 años.

Cansadas y muy relajadas, decidimos dar un paseo por la ciudad de Tarapoto y cómo no, ver y comprar alguna de sus artesanías. Son nuestra perdición estos mercados artesanales, pero es que encuentras auténticas preciosidades.

trapoto_tarapoto

Dormimos profundísimamente, estábamos tan relajadas… Eso sí, nos levantamos como nuevas, llenas de energía y con la piel tan suave como la de un bebé.

Pasamos la mañana en casa de nuestros magníficos anfitriones, que nos llevaron hasta el aeropuerto, donde nos despedimos. Sólo han pasado tres días, pero nos ha dado cosilla irnos, nos han tratado como si fuéramos sus sobrinas. Compartiendo con nosotras su casa, su vida, sus conocimientos y su tiempo. Ha sido un auténtico placer conocerlos y compartir tanto con ellos, en especial con Jhacob, el loquito terremoto incansable que nos ha hecho reír hasta tener agujetas. Sabemos que leerán esto, así que os mandamos un beso y un abrazo enorme.

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