Iris Rangil 13 Mar 2017

Sucre y su gente

Viniendo de las temperaturas medias/bajas de La Paz aterricé sobre el calor sucrense, hice las paces con el sol, y al llegar del aeropuerto al centro me encontré con un chico local, Ariel, que me ayudó a tomar el taxi hacia el hostal que había reservado.

Intercambiamos contactos y me invitó un día después a asistir a un evento local llamado “morenada” a las afueras de la ciudad, que fue, como mínimo, curioso para mí. La morenada es una danza regional típica de La Paz. Junto a uno de sus amigos, Ariel me recibió en el lugar de la fiesta y ambos me explicaron que en Bolivia existían diferentes fraternidades que preparaban las “entradas” (así se llama el evento que llevan a cabo) con grandes ensayos, acompañados de bailes y celebraciones.

Se preparaban para 4 grandes entradas al año: la del Carnaval de Oruro, venerando a la Virgen de Socavón, la del Gran Poder, en la Paz, para la celebración de la Virgen de la Porcopiña, en Cochabamba, y para la fiesta de la Virgen de Guadalupe, en Sucre, en el mes de Septiembre.

También me contaron que la mayor parte del dinero ahorrado durante un año por las personas que participaban, se destinaba a esta actividad, por lo que para ellos era muy importante.

En ese momento pensé que no era raro que lo fuese, ya que todos lo estaban pasando increíblemente bien. Había muchísima cerveza, estaban extremamente felices y aunque no supe cómo terminaría la noche, por el momento el baile estaba muy animado.

Yo decidí ser prudente y me retiré antes de que a alguien se le pudiese ir de las manos, quedándome con el buen recuerdo de haber conocido costumbres de otras culturas de la mano de alguien local.

Teniendo en cuenta esta experiencia, tuve una muy buena sensación general con Sucre. Sentí que me sonrió desde el comienzo y que se trataba de una ciudad que nadie debería perderse recorriendo Bolivia, sobre todo porque es interesante ver la diferencia de caracteres con gente de otras regiones en las que es más difícil franquear el hermetismo local.

Además es conocida como la ciudad blanca de Latinoamérica, y te sorprenderá comprobar que si sales de tu alojamiento con la cámara, no podrás parar de hacer fotos a la mayor parte de los edificios, ya que son parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad, de estilo colonial en su mayoría.

Te recomiendo que des un paseo por el Parque Bolívar un sábado o un domingo, donde los niños ocupan todo el espacio jugando y correteando con una sonrisa en la cara. Hay un puestecito de helado en una esquina del parque que casi siempre tiene una cola considerable, pero que vende unos helados riquísimos que todo el mundo saborea con el mayor de los gustos. ¡Y yo no iba a ser menos!

Me resultó muy curioso (y gracioso) encontrarme en el mismo día varias bodas alrededor de la ciudad, incluyendo dos en este parque, que tiene una reproducción pequeña de la torre Eiffel.

La cara de sufrimiento de la pareja mientras el fotógrafo les hacía posar en ese “pequeño extracto de París”, al mismo tiempo que un montón de gente alrededor les miraba y tomaba fotos con los móviles, me hizo reír un buen rato al recordar lo incómoda que yo me siento cuando alguien me tiene que hacer una foto, y más si hay alguien de público.

Me impresionó mucho la plaza 25 de Mayo por la belleza de todos los edificios que la rodean, y la pequeña plaza de la Libertad, que encontré a la hora del atardecer con un cielo azul añil que me hizo sentir muchísima paz. Creo que ese es el sentimiento que evoca el color blanco impregnando todo lo que puedes encontrar a tu alrededor en esta ciudad.

Otros lugares que no deberías perderte son el Castillo de la Glorieta, la Basílica de San Francisco de Charcas, el Museo ASUR, el claustro de San Felipe de Neri, el mirador de La Recoleta, y la Catedral Metropolitana.

Aparte de todos los monumentos y casas culturales que podrás descubrir en Sucre, a mí siempre me llaman la atención los espacios sociales, como los mercados.

Me gustó especialmente el Mercado de la ciudad, y es una visita obligada.

También es imprescindible llegar al mercado de Tarabuco, que sólo se celebra los domingos, pero tiene una oferta enorme y ofrece muchas oportunidades de comprar buenos productos a precios muy económicos. Se encuentra en la localidad de Tarabuco, a unos 70km de Sucre, y puedes llegar allí en autobús.

Por desgracia mi mochila no me permite cargar con demasiadas cosas y tengo auto-prohibido comprar cosas en este viaje, pero incluso si no puedes comprar nada, vale la pena visitarlo.

 

IMPRESCINDIBLES

Como recomendación de alojamiento, me encantó hospedarme en la Casa de Huéspedes Isabella, por la amabilidad de Cristina, la dueña, y toda su familia (además era baratísimo y estaba bien ubicado).

Cada vez tengo más claro que cuanto más familiares son los negocios, más agradable es ser cliente de los mismos.

Para almorzar, no os perdáis el restaurante vegetariano Cóndor. Dentro del propio espacio (que cuenta con terraza) tienen además una asociación de trekking y ofrecen otras actividades muy interesantes para hacer si os quedáis bastante tiempo en la ciudad. El precio del menú es de 25 bolivianos (muy barato para todo lo que incluye), y probarás comida local deliciosa con la mejor atención.

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