Iris Rangil 28 Dic 2016

En Santa Fe encontré el amor

Voy caminando, curiosa, mirando a todas partes, como siempre, con mi cámara en la mano. De repente se cruza.

Es una chica con el cabello morado y fucsia, caminando paralela a las paredes de colores, creando contrastes, transmitiendo fuerza y energía, escuchando música. La veo pasar y me quedo quieta. Dudo unos 30 segundos, incluso sigo caminando en dirección opuesta, llego a cruzar la siguiente calle alejándome, pero de repente algo me impulsa a girarme y correr detrás de ella diciendo: “¡Perdona, perdona!”

Se para, se quita los auriculares. Le explico que estoy escribiendo sobre Colombia y su gente y que ella me ha llamado mucho la atención, porque el leit motiv que sigo, gráficamente, es el color de Latinoamérica. Le pregunto si le importaría que le hiciese un retrato. Me dice que “le da pena”, pero al final me permite tomar la foto (si algo te da pena en Colombia quiere decir que te da vergüenza, la expresión se utiliza de manera diferente que en España).

Y gracias a mis arrebatos de fotógrafa psicópata persiguiendo a desconocidos/as por la calle, os puedo presentar a Génesis.

Sí, de verdad, ése es su nombre, y su esencia.

Santa fe

A veces me enredo mucho para justificar por qué abordo a la gente de esa manera, pero parece que a ella no le hace falta tanta explicación; me sonríe y no tiene ningún problema en que haya interrumpido su trayecto. La conversación no termina con el retrato. Seguimos hablando y me cuenta que se dirige a ensayar con su banda, Alxifor, y que al día siguiente ofrecen un concierto-tributo a Héroes del Silencio en un local de la ciudad.

– ¿Cómo? ¿A Héroes del Silencio? ¡Es mi grupo favorito! – Le cuento emocionada. No me puedo creer lo que está pasando, todas estas coincidencias que me voy encontrando en el camino me dejan tan feliz que le hablo sin poder quitarme la sonrisa de la cara.

– Venga al ensayo si quiere, – me responde ella – yo toco la batería.

(Tengo absoluta admiración hacia las mujeres percusionistas, porque es algo que no se ve demasiado en los grupos de música. De hecho aprender a tocar la batería es uno de los sueños de mi vida.)

Me voy con ella.  Le sigo hasta la Casa de la Cultura Julio Vives Guerra, un espacio agradable que brinda salas a los jóvenes para hacer música y desarrollar otras inquietudes culturales.

Santa Fe

Entro a su local y de momento sólo está Esteban (alias Stein), el guitarrista, esperando al resto del grupo.

guitarrista santa fe

Génesis le cuenta que nos hemos encontrado por la calle y que Héroes es mi banda favorita, empezamos a hablar los tres sobre la historia de mi viaje, me ayudan a encontrar palabras que no conocemos en España y me cuentan el significado de todas esas expresiones que no entiendo. Voy anotándolas en mi libretita. No paramos de reírnos. Se ha creado ya algún tipo de magia entre los tres y creo que nunca se va a marchar.

Les cuento que canto. Tocan mi canción favorita, “La Chispa Adecuada”, y me dejan el micrófono.

ensayo-santa-fe-antioquia

En medio del tema llega Mauricio, “el Bunbury” colombiano, y Cristian, el bajista.

Les confieso que en principio me iba a marchar esa misma tarde, pero Génesis me ofrece dormir en su casa, así que decido quedarme. Me llenan de tanto buen rollo (perdón por la expresión coloquial, pero no encuentro otra mejor), que opto por cambiar los planes del viaje y adaptarme a las historias del camino para asistir a ese concierto que ya no puedo perderme. Creo que encontrarles estaba escrito en mi destino.

Salgo de la Casa de la Cultura no sin antes prometerles que nos veremos esa misma noche. En Santa Fe hace tanto calor que busco una tiendita para comprar alguna prenda de vestir más ligera, y de nuevo las coincidencias me persiguen.

Me recibe Nuri, la dueña de la tienda, y me cuenta que me ha visto llamando a Génesis, unas horas antes; que ella estaba cruzando esa calle al mismo tiempo y ha visto la escena.

Su hija se presenta, es Andrea Arango, una artista del Reggaeton muy conocida en la ciudad. Me enseña sus vídeos en youtube, y me cuenta con ilusión su historia musical. Me encanta lo atrevida que es y lo orgullosa que está de lo que hace, sin que le importe lo más mínimo lo que piensen los demás. Siempre siento un poquito de envidia (sana) hacia la gente tan segura de sí misma.

Miguel, su hermano pequeño, también me da conversación mientras intento elegir un vestido que me quite el calor pegajoso que siento.

Salgo de la tienda sin haber encontrado nada que me sirva, pero con una nueva historia bonita en la mochila. Me dirijo al hospedaje para escribir, trabajar un poco y prepararme para dar una vuelta con los chicos por la noche.

Llega la hora de reunirnos de nuevo, y por fin conozco a Danny, el pianista, que esconde otra de esas coincidencias inverosímiles de mi viaje.

El día anterior, caminando por las calles de Santa Fe, me había encontrado con un mural increíble con retratos de Gabriel García Márquez y Manuel Mejía. No me podía imaginar que gracias a hablar a esa desconocida de cabello de colores fuese a encontrar al artista que estaba detrás de esas pinturas maravillosas. Sí, Danny era el autor.

Tras tomar estos retratos del mural junto al artista, me dirijo al bar Shots, uno de los locales con más ambiente de Santa Fe, y conozco a otros dos amigos de la banda. Acabo la noche de camino a mi hospedaje con 5 guardaespaldas. Aunque Santa Fe de Antioquia es una ciudad muy tranquila donde la gente tiene las puertas de sus casas abiertas, nunca está de más sentirse protegida.

Al día siguiente, mientras los demás preparan todo para el concierto, Julián e Isaías (esos dos amigos de los que os acabo de hablar) me ofrecen un mini tour privado contándome pequeños secretos de la ciudad y accediendo a ser mis modelos en una casa antigua impresionante reconvertida en pizzería.

Volvemos al bar y comienza el concierto. Sigue siendo increíble pensar que estoy en una ciudad tan pequeña de Colombia, como podría ser Soria, mi ciudad natal en España, donde todo el mundo se conoce, y que en este rinconcito del planeta un montón de conexiones han dado lugar a que pueda estar escuchando las canciones más bonitas del mundo, que fueron escritas a apenas 200 kilómetros del lugar donde nací. Las he vuelto a encontrar a miles de kilómetros de distancia. Y eso sólo puede llamarse magia.

Termina el concierto. Pasan las horas. Acabamos en la azotea de una de las casas de los chicos. Amanecemos. Amanece Santa Fe y algo extraño en mi latido.

Me he enamorado de Génesis y de la historia que nunca os podré contar. Por eso os confesaba al principio del post, que aparte de su nombre, esa palabra tiene que ver con su esencia. Ella es una heroína, es ese foco donde se concentra la fuerza y la lucha, una génesis de valentía para seguir sonriendo y para escoger el camino correcto, sin importar el contexto en el que se encuentre.

Me he enamorado de Danny y su arte, su sencillez y su honestidad.

Me he enamorado de Mauricio y la historia de su vida, otra demasiado dura como para no admirar su capacidad de seguir adelante.

Me he enamorado de la mirada de Esteban y de las melodías de su guitarra. De los abrazos de los que nunca me despegaría.

Me he enamorado de Isaías, un hombre increíblemente culto con el que he intercambiado conversaciones sobre feminismo. Le he escuchado criticando al patriarcado y al machismo, proclamándose feminista sabiendo de lo que habla y me he quedado maravillada.

¿Qué tipo de energía tiene esta ciudad que hace que me encuentre a gente tan increíble?

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