Gabriel Huete 07 Feb 2014

San Pedro y su buena onda

En las cercanías del coloso Licáncabur, el volcán protector del pueblo atacameño con sus 5.916 msnm, y enclavado en medio de un oasis formado por los rios Grande de San Pedro y Loa, se encuentra el pueblito de adobe de San Pedro de Atacama.

Cuentan sus ancestros que la palabra Atacama proviene del idioma Cunza “Accatchca” que significa Cabecera del País, y que con el tiempo fué sufriendo modificaciones hasta llegar a su actual pronunciación. San Pedro es, por supuesto, su santo patrón.

El núcleo central del pueblo de San Pedro se estructura en torno a la Plaza de Armas, que es sin duda uno de los principales atractivos y el corazón de la capital arqueológica de Chile.

Bajo la refrescante sombra de sus enormes pimientos o molles se encuentra durante todo el día a una representación de la diversidad de habitantes que confluyen en éste pintoresco rincón del mundo. Aquí, además de la población local que es la más discreta y la que más desapercibida pasa, he visto a hippies, rastafarians, góticos, rockeros, mochileros de todas las razas y colores, turistas de la tercera edad, malabaristas, músicos callejeros, vendedores de pociones de hierbas del desierto con todo tipo de propiedades, busca OVNIs, observadores de estrellas, y un sin fin de personajes, incluido yo mismo, todos atraídos por la magia de éste oasis en medio del desierto más seco del mundo.

Junto a la plaza y toda su fauna se levanta la pequeña iglesia de San Pedro. Nadie parece conocer su fecha de construcción, sin embargo si se sabe que ya en 1641 funcionaba como parroquia. Para su construcción se utilizó adobe mezclado con paja y encalado en sus paredes y madera de Chañar y Algarrobo, paja y barro en sus techos, los cuales fueron revestidos con madera de cactus. Declarada Monumento Nacional en 1951, se encuentra en un más que pobre estado de conservación, y dentro del templo se leen carteles en español e inglés pidiendo la colaboración de los visitantes para su restauración y conservación.

Frente a la plaza está la Municipalidad, Carabineros, el edificio de Correos y el Museo Arqueológico del Padre Le Paige, jesuita que en 1955 llega a San Pedro para hacerse cargo de la parroquia y acaba además realizando el más profundo y detallado estudio antropológico de la cultura Likan-Antay o atacameña. El museo recibe en 1958 el apoyo de la Universidad Católica del Norte, la cual se ha encargado hasta el día de hoy de su conservación y contínua investigación, tras la muerte del padre Le Paige en 1980. Actualmente se puede ver una exposición de la evolución que experimentaron los pueblos atacameños a lo largo de su historia, y cómo fueron influenciados por las culturas de Tiawanaku, Inca y Española. Con más de 380.000 piezas, se puede ver cerámica, vestimenta, grabados, distintos artefactos de uso cotidiano y un pequeño tesoro de piezas y vasos de oro.

El resto del casco histórico de San Pedro de Atacama conserva todavía la estructura y construcción heredada de la colonia española, antiguas casas pareadas de una sola altura con patios interiores, construidas en adobe con techos de paja y barro. Sus callejuelas de tierra han sido tratadas con vichufita, una sal de magnesio procedente del salar de Atacama utilizada como supresor de polvo que permite conservar la estética original del pueblo evitando el pavimento de hormigón.

Su calle principal es “Caracoles”, y debe su nombre a que antiguamente desde éste punto partian grupos de mineros a trabajar en la mina de plata Caracoles, descubierta por Díaz Gana en 1870.

Caracoles es peatonal y en ella se agrupan la mayoría de los comercios de San Pedro: dos farmacias, varias tiendas pequeñas de ultramarinos, el peluquero, el banco y multitud de tiendecitas de baratijas para turistas, restaurantes de comida de la región donde el plato estrella es la carne de llama y las consabidas agencias de turismo que intentan cazar “a lazo” a los transeuntes de Caracoles y que ofrecen todas los mismos tours, con los mismos precios y los mismos descuentos.

Entre las atracciones que se pueden hacer en San Pedro y alrededores yo me decidí por visitar las lagunas altiplánicas, los valles de la muerte y de la luna, las ruinas preincaicas de Pukara de Quitor y el museo arqueológico, pero hay otras muchas más como: hacer sandboard en el valle de la muerte, el salar de Tara, las termas de Puritana, la laguna Céjar, los Geyser del Tatio y la laguna Chaxia, un tour astronómico, el valle del Arcoiris…

Todos estos tours son bastante caros, están apretados en tiempo y tienen mucha gente, con lo cual hay que convertirse en el perfecto turista y estar dispuesto a andar subiendo y bajando del autobús para hacerse la foto mientras te das de codazos por conseguir una toma donde no aparezca nadie más.

Mi consejo es alquilar un vehículo y hacer los recorridos por tu cuenta y a tu ritmo sin que nadie te meta prisa, y mi cálculo es que ya sale más barato si el coche se alquila entre dos o más. A lo que hay que añadir la sensación de aventura al conducir un todo terreno por el desierto de Atacama.

Fuera de ésto, los paisajes son absolutamente impresionantes, realmente parece que estés en otro planeta y me siento privilegiado por poder estar aquí y hacer lo que hago.

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