Claudia Rodriguez 20 Ene 2017

El sabor único de Sudamérica

La despedida de Sudamérica tuvo el sabor amargo de esa tristeza que te deja acabar una preciosa aventura atrás, pero, sobre todo, el dulce sabor de haberla exprimido al máximo.

Es imposible describir Sudamérica con una sola palabra, como lo es también con un solo sabor. Necesitaría mucho más que 5 meses para saborear este continente mágico al que vine con un billete de “solo ida”.

Ácido. Aterricé en Perú escéptica, creyendo que era imposible encajar en más partes del mundo. Sin ningún escalofrío, un paseo por el barrio de Miraflores y su malecón en Lima fue suficiente para notar el calor de un pueblo orgulloso de su país.

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Es sencillo hacerse a Sudamérica. Enseguida me metí en la vorágine de un viaje que me llevó hasta el la frontera con Bolivia. Parece que engullí aquellos días en islas Ballestas, las líneas de Nazca, el oasis de Huacachina, el Valle del Colca y la ciudad blanca de Arequipa. Ávida de más, continué hacia el Titicaca, un lago tan famoso como magnético, pues pasé más de 10 días paladeándolo.

Allí, disfruté de una primavera menos fría gracias a los contundentes menús bolivianos y peruanos. Las sopas de quinoa y las sonrisas de su gente fueron mi alimento. El contrapunto a la rica acidez del ceviche fue el dulce despertar en Machu Picchu, una de las maravillas del mundo, uno de los ejemplos más claros de que el ser humano es posible de todo.

Continuando hacia el norte, es posible saborear la cultura moche en Trujillo y Chiclayo, respirar el aire limpio en Huaraz o refrescarte en las playas de Máncora y Piura. Dulce locura, Perú sacia las ganas de mundo hasta al más viajado.

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Salado. Me dirigí al norte. Al pasar la frontera con Ecuador se sucedían infinitas plantaciones de bananeros. No tardé en hacerme al carácter ecuatoriano más abierto, alegre y picarón que el de sus vecinos del sur.

Con tan solo un vuelo de LATAM Airlines desde Guayaquil hasta Baltra, mi paladar empezó a disfrutar como nunca de lo salado. Además, Galápagos fue la guinda, lo más dulce de Destino Sudamérica. Las Islas Encantadas se quedaron con el trozo más grande de mi corazón y solo pienso en volver a recuperarlo cuanto antes.

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Amargo. Continué mi viaje por Ecuador con el amargor del cacao de las haciendas cacaoteras de Guayas y de la Amazonía. Calenté mi paladar en las tardes frescas en Cuenca con un morocho calentito y lo calmé del efecto de los vientos helados en el cráter del Quilotoa con un canelazo.

En Quito terminé de darme cuenta de no debería haber visitado Ecuador, desde ese momento supe que Sudamérica me había atrapado.

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Dulce. Desde Paraty, inicié una ruta de dos meses por Brasil. De sur a norte, desde sus ciudades más pobladas hasta los poblados del Amazonas, sucumbí a Brasil rápidamente.

El clima tropical reinó la mayor parte de mi travesía y con él vinieron las frutas. De todos los colores, mi paladar disfrutaba de ellas e intentaba guardar para siempre el inconfundible sabor del açaí.

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Brasil fue la dulce luna de miel de un idilio con una Sudamérica de todos los sabores. Muchas gracias LATAM Airlines por haber hecho posible una de las grandes aventuras de mi vida, Destino Sudamérica no acaba aquí, pues ya estoy planeando la manera de volver de nuevo a sus brazos.

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Un comentario en
“El sabor único de Sudamérica”

  1. Alfredo

    Esa es una de tus cualidades, ser capaz de saborear todos los matices y gustos de los lugares que visitas. Otra de tus grandes cualidades es tu gusto escribiendo que nos lleva contigo a vivir desde la distancia tus viajes. Este post es un claro ejemplo.
    Buen viaje para tu futuro y aquí estaremos expectantes.
    Besosssss

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