Gabriel Huete 15 Ene 2014

Reorganizarse

Hoy vuelve a ser uno de esos días en mi rutina viajera que me tomo libre para reorganizarme, descansar, hacer todo lo que he ido dejando apartado por ser menos importante y prepararme para la siguiente etapa del viaje.

Mi tiempo en esta parte de la Patagonia ha llegado a su fin. He visitado las zonas y parques nacionales que quería ver, y aunque si tuviera más tiempo me quedaría por aquí un buen rato más, todavía me queda mucho Sur al que viajar y es hora de ponerse en marcha.

La próxima etapa del viaje es otro sueño de toda una vida:

Hay una antigua tradición marinera que cuenta que aquel marino que navegue por los tres pasos más peligrosos del planeta – el Cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica, el Cabo Leeuwin en el Oeste de Australia y el Cabo de Hornos, en el extremo más Austral de América del Sur- y viva para contarlo, tiene derecho a tres prerrogativas: a llevar tres anillos en su oreja, a permanecer de pie y no descubrirse la cabeza ante ningún rey, y a orinar contra el viento sin que nadie le tache de nada.

Pues bien, en la próxima etapa de mi viaje quiero descender tan al Sur como me sea posible, y visitar El Estrecho de Magallanes, descubierto durante la expedición de Magallanes y Elcano en el mes de Noviembre de 1520.

Más al sur el Canal del Beagle, descubierto en 1830 por el capitán inglés Phillip Parker King, y nombrado en honor a su barco el HMS Beagle, en cuyo segundo viaje a la zona tres años más tarde llevaría a bordo hasta las Islas Galápagos a quien, con el tiempo, se convertiría en el más famoso naturalista de la historia: Charles Darwin.

Y aún más al sur, quiero ver si llego por lo menos a ver el mítico Cabo de Hornos, el verdadero “Finis Terrae Australis”, y si la suerte me acompaña, navegarlo y colocarme mi primer anillo.

Mañana a las 03:00 de la mañana comienzo mi periplo con un viaje en autobús de 21 horas hasta Ushuaia. Atravesaré dos veces la frontera argentina y dos veces la chilena, haré dos cruces de fiordos en transbordador y un cambio de autobús en Río Gallegos, para llegar a Ushuaia a las 22:00 del día siguiente después de recorrer sólo 564km, aunque muchos de ellos por carreteras de tierra.

Fiel a mi tradición y estilo de planear todo lo menos posible y confiar en la improvisación y en mi hado personal (también llamado fatum, sino, destino, karma o el poder sobrenatural, inevitable e ineludible que, según se cree, guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido de forma necesaria y fatal), hoy me las he visto canutas buscando por Internet alojamiento de última hora en Ushuaia, y al final no he encontrado nada. Está todo ocupado desde hace tiempo, así que voy a ver cómo me las arreglo. Por lo tanto, si algún día planeáis visitar Ushuaia y no queréis confiar en vuestro sino, aseguraos reservar una cama con semanas de antelación ya que el lugar, dado lo pequeño que es y el interés que despierta por estar donde está, se queda sin posibilidades de alojamiento muy rápido.

Mi día ha pasado entre lavandería, emails, alguna llamada de teléfono y pequeñas compras para el nuevo viaje. Ahora enviaré esta entrada al blog y me iré a descansar un par de horas antes de la paliza de autobuses que me espera.

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