Iris Rangil 13 Mar 2017

Potosí del recuerdo

Bienvenidos a Potosí, una ciudad con historia mundial que para muchos nunca llegará a significar nada. Hoy os cuento por qué no debería ser así.

Llego a esta ciudad con un sentimiento especial en el cuerpo, no sólo porque llegar en el trufi (taxi compartido con un precio similar a los autobuses, en este caso 50 bolivianos) desde Sucre ha sido toda una aventura, sino porque mi hermana estuvo aquí hace unos 6 años, colaborando con la organización de Arquitectos sin Fronteras en Bolivia y en especial en esta zona del país.

Mi recuerdo de aquella época es que no me interesaba demasiado el tema de los viajes (creo que era una adolescente apática) y no sabía muy bien lo que estaba haciendo aquí ella, sólo me enteré de que se le hincharon las mejillas por la mezcla del mal de altura y un dolor de muelas. Y sé que también trajo fotografías increíbles que me mostró de los lugares en los que trabajó. En ese momento ya me atraía mucho la fotografía y fue precisamente mi hermana la que hizo crecer ese interés en mí.

Pero ahora soy diferente y por suerte no sólo me interesa estar detrás de una cámara. Viajar me apasiona porque me apasiona la vida y en aquella época era muy inmadura y no tenía interés por casi ningún tema. Ahora siento que estoy a miles de kilómetros de mi hermana pero en el mismo lugar y más cerca de ser la persona que quiero llegar a ser; y esa persona es sin duda, alguien similar a ella.

Con este pensamiento miro a través de la ventanilla del taxi y veo escenas complicadas de la vida cotidiana de la gente en Potosí, hogares básicos, infraestructuras simples. No sé exactamente lo que me espera aquí, pero he leído un poquito sobre la historia de la ciudad en el libro de Eduardo Galeano, “Las venas abiertas de América Latina”. Eso hace que llegue con un respeto extra a esta tierra que un día fue de las más poderosas y ricas del mundo y que pasó a ser algo completamente diferente.

Mucha gente cree que la historia de Potosí comenzó con la llegada de los españoles, pero no fue así. Mucho antes, Huayna Cápac, emperador de Cuzco procedente de la cultura inca, ya conocía la existencia del Cerro Rico y cuando a causa de una enfermedad visitó las termas de Tarapaya, se dio cuenta de que existían preciados metales que él mismo mandó explotar, ya que en estos momentos el territorio pertenecía a Perú.

Cuando sus vasallos estaban a punto de comenzar a abrir las vetas llenas de plata del Cerro, se oyó un estruendo que hizo estremecer a todo el mundo que se encontraba en el lugar y tras ello, la leyenda cuenta que se oyó también una voz diciendo: “no saquéis la plata de este Cerro, porque es para otros dueños”. Así, los mineros regresaron a hablar con el emperador y le describieron en su idioma ese ruido inmenso que se escuchó, definiéndolo como un “Potocsi” (la traducción de la palabra estruendo). De ahí derivó el nombre de la ciudad.

Don Antonio de Acosta en la Historia de Potosí le da otra etimología, añadiendo que no se llamó Potocsi tan sólo por este motivo, sino que también se descubrió que al Cerro lo nombraron los indios Orcco Poctocchi, que significa “cerro que brota plata”. Este autor menciona que antes de que el rey Huayna Cápac llegase, los indios llamaban al Cerro Súmac Orcco, que significa hermoso cerro.

Por este motivo descrito en la leyenda, todo el oro y la plata que los incas extraían de las minas no era para comerciar sino para dedicar a los dioses los adornos que creaban con estos materiales, como muestra de su adoración. Por supuesto, esto cambió cuando los españoles llegaron y comenzaron a lucrarse con la extracción.

Después de años de explotación, en 1.560 la población que creció junto a la mina, tenía más de 50.000 habitantes y se convirtió en una de las ciudades más importantes del mundo, aportando a la economía del planeta más de un 50% de toda la explotación argentífera.

Paradójicamente, esta ciudad pasó a ser una de las más pobres del continente y desafortunadamente, visitar Potosí significa no sólo maravillarse con todos sus encantos, sino que también hace entender de primera mano cómo el mundo y la sociedad se ha ido desenvolviendo, y en especial, cómo se ha hecho tan desigual: haciendo muy ricos a unos y en consecuencia, muy pobres a otros.

Aún así, el lema turístico de la ciudad es “Más que historia” haciendo referencia a la percepción de los viajeros que visitan actualmente este destino, quienes suelen describir que esta es una visita obligada si pasas por Bolivia, y que a cada paso que dan, se puede descubrir algo interesante, como me ocurrió a mí al estar aquí.

Me alojé en el Hostal La Casona Potosí, que cuenta con un lindo estilo colonial. Recorriendo las calles, sintiendo la alegría de la gente y me doy cuenta de que esta ciudad no es sólo el Cerro Rico y el Museo de la Casa Nacional de la Moneda (aunque os recomiendo la visita a ésta también), sino que todo Potosí es un museo vivo.

Camino mientras oscurece y me encuentro con el teatro Modesto Omiste. Entro tímidamente sin estar segura si puedo hacerlo, y los vendedores que hay cerca de la puerta y que ofrecen palomitas y otros snacks me invitan a pasar.

Allí me encuentro con una función que me hace emocionarme. Una obra de teatro de mujeres fuertes, dirigida a todos. Tratando temas importantes. Luchando contra el machismo. Que una función como ésta llegue a un lugar como Potosí me parece un gran paso.

 

Salgo del teatro después de quedarme con el contacto de las actrices, que han estado maravillosas. Bolivia se está ganando mi corazón poquito a poco, de una manera profunda.

Al día siguiente me dirijo al Cerro Rico a vivir la experiencia de estar en la mina, de hablar con los trabajadores, de escuchar a Óscar, ex minero, contarnos todo lo que ha sido su vida desde que comenzó a trabajar bajo tierra.

Muchos de los compañeros de la experiencia sienten agobio en la oscuridad, sienten miedo al escuchar a los mineros corriendo detrás de nosotros con vagones llenos de material que pesa toneladas. De nuevo me encuentro con un choque de realidad en este país, que no para de enseñarme cosas.

Me marcho de Potosí rumbo a uno de los destinos principales de este viaje: Uyuni y la expedición al salar y los desiertos que me harán llegar al desierto de Atacama, en Chile.

No puedo esperar para vivir esa próxima aventura, pero a Potosí me lo llevo en el pecho, bien presente.

 

Recomendaciones:

Visita Koala Café. Es un restaurante con opciones vegetarianas y no vegetarianas, con platos increíbles (justo en frente de la Casa Nacional de la Moneda), y un menú diario a buen precio donde podrás comer una cantidad abundante y muy muy rica.

La agencia a la izquierda del restaurante, con el mismo nombre, organiza el tour que yo hice a las minas del Cerro Rico y creo que es importante hacer este tipo de visita junto a alguien que haya sido ex minero, así que antes de contratar cualquier excursión, asegúrate de preguntar a quien lo organiza si la persona que te guía ha trabajado en el Cerro, ya que algunos folletos mienten.

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