Curro Prieto 15 Dic 2016

Mi playlist a través de Río de Janeiro

¿Nunca os ha pasado? Sacáis el móvil y conectáis los auriculares. Play. La vida real ya no es tan real. La música no se ve y sin embargo es puro color, en ocasiones hay verdades más visibles en ella que en nuestra propia realidad. ¿Quieres venirte a Río conmigo? Lo tienes fácil. Acompáñame canción a canción y disfruta de mi experiencia en una de las ciudades más hermosas del mundo.

Sigue mi playlist #destinosudamerica en Spotify y escúchala mientras lees. Pasa las canciones conforme vayan apareciendo en la historia.

Simplemente quería hacer esto un poco distinto así que, ¿por qué no nos vamos con la música a otra parte?

Sí, a otra parte. Otro lugar no muy lejos de Recreio dos Bandeirantes, el pueblo donde me alojé en mi primera semana en el país. Subí a un taxi y empezó a sonar Sweet Honey de Slightly Stoopid, bajé la ventanilla del copiloto y observé como avanzábamos paralelos a la costanera, playa a playa, palmera a palmera. Nuestro destino era Copacabana, una de las playas más famosas del mundo y por supuesto, la más concurrida de Brasil.

Era por la tarde y llegué al Cabanacopa Hostel. Una de las recepcionistas puso un tema, era Games de Chex. Después de una semana de relax total me gustó comprobar que aquello parecía más un bar que un hostel. Había movimiento. Las mesas se encontraban repartidas de forma anárquica a lo largo de la sala y la gente charlaba en voz alta con las cervezas pegadas a sus manos como si de oro se tratase. Tras un breve vistazo y una sonrisa de satisfacción fui a dejar las cosas en mi habitación y me dispuse a empezar a ganarme la ciudad. Comenzaba a oscurecer así que pregunté a unos chicos que parecían tramar algo en la puerta. ¿Cómo? ¿Esta noche se sale? La canción cambió. Había llegado al corazón de Río y aquello se estaba animando. So Good de B.o.B. Esperad, me pongo la camisa y vengo. ¡Ponme una Atlántica!

Al día siguiente desperté en mi cama un tanto atolondrado pero lleno de buenos recuerdos. Las luces de Lapa convertían todas esas memorias en un sueño muy real. Cada noche, bajo los arcos más famosos de Río suceden las fiestas más locas de la ciudad y yo ya había aportado mi granito de arena en la velada anterior. El acueducto podía estar orgulloso. Era hora de darse una buena ducha. Suena Heaven de The Walkmen.

Salí a la calle, las nubes me saludaron y yo puse rumbo a un clásico, el Cristo del Corcovado. Visitar Río de Janeiro es una actividad tan extensa como la palabra viaje en sí, hay miles de lugares por conocer totalmente distintos entre ellos. Aquella mañana decidí seguir el guión. Un autobús se abrió paso entre la ingente cantidad de tráfico hasta el lugar donde se erige el monumento, el pedestal desde el que una de las ocho maravillas del mundo custodia la ciudad maravillosa. El Cristo se levantaba ante mí, treinta metros de piedra en vertical y unas vistas increíbles. La gente se aglutinaba para conseguir la instantánea perfecta y algunos pocos fieles rezaban en la capilla bajo el monumento. Yo encendí una vela y pedí un deseo. Tras pasear un buen rato por el estrecho recinto buscando el ángulo idóneo para mi foto decidí irme al bar de abajo, eran las doce de la mañana y una cerveza fría paliaría el calor del ambiente. Desde allí se veía toda la ciudad y la gran estatua me hacía sombra. De repente la radio del local me dio una alegría, sonaba Boa Sorte/Good Luck de Vanessa Da Mata y Ben Harper. Miré a mi alrededor tratando de retener aquella imagen, sabía que regresar no me sería fácil y tenía esa sensación de despedida ante la que uno no se acaba de inmunizar nunca. Di un último paseo pensando mucho en cuando hace meses veía incrédulo las imágenes aéreas de aquel lugar ¿Yo voy a llegar hasta ahí? Traté de valorar de igual manera el presente que el pasado aún sabiendo que por mucho que nos empeñemos, nada se cuida y se añora como un buen recuerdo. Por eso, para luchar contra mi propia naturaleza, hay momentos que necesito parar y darme cuenta de que no estoy soñando. Las dos de la tarde. Se había hecho la hora de moverse, eché un último vistazo mirando atrás desde la escalera de bajada y acto seguido le di la espalda al Cristo, tocaba conocer el Pan de Azúcar.

foto-cristofoto-gente-amontonada

Unos típicos rebozados brasileños conocidos como Salgados do frango me acompañaron hasta el teleférico. Fui degustando uno a uno mientras miraba por la ventana del autobús, calle a calle, Estrada das Paneiras, Túnel Antonio Rebouças, Avenida Pasteur y Urca. Bajé del vehículo y comenzó a sonar Orange Sky de Alexy Murdoch a través de mis auriculares. Aquella tarde iba a presenciar uno de los atardeceres más especiales del viaje y seguramente de toda mi vida. Ascendí bajo los cables del bondinho y llegué a la primera parada, caminé hasta la otra punta del morro de Urca y avisté ya más de cerca mi objetivo. El sol comenzó a enrojecer. Llegué al segundo cable y desde allí al punto más alto al que ascendería. Estaba sobre el Pan de Azúcar.

foto-cigiendo-el-pan-de-azucar

Cuando comencé a descubrir la cima de aquella enorme y famosa piedra me quedé muy sorprendido, era mucho más grande de lo que me imaginaba, había incluso un pequeño bosque en las alturas donde los micos danzaban a sus anchas por entre los árboles acercándose a veces para observar al intruso, temerosos, curiosos. Unas escaleras me condujeron a un saliente desde donde podía ver el Cristo que había visitado aquella misma mañana. De repente cobró sentido la canción que seguía sonando, el cielo estaba completamente naranja y bañaba todo lo que salía a su encuentro: la mar dentro del basto océano Atlántico, las casas sobre los cerros, los chiringuitos iluminados ya a lo largo de la costanera, los barcos en el puerto y la multitud en las enormes playas. También a mi y a todas las personas que contemplábamos en directo aquella estampa. Esos momentos son por los que soñaba con viajar, todo se detiene, ningún problema existe, la fugacidad del fuego escondiéndose tras las montañas hipnotiza y sana. Estábamos en lo mejor, entonces, muy poco a poco, el naranja se convirtió en negro y se acabó aquel día.

foto-mirador-pan-de-azucarfoto-atardecer

Sonó el despertador. ¡El desayuno acababa a las diez! Bajé corriendo por las escaleras del hostel. Habían pasado ya unos días desde el atardecer en el Pan de Azúcar y el miércoles ya estaba allí. Aquel día tocaba conocer la Piedra del Telégrafo y las Cataratas de Piedra Blanca. Conecté el altavoz mientras me cambiaba. Aleatorio. That Shining Light de Belvés*. Unos chicos del hostel se apuntaron a la expedición y pronto todos estábamos camino del primer destino hasta el cual llegaríamos después de un trayecto en bus y una pequeña caminata de media hora. Cuando llegamos a la piedra quedamos encantados, la ceja de selva daba paso a una vista sobrecogedora de la Barra de Guaritiva, una enorme curva costera que se perdía de vista en el horizonte, estábamos tan alto que de verdad parecía que el ser humano no había llegado hasta ese punto de la tierra. La piedra de telégrafo es conocida por las temerarias, y por supuesto trucadas fotos, que miles de personas han subido últimamente a las redes sociales fingiendo estar ante un enorme vacío. La verdad es que es divertido ver como los turistas se esfuerzan por mantenerse agarrados a la piedra durante los tres segundos necesarios para salir sonrientes en las fotos. Yo por supuesto tenía que tener esa pieza en mi galería.

foto-vista-guaritivafoto-grupo-piedrailustracion-piedra-telegrafofoto-dabbingDespués de aquello nos dirigimos a las cataratas de Piedra Blanca. Que buena excursión. Otro pequeño trayecto en bus nos dejo en un pueblo cercano desde el que empezamos a andar. El aleatorio sigue sorprendiéndome y suena un clásico que me hace recordar algunos otros momentos de mi vida reciente en los que, junto a dos de mis hermanos, me ilusioné con viajar, Step Out de José Gonzalez. Esta caminata aunque no fue un trekking de gran nivel me acabó agotando por lo húmedo del entorno y el desnivel de las cuestas. Los caminos de tierra se abrían paso entre la maleza hasta que después de muchos pasos gastados llegamos a las cataratas. Era un minúsculo claro en el bosque donde se habían formado por el paso de los años una especie de toboganes naturales en los cuales estuvimos jugando durante un buen rato. Las rocas se disponían de forma aleatoria a lo largo del lugar y el sol las mantenía bien calientes, era un placer tumbarse a tomar el sol en ellas. Comimos unos bocadillos mientras regresábamos sobre nuestros pasos. Volvíamos a casa.

foto-catarata

Patrick Park dijo en su canción Life is a song que “Tal vez la vida sea una canción pero tengas miedo de cantar acompañado, hasta el final de los días”. Cuando llegué al hostal salí a ver el final de la tarde en la playa. Copacabana estaba tranquila y yo me senté a escuchar música por un oído y el ambiente de la calle por el otro. No sé si la vida será como una canción, lo que tengo claro es que la música alegra la vida de muchas personas y es por eso que merecía un pequeño espacio en este blog, porque sin ella nada habría sido lo mismo. Sentarse a dibujar, las incontables horas de vuelos, las jornadas enteras en autobuses de todos los colores y sabores, los momentos tranquilos frente al mar. La música, personalmente, me ayuda a pensar y a crear y por eso hoy le rindo homenaje a todo aquel artista que sin saberlo me haya acompañado con su canción.

Si vosotros queréis formar parte de esto y ayudarme a conocer nuevas canciones podéis seguir mi lista colaborativa #destinosudamerica y añadir lo que queráis para que todos podamos disfrutarlo, ¡adelante!

ilustracion-rio-music

Muchas gracias y Forever Young.

 

*Agradecer especialmente al grupo Belvés que cedió alguna de sus canciones para que pudiera ambientar mis videos de la mejor manera posible, estoy convencido de que sin vosotros esas piezas audiovisuales no tendrían ni la mitad de gracia de la que puedan tener. Muchas gracias de verdad.

Share on Facebook   Tweet about this on Twitter   Share on Google+0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*