Iris Rangil 30 Ene 2017

Perdida en la Ciudad Perdida.

6am. Sonó el despertador. Estábamos en el hostal La Villana, en Santa Marta, y apenas había pasado la noche en la ciudad, así que no me había dado tiempo de conocer mucho. Digo “estábamos” porque me acababa de reencontrar con Johan, un chico que había vivido la mayor parte de su vida en Londres, pero que nació en Cali, y diez años después de dejar sus raíces en Colombia, había regresado para reencontrarse con su esencia latina y con parte de su familia.

La ciudad perdida en Santa marta

Tuve la suerte de encontrarlo en la sala común del hostal Purple Monkey en Medellín, cuando esperaba su taxi para ir al aeropuerto y volar hacia Santa Marta. Casualmente escuché una conversación suya por teléfono antes de marcharse (bueno, casualmente no, en realidad soy una cotilla), y le oí decir que había estado en un pueblito mágico donde no había apenas turistas, así que me atreví a preguntarle cuál era aquel lugar cuando colgó, y charló conmigo durante dos minutos. Uno lo usó para decirme el nombre del pueblo (que es Jardín y que guardo en la recámara para visitarlo cuando vuelva a Antioquia) y el otro para contarme sus próximos planes. Me dijo que al día siguiente comenzaría el trekking de 5 días a la Ciudad Perdida y le dije que si podía, le seguiría.

Para mí lo mejor de viajar es cometer este tipo de decisiones rápidas que pueden cambiar el rumbo de todo, dejarse llevar por el instinto y los arrebatos al conocer a las personas, sobre todo si te transmiten energía y positividad.

Compré un billete de avión a Santa Marta para el día siguiente y él retrasó 24 horas la salida de su expedición para poder comenzar juntos el trekking. Gracias a que Expotur no nos puso ningún problema, pudimos iniciar la aventura al mismo tiempo.

Como decía al comienzo del post, me desperté nerviosa, y cuando estoy nerviosa, me vuelvo torpe. Todavía faltaban 3 horas para la salida prevista (que era a las 9 en la oficina de los organizadores) y aún así sentía que no tenía todo preparado. Llegué estresada al punto de encuentro, sentía que no había hecho bien la mochila, que llevaba demasiadas cosas pero no las adecuadas. Creo que se trataba simplemente de mi histeria común antes de hacer cosas que me emocionan. Al final llevé demasiado peso, pero no me sobró nada.

En la oficina, nos presentaron al que sería nuestro guía durante toda la experiencia: su nombre era Aris, y aparte de guía se convertiría en mi mayor compañía (y salvación en algunos momentos) durante la intensa aventura, ya que mis rodillas dijeron basta en un momento de bajada intensa y acabé la expedición con ambas articulaciones vendadas y cubiertas de pomada.

Guía

Después de un recorrido en 4×4 hasta el sector de la Gallera, que era el lugar de intercambio donde los Tayrona negociaban con carne y hoja de coca a cambio de caracoles de mar, pescado y sal con los indígenas de la parte baja de la montaña y de la playa, como por ejemplo, los Tagangas, comenzamos el camino a pie.

 

Ciudad perdida - Santa marta

 

Éramos un grupo de unas 15 personas, todos de diferentes países, y teníamos muchísimas ganas, así que disfrutamos de una convivencia genial tratando de ayudarnos los unos a los otros durante el camino, que como comentaba antes, no fue sencillo de recorrer.

Ciudad perdida Santa Marta

Aunque la voluntad iba disminuyendo teniendo en cuenta los diluvios diurnos y sobre todo nocturnos, que nos mantenían en vela pensando si podríamos ascender y descender durante los más de 10 kilómetros que caminábamos cada día por terrenos escarpados, fue una experiencia que no cambiaría por nada del mundo. Fueron cinco días bastante duros pero, sin duda, mereció la pena.

Ciudad Perdida

Atravesamos bosques llenos de fauna y flora, puentes colgantes, montañas y cascadas hasta llegar a una selva tropical dueña de las ruinas del gran imperio Tayrona, caracterizadas por una mezcla entre naturaleza, civilización e increíble arquitectura en piedra.

Ciudad Perdida Colombia

Aris nos contó que el resto de tribus tenían que purificarse para subir más arriba de la parte de la Gallera, ya que los Tayrona eran muy espirituales y creían que podían ser infectados o maldecidos si dejaban entrar a grupos diferentes dentro de su territorio (y de hecho esto se convirtió en una realidad cuando los españoles invadieron sus tierras y violaron a sus mujeres, transmitiendo enfermedades venéreas que acabaron por terminar con el pueblo).

Yo misma comprobé la espiritualidad de las tribus que todavía habitan estas zonas, sucesoras de los Tayrona, (Koguis, Kankuamos, Wiwas y Arhuacos) cuando me encontré a Luis y Vicente, de los Wiwas, y me concedieron una pequeña entrevista para conocer más sus tradiciones.

Ciudad perdida

Los Tayrona también tenían la peculiaridad funeraria de celebrar dos entierros, el primero fuera de la vivienda, con sus cuerpos, y con una hilada de cabello atado a un pelo de sus cabezas. Cuando el pelo se partía, significaba para las familias que el camino al otro mundo había comenzado, y entonces trasladaban el cuerpo, en el segundo entierro, hacia el interior de la casa, que era abandonada por el resto de familiares para que la madre tierra (la Pachamama) consumiese todo.

Entierro Poporo

 

Sobre su cultura y sus tradiciones podría hablarte durante horas, ya que gracias a este tour de 5 días aprendí muchísimo, pero prefiero dejarte algo de intriga para cuando decidas llegar a Santa Marta, y pruebes esta experiencia que es llegar a Teyuna. Como colofón, me despido contándote la pregunta que se les hacía a las personas que previsiblemente iban a morir en la época de los Tayrona: “¿Dónde quieres vivir cuando mueras?”

Yo, desde mi extraña espiritualidad, te reto a que te preguntes: “¿Dónde quieres vivir cuando vivas?”

Y simplemente hazlo. Vive. Viaja. Trasládate a donde quieras vivir y al “cómo” quieras vivir. Hazlo de una vez. Sólo por si acaso, aunque me parezca preciosa esa pregunta que se hacía en la Ciudad Perdida. Vamos a luchar por lo que queremos ahora que respiramos, que esto es de lo que estamos 100% seguros y lo que tenemos entre manos.

¡Perdámonos!

Ciudad Perdida Teyuna Tayronas

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