Curro Prieto 23 Nov 2016

Peligro en Valparaíso

La mañana en que comencé a descubrir la ciudad noté desde un principio que aquel aire que se respiraba era muy distinto. Salí a la calle sin expectativas concretas, tan sólo era un chico paseando por un lugar, no sabía que me encontraría y eso quizás ayudó a provocar la increíble explosión que se produjo en mi interior. Fue cruzar dos calles y llegué a un mirador que daba a la zona sur de la ciudad, desde allí podía ver la costa que de curva en curva llegaba hasta Viña del Mar. Más allá estaba el desierto. Sobre los cerros que conforman la urbe se erigían las pequeñas casas de colores que caracterizan esta ciudad. El sol, al que llevaba tiempo sin ver, se levantaba por encima de los transeúntes como queriendo hacerles contemplar lo que para ellos era algo cotidiano. ¿No lo veis?

La estampa era realmente preciosa, podías observar como la pintura hacía latir la ciudad, los colores eran pura vida para la pequeña metrópolis chilena. Las estrechas calles eran museos a cielo abierto, y para alguien como yo, aquello era un regalo del cielo, inspiración en carne viva. Un valenciano que conocí una noche me habló del peligro de Valparaíso al ver mi asombro con el lugar, yo le dije que a mi me había parecido segura, el me contestó que el peligro estaba en que querría quedarme. Tenía razón.

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Valparaíso es conocida mundialmente por sus pinturas murales y graffitis y dado mi interés por la ilustración y la pintura mural, decidí indagar más sobre esta disciplina contratando un tour con los chicos de Graffiti and Street Art Tours. El encargado de guiarme a través de las pintadísimas calles de la ciudad era Chris, que sería mi compañero en esta aventura. El recorrido comenzó en la Plaza Anibal Pinto desde la cual ascenderíamos a través de Cerro Alegre descubriendo las numerosas obras que encerraban aquellas paredes.

Como decía el reputado dibujante conocido como Lukas, de El mercurio (el periódico más antiguo de Valpo): Valparaíso es una ciudad que tiene que ser caminada, cuando veo a las personas en autobús me entristezco, no van a ver nada de nada, este sitio guarda el encanto en los pequeños detalles, en los descubrimientos sorprendentes, en sus rincones insospechados. No podía estar más de acuerdo con estas palabras. Ascendiendo por el cerro pudimos ver como cada rincón era más pintoresco que el anterior, asomaban sin cesar las pequeñas tiendas y los cuidados restaurantes, las terrazas asombrosas sobre los tejados y las pequeñas galerías de arte, los miradores en cada esquina y sobre todo, las coloridas ideas que brotaban con fuerza de las fachadas de las casas. Artistas como Crudo, Daniel Marceli, Vida in Gravita, Un kolor distinto, Faya, La robot de madera, Dre, Chark o Painters, por poner unos ejemplos, tenían obras a lo largo de toda la ciudad.

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Como digo, los murales eran increíbles. Desde artistas locales hasta muralistas de renombre tenían un espacio en Valparaíso. Las tres creaciones que más me llegaron a impactar fueron, en primer lugar, Torre en llamas, una obra realizada en 2014 en el paseo Dimalow por La robot de madera. El muro que lo albergaba era privado y a pesar de que el dueño no podía pagar por los servicios de la artista, el lugar era tan bueno para trabajarlo que este decidió juntar un grupo de personas, conseguir financiación y hacerlo desinteresadamente.

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El segundo mural que visitamos fue el del artista INTI, una obra deliciosa que se puede observar desde el mirador del Paseo Atkinson. Los artistas generalmente consideran bueno un muro según la repercusión y visibilidad que puedan tener, y estoy seguro de que INTI lo tuvo muy en cuenta en esta ocasión, la vista desde allí era increíble. La obra fue concebida como un regalo a la Ciudad Puerto en medio de la realización del Festival de las Artes de Valparaíso. INTI es probablemente el artista urbano originario de Valparaíso más reconocido, ha pintado alrededor de todo el mundo y desde luego es un ejemplo a seguir para cualquiera que quiera dedicarse a la pintura mural. En la última obra de mis 3 seleccionadas, incluiré una obra de Daniel Marceli Millán, un artista del cuál admiro la profunda unión que mantiene con las raíces de su pueblo, Isla de Chiloé. Es visible también desde el Paseo Dimalow en Cerro Concepción.

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Después de recorrer algunos cerros en busca de arte llegó la última parte del tour.

Me encanta cuando los post tienen un colofón final. Aquella mañana intervine junto con Chris un muro de Valparaíso. Es cierto que los medios eran muy limitados pero las ganas eran enormes y sólo el hecho de utilizar un spray por primera vez en un lugar tan mítico ya me llenaba de ilusión. Fue genial poder dejar mi sello en forma de #destinosudamérica en una de esas calles.

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El día anterior había hecho un boceto de lo que me gustaría hacer en un muro de la ciudad, pero está claro que me sobrepasé estimando los materiales de los que dispondríamos y sobre todo, del tiempo. Pero me hice una promesa y es la siguiente: dentro de unos años volveré a Valparaíso a pintar este boceto en un edificio de la ciudad para que todo el mundo pueda verlo y entienda lo que sentí al llegar allí.

Volveré Valpo. Doy mi palabra.

 

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Mi TOP 3 recomendaciones 

Valpo Graffiti and Streets Art Tours: una magnífica idea de cara a la propagación de la cultura urbana de Valparaíso. La parte que más original me pareció fue la de poder intervenir en el espacio. La organización tiene apalabrados ciertos muros con la gente de los distintos barrios de la ciudad para poder utilizarlos en sus talleres y así hacer partícipe a la gente de una manera distinta. Espero que el arte se siga extendiendo por las calles y que así ellos puedan seguir legando a cabo su tan preciada labor. Los precios salen a partir de 8.000 pesos hasta los 18.000 pesos el más caro, pintando y en bicicleta.

Empanadas fritas y/o asadas: cómo pude disfrutar en Chile en general con las empanadas. Aquello era un auténtico festival, había de todos los sabores y colores, desde las fritas con pulpo y queso hasta las asadas con camarones o pollo con pimentón y cebollín. Son baratas y están riquísimas. Y aquí os dejo una recomendación extra para los que vayáis acompañados, probad la chirillana, yo me comí una entera, pero es para dos, salí rodando del sitio. Ánimo y a comer.

PataPata Hostel: un hotel muy familiar. Situado en Cerro Alegre, en mi opinión muy bien ubicado, cerca de la Plaza Anibal Pinto, donde empezaban los tours y en una zona muy tranquila de la ciudad. Si ascendías por el cerro podías llegar rápidamente a la pintoresca Avenida Alemania, al final de la cual se encuentra la casa de Pablo Neruda. La tarde que la recorrí pase uno de los mejores momentos de mi estancia, pedí una cerveza y me puse a dibujar junto a un mirador. La noche en habitación compartida de diez personas estaba en 8.000 pesos y si quieren algo más independiente, tienen noches por 10.000 pesos con una litera o por 25.000 pesos en una cama matrimonial.

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