Ana Peralta 02 Jul 2014

Ouro Preto, un museo al aire libre

Después de 8 horas de bus nocturno desde Río llegaba a la mítica Ouro Preto, en el estado de Minas Gerais. La ciudad me recibía al amanecer. Nos desperezábamos casi a la vez, la ciudad tras la resaca de la última victoria de Brasil contra Chile en el mundial de fútbol 2014 y yo aún atolondrada por el viaje. Desorientada, sin mapa ni saber muy bien dónde tenía que dirigirme, pregunté en una de las taquillas de la pequeña estación (rodoviaria) por el centro de la ciudad.

Me indicaron que tan solo eran 10 minutos de caminata, así que decidí hacerlo a pie. El problema fue que había reservado por internet una pequeña pousada que rezaba estar al lado del centro histórico. Con la mochila grande a la espalda y la pequeña, pero más pesada, con los equipos, delante comencé a caminar. Al principio el terreno era llano incluso cuesta abajo hasta llegar a la plaza de Tiradentes, el inicio del centro histórico. Pero después me encontré con la realidad de Ouro Preto, una auténtica ciudad rompe piernas. ¡Creo que en mi vida he subido y bajado tantas cuestas como en ella, probablemente ni cuando hice el circuito de los annapurnas, en Nepal!

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En ese momento fui consciente de dos cosas: una, que el calzado que llevaba no era el más adecuado -iba en chanclas- y dos, que no había verificado que la pousada estuviera realmente tan cerca del centro como anunciaba su publicidad. Para haceros una idea, una de las recomendaciones incluidas en todos los folletos turísticos de Ouro Preto es utilizar calzado cómodo y antideslizante. Obviamente, las chanclas no cumplen con ninguno de esos requisitos.

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En la plaza de Tiradentes, que aún guardaba los restos de la fiesta del día anterior, volví a preguntar por mi dirección. Aunque antes de continuar quise detenerme un momento en ella a contemplar la plaza en solitario con los primeros rayos de luz entrando por sus calles empedradas. A pesar del peso de las mochilas, del cansancio acumulado por el viaje nocturno y de no llevar un calzado adecuado, me quedé hipnotizada con esta primera postal de la ciudad.

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Tras bajar una cuesta interminable con el miedo a resbalar por las chanclas y el peso de las mochilas, llegué por fin a la pousada, la Hospedería Antiga. Mi pequeña ilusión en ese momento era poder descansar un rato, darme una ducha, desayunar algo y salir a merodear por las calles. Pero, para mi sorpresa, cuando llegué a la pousada, primero no encontraban mi reserva y después me dijeron que tendría que esperar hasta mediodía para ocupar la habitación. Lo peor vino al preguntar si podía utilizar el baño; en principio me dijeron que no, pero finalmente, tras un pequeño tira y afloja, me dejaron utilizar el de una de las habitaciones.

Después de dejar las mochilas en la recepción me decidí a visitar la ciudad para quitarme el mal sabor de boca que me había dejado el servicio de la pousada. La primera cuesta hasta llegar a la bonita iglesia de San Francisco de Asís, encaramada en una colina, me dejó casi sin aliento. Pero, al llegar a la cima, las vistas recompensaron el esfuerzo. Detrás de mí se encontraba el mítico pico de itacolomi, dentro del parque estadual del mismo nombre, y enfrente uno de los mercados al aire libre de artesanía de Ouro Preto, donde se exhiben las míticas piezas de piedra jabón tan típicas de la zona.

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escultor

muñecas

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Ouro Preto, declarada hoy Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, fue una de las ciudades más importantes de América Latina debido a la explotación de las minas de oro de la zona, de ahí su nombre. Llegó a ser incluso capital del estado de Minas Gerais. En aquel momento recibía el nombre de Vila Rica. Aún hoy quedan vestigios de las minas, algunas de ellas como la de Jeje, cerca del centro histórico, pueden ser visitadas.

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Producto de esa riqueza, de la división de clases de aquella época y la explotación de esclavos se construyeron innumerables iglesias: en total 11, 12 capillas y 7 “pasos”, hitos del viacrucis. Entre ellas, la ciudad guarda la segunda iglesia más rica de Brasil por el oro utilizado en su interior, la Igreja do Pilar, en la parte baja de la ciudad.

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Llegada a la plaza de Tiradentes, de nuevo, eje central de Ouro Preto, entré en el Museo de la Inconfidencia, antigua Casa de la Cámara y Prisión, que alberga la historia de los inconfidentes mineiros, origen del movimiento de la Independencia de Brasil. Frente al edificio, en la misma plaza, está la estatua de Joaquim José da Silva Xavier, el principal activista del movimiento, a quien apodaron “Tiradentes” (sacamuelas) por su profesión: era dentista.

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Pegada a la plaza, la Igrega do Carmo es la única revestida con azulejos traídos desde Portugal. Al igual que desde la de San Francisco de Asís, las vistas desde ella permiten ver parte de la ciudad con las colinas verdes que circundan Ouro Preto.

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A pesar del cansancio, no podía parar de subir y bajar las empinadas cuestas, hechizada por la belleza de una ciudad que guarda historia y leyendas en cada uno de sus rincones. El aroma de la cocina mineira me hizo detenerme en uno de los restaurantes locales de la parte baja de la ciudad. Era un típico rodizio, donde pagas un precio fijo y puedes consumir toda la comida que desees y repetir tantas veces como quieras. Por 18 reales (6€) pude degustar varios de los platos tradicionales: feijao tropeiro (judías con chicharrón de cerdo, salchichas, huevo, ajo cebolla y especias) y tutú a mineira, también a base de judías, chorizo y tocino. ¡Todo comida baja en calorías para enfrentar de nuevo las cuestas!

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Ouro Preto es una ciudad joven, llena de estudiantes venidos de distintas partes de la provincia. Eso se nota en sus calles y bares y en el ambiente desenfadado de la ciudad, que estos días vive de forma intensa el mundial de fútbol de Brasil. Al pasear por sus calles, no es difícil escuchar la música y percibir el olor a churrasco dentro de las residencias de estudiantes.

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Llegado el atardecer, la luz de Ouro Preto toma la misma tonalidad que el metal precioso de su nombre; el color dorado parece inundarlo todo y vuelve a hechizarme una vez más la fisonomía de esta ciudad de calles estrechas, empedradas y cuestas endemoniadas.

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Quisiera recorrer cada uno de los caminos “trilhas” de sus montes, pero al día siguiente es lunes, segunda feira, y la mayoría de los monumentos de la ciudad y el parque estadual de itacolomi permanecen cerrados. Aún así, tendré tiempo de seguir recorriendo sus calles antes de mi siguiente destino, también en el estado Mina Gerais: el bonito pueblo de Tiradentes, del que hablaré en próximo post.

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12 comentarios en
“Ouro Preto, un museo al aire libre”

  1. Gustavo

    Decidí darme un descanso a media mañana de este aturdido martes de trabajo. Y que suerte la mía de encontrarme una vez más con este paseo virtual de los rincones de Brasil, esta vez por Ouro Preto.

    El relato me trasportó por momentos a recorrer esas calles lejos del stres y el tráfico matutino que me trajo de casa al trabajo. Destaco la magia de las fotos, que complementan mas allá del entretenido relato, ayudando a q la “tele-transportación” sea aun mas fácil.

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Hola Gustavo,
      Qué alegría escuchar que mi relato y las fotos, te han llevado por un momento a viajar y olvidar la realidad del atasco y el estrés matutino.
      Un millón de gracias por tu comentario.
      Espero que sigas viajando conmigo.
      Un abrazo enorme

  2. alvaro

    Ana : Valoro en tus notas, el que nos presentas destinos impensados o que están fuera de los circuitos tradicionales, nuevamente impactas con tus fotografías.
    El relato ameno , pero mientras tu celebrabas el triunfo de Brasil. yo hice un Brindis por la selección de Chile por su tremenda propuesta de fútbol que aportó a este mundial.
    Felicitaciones por la nota y espero con ansias le de “Tiradentes”

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Hola Álvaro,
      Sí, siempre intento salirme de los circuitos tradicionales, porque todos los países tienen mucho por ofrecer y normalmente siempre se vende la misma imagen. Brasil es un país diverso y multicultural, hay un sinfín de lugares por conocer y todos ellos son interesantes.
      En cuanto al mundial y el papel de Chile, he de decir que me sorprendió, jugó con corazón y eso le hizo llegar hasta octavos de final. Pero, mi corazón está divido entre España, Brasil y Chile por ese orden, así que no lo puedo evitar. ;)
      Muchas gracias por tu comentario y espero igualmente que te guste mi próximo post sobre Tiradentes.
      Un abrazo

  3. Alfonso Novo

    Felicidades Ana por tus relatos, probablemente en esa mochila pesada de la que hablas, íbamos muchos de nosotros, tus lectores.

    Es un verdadero placer leerte, viajar desde el sofá, saborear comidas, oler, ver a través de tus ojos y de tu cámara…

    No pares de subir y bajar calles cargada con tu mochila y tu cámara. No pares de viajar. No pares de escribir.

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Muchas gracias, Alfonso
      Ese peso del que hablas es la carga más agradable que puedo llevar conmigo. Saber que al otro lado hay personas a las que provoco viajar y experimentar las mismas sensaciones que me voy encontrando por el camino es la mejor recompensa que puedo obtener.
      No pararé, Alfonso, de subir y bajar calles cargada con mi mochila, con mi cámara y con la enseñanza de vida que voy acumulando en el recorrido. Espero, de veras, que sigas viajando conmigo y compartiendo tus impresiones.
      Un millón de gracias por tu comentario, me ha hecho muy feliz leerlo.
      Un abrazo

  4. Smithg968

    You are a really persuasive writer. I can see this in your writeup. You’ve a way of writing compelling info that sparks significantly interest. afebbadfeakekebd

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Thank you so much!
      I´m so happy to hearing that. I really grateful for your words. I hope you continue to enjoy my stories.
      Huge hug.

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