Marta Rodríguez 26 Oct 2015

No caminho do Bem

Hablemos de caminos. Los tenemos de diferentes tamaños, dificultad, colores, tráfico… escoger uno u otro siempre puede marcar un antes y un después en el trayecto.

Recuerdo cuando éramos pequeños, los caminos que la profesora de plástica nos hacía colorear, sin salirnos de la raya; los caminos que recorría con los reyes Magos de Oriente por los cielos estrellados de África dejando regalos a los más pobres; los caminos que marcábamos con piedras en las expediciones por el campo de los abuelos, para después saber volver a casa.

Al poco tiempo llegan los caminos a escuela con las mochilas repletas de libros, en los que buscar algún desvío siempre hacía el día más excitante; los caminos profesionales, lengua o matemáticas, arte o ciencias, abogada o creativa publicitaria; los caminos del corazón, amores y desamores. Los caminos sociales, el protocolo, la moda, los convencionalismos, los patrones estéticos… Los que algunos llaman “el camino correcto”… Aquí es precisamente donde yo empiezo a aburrirme.

Entonces, casi por arte de magia, la aventura me escribió una carta. Percibí que hacía tiempo que intentaba llamar mi atención, pero yo estaba demasiado perdida entre las interferencias. Ese día, me encontré. Me hizo una propuesta tentativa, un camino nuevo, algo intransitado. Tardé muy poco en hacer mochila, bien leve, había que caminar con paso firme.

Así llegué por primera vez a Brasil, en un sendero tan excitante como incierto. La aventura me demostró que la realidad supera la ficción, desvaneció mi sentido de la materialidad y me mostró que tenía más amor para dar del que nunca pude imaginar. Las experiencias iban dejando huellas por sí solas, mostrándome cada vez más clara su máxima: somos lo que vivimos.

Me advirtió que la realidad me daría algunas bofetadas de realidad en el camino, pero que las agradecería con el tiempo. Los convencionalismos, el protocolo, y los prejuicios eran reglas prohibidas de este viaje. La aventura me estaba ofreciendo un camino a la libertad, y me enamoró de tal forma que cancelé mi billete vuelta. América Latina se convirtió en mi mejor libro.

Después de haber estudiado publicidad cinco años, lo que menos me apetecía era vender el zapato de moda o el coche más rápido en una oficina de 08:00 a 18:00 horas. El nuevo camino me ofrecía mundo, música, cultura, mestizaje y nuevas historias. Por lo que puse en marcha todos los conocimientos adquiridos para caminar por este sendero sendero, a mi gusto.

Así llegaron las producciones culturales inquietas y el proyecto “Se buscan aventureros” de Lan y Tam Airlines. Cultura itinerante, ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Ellos fueron los que creyeron en mis sueños, y me dieron las alas que necesitaba para volar. Gracias por hacerme llegar a mi máximo esplendor, por hacerme sentir una aventurera indomable y permitirme ser 100% yo. Me he caído, llorado, amado y reído sin miedo a que me escuchen del otro lado del océano.

La aventura me enseñó que puedo llevar mi revolución en una mochila, que existen mundo mejores, que la lucha también trae heridas de paz, que soy una blanca con alma de negra, que lo más bonito de la vida es compartirla, que la verdadera riqueza no se encuentra en el dinero y mi patrimonio está medido en experiencias, paisajes y amigos. La aventura me dio la fuerza que necesitaba para seguir “No caminho do bem”.

La Cultura Itinerante no acaba aquí, verdad Lan y Tam Airlines?

CONTINUARÁ…

 

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Un comentario en
“No caminho do Bem”

  1. María Luisa Tortosa Cerezo

    Intetesada en viajes de aventura asequibles y adecuados a
    personas mayores con espíritu aventurero

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