Kepa Acero 13 Abr 2016

En busca de Nihiwatu II (segunda parte)

Volvíamos felices de haber surfeado NIHIWATU II.

Aquella ola parecía todo lo que un surfista desea encontrar: potente, larga y con una última sección con tubo. Con un final feliz. Lo único que nos faltaba era el viento, que nos había fallado, y eso era precisamente lo que nos motivaba para armar otra expedición a NIHIWATU II, en el corazón de la selva.

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La noche estaba cayendo cuando llegamos a puerto. Había sido un día largo.

Aún así, teníamos fuerzas de sobra para seguir conspirando, para surfear de nuevo la ola.

Cuando llegué a casa de Michael, me puse a estudiar las predicciones de olas para la semana siguiente y, efectivamente, había buenas condiciones 6 días más tarde.

El viento era la única pega. Normalmente el viento sopla en la dirección correcta desde las 5:30 hasta las 9:00 de la mañana, así que la única opción de surfear NIHIWATU II en condiciones épicas era acampando allí mismo y madrugar. 

Nos tocaba esperar 6 días y que todos los astros se alinearan para poder surfear y descubrir si realmente aquella ola era la magia. Desde luego que durante los siguientes días ese iba a ser nuestra ilusión y sueño.

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El barco pesquero está varado en el puerto esperando a que embarquemos. Ya está todo preparado. Tiendas de campaña, mosquiteros, comida, agua, frontales, linternas… las tablas van en la proa.

La pequeña embarcación sale del puerto con un nuevo equipo de gente. El viento a estas horas ya ha salido y el mar está picado. En cualquier caso, nuestro objetivo es acampar y madrugar mañana.

Hemos reclutado esta vez a un vasco, Haritz, que conocí en el pueblo. No surfea, pero tiene ganas de aventura y se anima a acompañarnos. También viene con nosotros un alemán, Sebastian, que está aprendiendo a surfear. Puede que no sea una buena idea aprender en una ola dura, con fondo de roca volcánica y, sobre todo, inexplorada. No sabemos realmente lo que nos vamos a encontrar.

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Pero la misma esencia de la aventura es la incertidumbre.

La navegada hasta la ola esta vez es bastante más dura. El oleaje es mucho mayor y tengo miedo de que el mar esté demasiado grande.

Finalmente llegamos hasta la bahía que buscamos. El mar está demasiado grande para desembarcar y decidimos movernos a otra bahía más protegida a unos cuatro kilómetros de distancia. Todo es virgen, todo es naturaleza. 

Desembarcamos finalmente en esta playa. Tiene unos árboles que nos darán sombra todo el día. Perfecto para acampar. Montamos las tiendas y las tortugas nos acompañan. Ya son las tres de la tarde, así que decidimos ir a la tan esperada ola. A pesar de que el viento no está bien, puede ser interesante hacer una prueba.

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Los 4 kilómetros hasta la ola caminando por roca volcánica son bastante duros y se alargan a una hora por piedras que nadie ha caminado antes. Están inestables y nos tropezamos constantemente.

Finalmente llegamos a Nihiwatu II. Una marejada potente del sur entra de lleno y la cosa está seria.

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Michael y yo nos decidimos a entrar. Cogemos alguna ola pero, como sabíamos, el viento lo fastidia todo.

Hay una foca en la orilla y tiene un pez en la boca. De pronto aparece un tiburón de un porte de unos 2 metros y medio a toda velocidad hacia ella. Dos fragatas sobrevuelan buscando algo de comer.

El tiburón se queda varado en el arrecife cuando justo cojo una ola. Yo no me doy ni cuenta de que todo esto está pasando mientras Michael graba la escena. Y me alegro de no haberme enterado, de lo contrario habría salido volando del agua…

La noche cae. Mañana es el gran día. A las 5 de la mañana estaremos preparados y ahora soñamos que todo el esfuerzo haya servido para coger esta ola, aquí, en algún lugar de Las Islas Encantadas. 

Continuará…

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