Estela y Laura 16 May 2014

Moyobamba

mercado de Moyobamba

Eran las seis y veinte cuando saliamos del Chachapoyas Backpaper, la que ha sido nuestra casa durante estos tres últimos días. Casi corriendo íbamos al paradero de colectivos hacia Moyobamba, nuestro siguiente destino. Al final corrimos para nada, porque estuvimos esperando casi una hora hasta que el colectivo se llenó. Bueno, eso creíamos hasta que llegamos a un pueblo, no recordamos el nombre. Empezaron a subir, entre varias personas, grandes cajas a la vaca de la combi. Pero alucinamos en el momento en que los seis que subían cosas, también se subían en la combi. Contamos unas veinte personas con niños incluidos. Y en cuanto a la carretera, llamarla serpenteada es poco.

Llegamos a Moyobamba siete horas después, cuando la previsión era de cinco… Menos mal que ya hechas a los cambios de hora de llegada, no nos pilló de sorpresa e íbamos preparadas.

Buscamos alojamiento por las calles de Moyobamba, -no estaba en nuestro plan venir por aquí así que no habíamos mirado nada-, y la casa que nos habían recomendado estaba en obras. Así que decidimos patearnos calle por calle, hasta que diésemos con un hospedaje asequible que nos convenciera y tuviera sitio. Ya instaladas y sin mochilas, salimos a conocer Moyobamba. En la segunda calle por la que andábamos nos encontramos con Víctor, un sonriente y amabilísimo señor, trabajando en su puesto de sandías.

Rápidamente relacionamos el calor, la humedad, la distribución de las calles, la gente, los carteles de los bares y restaurantes, con nuestra estancia en Puerto Maldonado.

Llegamos al Mercado. Allí la música reinaba, la gente gritaba sus ofertas, y los piropos invadían nuestros oídos. Por aquí no nos hemos cruzado ni un turista, no sabemos si es que se hospedan en otros lugares, pero ni uno hemos visto. Compramos algo de fruta para nuestra reserva de comida, aquí estamos comiendo muchísima fruta, y es que los sabores además de nuevos, son tan intensos que no puedes parar.

mercado de Moyobamba

mercado de Moyobamba

Terminamos la tarde comiendo papa rellena en un bar típico de comida criolla, y de postre una refrescante y riquísima cremolada de Maracuya, una de las frutas que más nos ha enganchado. Hasta el sabor de la piña, mandarinas, sandías es diferente. Por acá es muchísimo más sabroso.

Ya de vuelta al hostal, entramos en el café que es parte del hospedaje. Tenía más de treinta tipos de café, y una lista interminable de formas de prepararlo. Al final nos decantamos por un frapuchino y el resultado fue, sencillamente, insuperable.

plaza de armas de Moyobamba

Descansadas y dispuestas, aprovechamos las primeras horas del día para ir al centro de conservacion de la biodiversad de Waqanki. Para ello cogimos un motocarro por 4 soles desde la Plaza de Armas. Comenzamos el paseo por las calles amazónicas de Moyo hasta que llegamos al desvío al centro. Nos agarramos como pudimos a la moto porque la carretera se convertía en un camino de piedras erosionado por el agua. No sabemos si la moto tenía opción 4×4 pero lo parecía, aunque en algunos momentos sintiéramos que iba a volcar… Llegamos sanas y salvas, y algo alucinadas por cómo había subido por allí aquella mototaxi, ¡pueden y valen para todo!.

Rocio guía

Allí estaba Rocío, nuestra guía del orquidario. Es la nieta del fundador del centro. Su abuelo compro el terreno, unas 104 hectareas, y comenzó a conservar el bosque. Su hijo, apasionado de las flores, comenzó con la plantación y cuidado de las orquídeas hasta hoy, passion que han heredado las jóvenes de la familia. Comenzamos nuestro paseo por aquel maravilloso paraje, y lo primero que nos explicó fue la simbiosis que existe entre la Tangana, un árbol de selva, y las hormigas. Estas hormigas viven dentro del árbol, éste les da cobijo y casa, y ellas a cambio le defienden, Rocío nos lo demostró con un pequeño toque en aquel árbol, ¡todas las hormigas acudieron corriendo!. Rápido quitó la mano, pues la picadura de esa hormiga provoca fiebre. Y nosotras retrocedimos un paso al conocer ese dato, lo confesamos.

Seguimos la visita viendo las pocas orquídeas que estaban en flor, ya que no es época de floración. Esta va de junio a octubre. Por suerte, algunas orquídeas producen flores durante todo el año. Vimos el zapato de reina, zapato de bebé, príncipe y rey, su nombre varía por los distintos tamaños que la flor tiene, y otras especies como la araña o abeja, la marantasia, cola de rata, sobralia rosea, cocliola y la laelia, de donde procede la esencia de vainilla. Además de las orquídeas hemos visto otros plantas, como los helechos, la flor de pico de loro, bromelias, margaritas, eliconeas… Y en concreto una palmera que llaman palmera patona, pues el principio de sus raíces está al aire libre y el final se agarra a la tierra, simulando las piernas y pies de una persona. Además, mueve sus raíces según sus necesidades, por lo que los nativos de por aquí la llaman la palmera que camina. Nos ha impresionado muchísimo. Ah, e incluso, cuando crece mucho, sirve de guarida para pequeños animales que huyen de sus depredadores ya que sus raíces tienen pinchos.

orquidea zapato de rey

orquidea wakanqui

Una vez vistas las orquídeas, hemos subido a la zona alta del terreno, presidido por una gran torre, un mirador, donde hay pequeños bebederos de néctar que reciben la visita de los colibríes que acuden a alimentarse. Debido a la conservación que se llevaba haciendo de este terreno, se hizo un estudio sobre las aves que allí convivían. Comprobaron que era muy alto el número de especies que allí habitaban, y en concreto, el número de especies de colibríes, registandro 29 tipos. Allí se pueden observar unos quince tipos, ya que muchas de las especies son migratorias. No sabemos si observamos o no 15 especies, pero sí que vimos muchísimos colibríes. El silencio allí reina, sólo se oyen los estremecedores aleteos de los colibríes, e impresiona muchísimo ver tan cerca estos pequeños pájaros volar a tu lado. Un auténtico placer para los sentidos.

colibri bebiendo

Te imaginas desde casa cómo es ver un colibrí de cerca, en persona, pero vivirlo supera exageradamente las expectativas.

Terminada la visita al centro Waqanki, hemos andado no más de cinco minutos hasta las aguas termales de San Mateo. Es un recinto habilitado para bañarse tanto en piscinas de agua fría, como en distinas piscinas de aguas termales medicinales, desde 29 grados a 43 que marcaba la más alta que hemos visto. A cada poza se le llama con el nombre de una orquídea. Aquí en Moyobamba, la orquídea reinana preside hasta la Plaza de Armas.

Como es domingo y día de la madre, acá estaba abarrotado de gente, así que nuestra estancia no ha sido muy larga. Hemos vuelto al centro donde nos hemos encontrado con la concentración que hacen para acudir desde las afueras al campo de fútbol. Iban gritando unos cánticos que no hemos conseguido descifrar, pero el sentimiento era bien fuerte.

A su vez nos hemos encontrado con la fiesta que había montada en la plaza por el día de la madre. Aquí llevan desde el uno de mayo promocionando este día, y hoy por fin ha llegado. Nos han explicado que aquí lo viven muy intensamente y en familia. Los restaurantes estaban abarrotados de familias, y el resto de comercios cerrados.

Así que nos hemos unido a ellos, en la feria de la plaza, y nos hemos comido unos deliciosos bananachips, y un dulce cubierto de chocolate típico de por acá. (Ya estamos pensando en si encontraremos plátano verde por España para hacernos nuestro bananachips a la vuelta).

Y ésta ha sido nuestra aventura por Moyobamba. No teníamos pensado parar por aquí, pero ha sido toda una sorpresa. El observar tantos colibríes y tan cerca, nos ha dejado impactadísimas.

En el siguiente blog os contaremos lo que haremos en Tarapoto, nuestro proximo destino. Esta vez el viaje nos han dicho que dura dos horas, pero ya os diremos cuánto terminamos tardando.

Chaooooo!!!

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