Iris Rangil 21 Nov 2016

Magia de camino a Bogotá

Me encuentro en el avión que me hará llegar a Bogotá, volando desde Guayaquil, Ecuador.

Confieso que era novata en esto de recibir tantas comodidades “en el aire”, así que ha sido un viaje de desconexión y descanso para mí después de pasar mis últimas semanas en España sin apenas dormir. Con mantita, almohada, entretenimiento, comida rica y el cuidado de la tripulación para hacerme sentir bien todo el tiempo, puedo viajar sintiendo que el transcurso es un paseo.

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Me maravillo con los paisajes que veo a través de la ventanilla de los sueños. No existe otro lugar desde donde se pueda sentir esta sensación, la de deslizarse por encima de las nubes; la de entender lo pequeños que somos y lo inmensa que es la naturaleza que debemos cuidar para poder seguir respirando este aire que se siente tan puro aquí arriba.

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De repente y sin saber muy bien cómo, se inicia la conversación. Durante todo el vuelo ha estado sentado un señor a mi izquierda, manteniendo un asiento vacío entre nosotros. Creo que tiene unos 70 años, y me hace cierta ilusión ver a alguien de su madurez volando; además me hace acordarme de mi abuelito Jacinto.

Me pregunta de dónde soy y a dónde voy, le respondo y le pregunto curiosa lo mismo a él. Me dice “voy a un encuentro al Medellín, y soy René, de Arequipa, Perú”

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Con esa prudencia, sin darme demasiada información, me hace pensar miles de posibilidades en un momento. ¿Un encuentro? ¿Qué clase de encuentro? Os confieso que me vienen a la mente todo tipo de ideas. Seguimos hablando y de repente la conversación comienza a dirigirse hacia un tema en el que estoy profundamente interesada: la igualdad de género. En este caso, apuntando al contexto social de América Latina.

Tras eso comienza a darme muchísima información sobre su país, el Perú, y sus costumbres: “una cosa curiosa del Perú es que los niños no tienen identidad de género hasta, más o menos, los 4 años. Hasta esa edad llevan todos la pollerita”. Le pregunto qué es la pollerita y me dice que es una falda.

Seguimos compartiendo opiniones. Me quedo maravillada con todo lo que me cuenta. Después de explicarme tanto sobre su cultura con una increíble mente abierta, por fin nombra su profesión: soy Padre. Tengo una parroquia en Mollebaya.

Sin que pase un segundo, le hago confirmarlo, porque me sorprende y pienso que he podido entenderle mal, “¿entonces es usted sacerdote?” Me responde que sí, y continuamos con el intercambio.

“¿Y qué opina sobre la gente que no tiene fe?” Vuelvo a cuestionar. “Pues qué voy a decir, nada, no tengo que convencer de nada a nadie”.

Ha pasado al menos una hora desde el primer saludo y seguimos hablando, sin un sólo silencio incómodo, hasta que llega el punto en el que le explico que yo no sigo ni creo en ninguna religión, aunque entiendo y respeto muchísimo a la gente que sí que lo hace. Esta vez tampoco hay incomodidades. Él sigue con su sonrisa, y me responde, textualmente:

“Yo creo que tú, a través de la fotografía, vas encontrando la belleza natural del mundo, y yo pienso que eso es lo fundamental, porque eso es lo que te eleva, ¿no? Nuestra existencia se define por eso, no por otra cosa, o sea que tú eres más religiosa que yo.” (Se ríe, me río y le digo que le acepto la frase por venir de él). Y continúa: “Porque yo lo hago, quizás, por tradición, pero tú lo haces por belleza, por encontrar la belleza de una simple flor, por ejemplo.”

Me emociono, no sé por qué, pero se me nublan los ojos y le digo, “qué bonito, René, ¿sabe que yo soy muy emotiva y esta conversación es un regalo que me llevo para toda la vida?” Me responde: “También yo”.

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La charla no se acaba hasta el aterrizaje. Sin embargo, siento que he llegado hace rato. He llegado a entender que nuestros intercambios son un profundo regalo, no sólo para el corazón, no sólo para crear momentos emotivos, también para la propia mente, para la inteligencia, para el progreso de una persona. He llegado a reflexionar sobre mis prejuicios, me he preguntado quién tenía, al final, la mente menos abierta de los dos. Porque pensando en mis ideas, aún teniendo en cuenta y respetando que cada uno tiene las suyas, jamás hubiese esperado tener una conversación así con alguien proveniente de una institución con la que no comulgo.

Y sí, amigos, si hay algo que rompa prejuicios y construya valores, es viajar. Por eso el “simple” hecho del transcurso es tan importante. De nada sirve moverte si te mueves dormido. Y no sólo me refiero a la posibilidad de cerrar los ojos en un avión. De nada sirve que viajes y llegues con una lista en la mano y te dediques a tachar los monumentos que ya has visitado. Viajar no es una competición, ni un escaparate para las redes sociales. Es un crecimiento para todos, pero sobre todo es un crecimiento interno. Así que hagámonos todos un favor, y durante el camino, hablémosle a la gente, sobre todo a la local, dejando de lado los prejuicios. Que no se te olvide decir hola. Buenos días. Buenas tardes. Buenas noches. Y que no se te pase jamás eso de sonreír.

Llegamos a Bogotá. Nos despedimos. Me he quedado con su contacto, con muchas notas en mi cuaderno, y con audios de voz, gracias a los cuales he podido escribir esas frases que hemos intercambiado, y he podido guardarlas, textualmente, junto a su voz y la mía, en ese momento, en ese vuelo, en ese trayecto, para siempre.

“Si visitas Arequipa, no se te olvide llamarme, allá tienes una casa.”

Le debía este post, Señor René. Gracias por la lección de tolerancia y por todo lo demás.

Y vosotros, viajeros, ¿coleccionáis historias de personas que conocéis durante vuestros trayectos? A mí me vienen unas cuantas más aparte de la de René. ¡Me encantaría que me contaseis alguna en los comentarios!

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3 comentarios en
“Magia de camino a Bogotá”

  1. plantasdeaire

    Precioso el relato y las reflexiones :)
    Viajar es una de las formas mas enriquecedoras de crecer, y suele ser mas que un gasto de dinero, una inversión en vida :)
    ¡Seguimos tu viaje! Gracias por compartirlo con nosotr@s

    1. Iris Rangil
      Iris Rangil Autor

      ¡Así es! Viajar nos hace progresar :) Muchas gracias por el comentario y por seguir la aventura. Un abrazo y nos vemos alrededor del mundo :)

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