Curro Prieto 23 Nov 2016

Los cinco mejores momentos de Chile

Lo que vais a leer no son más que mis más profundas y sinceras recomendaciones y agradecimientos, si algún día viajáis hasta Chile, completad una de estas cinco experiencias y os aseguro de todo corazón que vuestro viaje habrá merecido la pena. Estas palabras conformarán la imaginaria de la ilustración final con la que se resume el viaje por un país al que seguro volveré.

  1. Correr bajo la lluvia en Ahu Tangariki y bailar en Kari-Kari

Curioso. No soy el joven más enamorado de la lluvia y sin embargo sin ella este momento no habría tenido ese toque tan especial.

Conocí a Raúl al llegar a Isla de Pascua, un tipo de lo más simpático que me acompañó en varios tramos de mi estancia en la isla. Nada más llegar fuimos juntos a información turística y acto seguido contratamos algunos tours en la agencia Kia Koe, en la calle Atamu Tekena s/n, no era barato (45.000 pesos con comida), pero estábamos en Isla de Pascua y sabíamos que allí nada era realmente económico. Uno de esos tours fue el que realizamos a la cantera de los Moais.

El día en que se llevó a cabo la expedición el cielo estaba nublado y se preveía tormenta, así que cuando empezó a llover comenzaron las incomodidades propias de tal fenómeno. Durante el día tratamos de no mojarnos tirando de capuchas inservibles hasta que, después de toda la jornada huyendo del agua llegamos ante los 15 moais. No había nadie, habíamos bajado los primeros del autobús y estábamos bajo un pequeño toldo mirando como caía el agua y observando el espectáculo de lejos. De repente Raúl me miro y gritó.- ¡Vamos para allá!– Echando a correr bajo la lluvia. Yo, por supuesto, arranqué detrás de él riéndome a carcajada limpia. Se dio ese instante en el que estás tan harto de algo que le restas la importancia necesaria para darle un giro radical y disfrutarlo. Cuando nos dimos cuenta estábamos bajo las estatuas y la risa fue tornándose en incredulidad. El momento merecía la pena, sólo nosotros, los Moais y el mar. Pura historia. Sobrecogedor.

foto-yo-y-15

Aquella misma noche, unas horas después de terminar con la primera experiencia en Isla de Pascua, Raúl y yo fuimos al espectáculo de danza tradicional Kari-Kari. Chicas y chicos Rapa Nui, vestidos con los ropajes típicos de su cultura, bailaban frente a nosotros al ritmo de la música más isleña que he oído en mi vida. Una de las canciones que más me gustó fue Tagi-tagi, aún hoy sigo escuchándola en YouTube. En un momento dado del show, las chicas fueron a buscar entre el público algunos afortunados para sacarles a bailar. Una preciosa chica pascuense extendió su mano hacia mi y yo “no tuve más remedio” que aceptar la propuesta y salir a darlo todo a la tarima. Las fotos que quedaron no fueron de revista, pero desde luego que el momento fue de lo más gracioso que he vivido en el viaje y por 15.000 pesos, si algún día vas a la isla, deberías vivirlo tú también.

ilustracio-parte-1

  1. Mi primer tatuaje

Llegue a mi habitación, dejé la mochila y me tumbé en la cama. Saqué un papel y un lápiz y comencé a garabatear pensando en qué me tatuaría si quisiera sellar mi cuerpo con el recuerdo de este viaje.

Cuando llegué ante Mokomae la verdad es que no estaba para nada seguro de llevarlo a cabo. Pero la sensación de ahora o nunca era demasiado grande como para negarme. La flecha. Un objeto que persigue su objetivo, su diana. Representa muy bien lo que yo he sentido en este viaje, por supuesto que tiene un significado más extenso, pero eso es algo que sólo sabrán unos pocos. El caso es que no pude resistirme y fue un momento, aunque doloroso, muy especial. El día y la forma en la que sucedió, a unas pocas horas de volar al sur de Chile. Una decisión in extremis que encierra un recuerdo eterno.

Sí, lo hice. Así que cuando emprendáis una dirección, cuando tengáis una idea, un sueño, perseverad. Una flecha no cambia su trayectoria a mitad de camino. Sed flechas.

yo-tatuaje

ilustracion-parte-2

El precio por Mokomae fueron 20.000 pesos. Hay otro estudio de tatuajes más especializado en simbología polinésica proveniente de las Islas Marquesas llamado Kakaia Tattoo, tenían un muy buen estilo propio y unas muy buenas creaciones. Es otra de las opciones que tenéis en la calle principal de la isla. Los precios rondan la misma cifra.

  1. Cata de vinos en Santiago

Resulta que los vinos chilenos son reconocidos a nivel mundial y yo no lo sabía antes de venir. Una pareja que conocí casualmente en Cuzco me habló de la tradición chilena en cuanto a esta interesantísima bebida amada por muchos.

Al ser algo tan típico y de lo que no se suele hablar en los blogs de viajes decidí ir a echar un ojo a las bodegas Concha y Toro. Fue una muy buena experiencia recorrer sus viñedos e instalaciones. Durante el recorrido te cuentan la historia de la bodega y del vino más popular de la casa conocido como Casillero del Diablo, riquísimo por cierto. Aquel día anduvimos de cata en cata avanzando a través de los pasillos bodegueros y el tiempo paso rapidísimo. Fue muy entretenido y curioso el aprender del maravilloso mundo del vino.

Las bodegas Concha y Toro se encuentran en Pirque, muy cerca de Santiago. El tour costó alrededor de 40.000 pesos chilenos.

foto-vino

ilustracion-parte-3

  1. Pintar en Valparaíso

Apasionante el pasear por las calles de Valparaíso, cada detalle, cada rincón, cada bar, cada tienda, cada galería, cada terraza eran de un encanto único. Si a eso le sumas el arte que rezuma cada pared de la ciudad, entonces tienes como resultado un lugar que yo podría considerar como perfecto para artistas, inspirador, generador de creatividad en las personas y extractor de lo mejor de la mente de gente como tú y como yo.

Cierto día estando en “Valpo”, como ellos lo llaman de forma supongo que cariñosa, (y no me extraña) contraté un tour con los chicos, ya mencionados en este blog, de Valparaíso Graffiti and Street Art Tours. Bien, pues no puedo evitar volver a recordar lo especial que fue ese día para mí. Un recorrido genial a través del arte urbano de la ciudad, centrándonos obviamente en ciertos cerros como Alegre y Concepción, ya que el muralismo de este lugar es extenso y difícil de abarcar en un solo tour. Y para el colofón final: intervenir un muro, apretar por primera vez en mi vida una boquilla y sentir como la pintura del spray se proyectaba con fuerza sobre el ladrillo. Fue para mi algo genial y digno de situar en la lista de cosas que debes hacer si viajas por Chile, aunque no suelas pintar, la experiencia es muy divertida y original.

foto-yo-mural

 

ilustracion-parte-4

El tour me salió por 18.000 pesos chilenos con intervención incluida.

  1. La magia del Couchsurfing

Sucedió en Punta Arenas. Más allá de los lugares que se visitan y coincidiendo con el maestro Joaquín Sabina, “lo importante es la gente que encuentras en ellos”. Semanas antes de recalar en el sur de Chile me dio por probar suerte con la ya conocidísima aplicación Couchsurfing. Para quien no lo sepa, Couchsurfing es una plataforma web, muy útil para viajeros, en la cual se busca alojamiento gratuito con gente de la zona que se aspira a visitar. Pues con toda la suerte del mundo a mi me tocó mi ahora buen amigo Miguel, un chaval que hizo mi estancia en la región magallánica una auténtica maravilla. Salí con él de fiesta, me dejó su bici para recorrer la ciudad, me llevó a sitios geniales y tuvimos buenísimas charlas que nunca olvidaré. No solo de paisajes vive el viajero, cuando se coincide con gente así da igual el lugar, te vas a encontrar a gusto sea donde sea.

Y con eso no quiero decir que allí no hubiera paisajes ni lugares que visitar, todo lo contrario. Torres del Paine me esperaba y yo a él. Durante el día que estuve allí pude ver los paisajes más sobrecogedores que he disfrutado nunca, me sentía en el Señor de los Anillos, las montañas eran enormes y muy frías. Los picos helados, las cascadas azules como el cielo y las nubes movidas por el viento a la velocidad de la luz parecían modeladas para un corto de Pixar. Allí la naturaleza se hacía fuerza y de verdad que te hacía sentir minúsculo de un modo superior.

El tour del que disfruté costó unos 40.000 pesos chilenos. Aún con eso pienso desde el fondo de mi corazón que aquello se disfrutaría más de otro modo del que no me fue posible hacerlo. Si está en vuestra mano, alquilad un coche y recorredlo libremente, durmiendo en los campings o las cabañas dispuestas a lo largo del parque. Torres del Paine conlleva inmersión, lejanía del mundo y sensación de libertad. Así que supongo que tengo una cuenta pendiente con el sur de Chile.

Nunca es mal momento para volver a visitar a un amigo.

 

ilustracion-completa

Share on Facebook   Tweet about this on Twitter   Share on Google+0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*