Curro Prieto 30 Ene 2017

Los cinco mejores momentos de Brasil.

Lo que vais a leer no son más que mis más profundas y sinceras recomendaciones y agradecimientos, si algún día viajáis hasta Brasil, completad una de estas cinco experiencias y os aseguro de todo corazón que vuestro viaje habrá merecido la pena. Estas palabras conformarán la imaginaria de la ilustración final con la que se resume el viaje por el último país que visité en #destinosudamérica.

1. Coger mi primera ola y vivir de cerca la vida del surf.

Ilustración Brasil

Imagínate tan solo una playa. Arena blanca. Las olas mueren en la orilla, el ruido es precioso, parece que te está llamando. Tú acabas de llegar, no sabes ni donde estás, tampoco lo necesitas, el mar te ubica sin necesidad de nombres. Tienes un objeto bajo el brazo y la gente corre hacia el agua. El sol baña la mañana y tú sonríes. ¿A ti también te gusta cumplir sueños? ¿Y a quién no?

El día en que me levanté sobre la tabla de surf sentí como algunos de mis demonios desaparecían. ¡Era capaz! A veces cuando algo es difícil o costoso decidimos subestimar nuestra capacidad en lugar de llevarla al límite. Brasil me enseñó a no rendirme, ola tras ola, caída tras caída. En Río de Janeiro hice posible una de las miles de imágenes que me habían llevado hasta allí. Y a pesar de ser millones las películas y los planes que se me habían pasado por la cabeza antes de aterrizar en ese país, la idea de surfear trascendía la zona. Me había acompañado durante todos mis días en Sudamérica, desde que aterrizara en Perú e incluso desde mucho antes.

Así que gracias Brasil, nunca olvido a quien me recibe de ese modo.

Esta fue la escuela con la que pase mis días rodeado de surf, playas y actividades geniales e inolvidables.

Brasil

2. Presenciar el mural más grande del mundo.

Era medio día, la zona común de mi hostal estaba tranquila cuando un chico y una chica entraron por la puerta. Saludé. Según me contaron tenían pensado ir al centro aquel día para ver la ciudad, y yo, que como pudisteis comprobar en mi aventura en Valparaíso, soy un enamorado de la pintura mural, me había enterado que en la Villa Olímpica de Río de Janeiro habían intervenido el muro más grande del mundo con motivo de los Juegos Olímpicos. Quería verlo. La friolera de tres mil metros cuadrados a lo largo de un muro que recibiría el nombre de ETNIAS me esperaba.

Salimos por la tarde, los atascos hasta el centro de la ciudad son increíbles y retienen el tráfico durante horas. Por suerte, la charla con la señora del Uber que nos recogió (una aplicación para trayectos de ciudad en coche), fue muy agradable.
Cuando el sol se escondía llegamos al lugar y pudimos observarlo. Es de los murales que tienes que recorrer, no puedes mirarlo todo de una vez. Era increíble.
Cuatro caras de diferentes etnias se disponían a lo largo de la calle, contemplándonos. La filosofía de solidaridad entre razas que impera en los Juegos Olímpicos se hacía visible de un modo artístico que a mi, personalmente, me conmovía.

Mural etnias chile

 

3. Jugar al fútbol en Sao Paulo.

Me encanta el fútbol, soy de esos que disfrutan mucho viéndolo pero que jugándolo, sin ser una súper estrella, también lo pasan de miedo.

Aquel día llovía en la ciudad paulista y cerca estuvo de anularse la experiencia, pero cuando la pasión del fútbol invade a unos pocos, es más que suficiente para juntarse a jugar. Así se cumplió uno de mis grandes objetivos. A las siete de la tarde llegué al pabellón, había un montón de chicos jóvenes jugando y algunos otros esperando. Todos gritaban y reían. Uno de ellos se acercó, era Lucas, uno de los amigos con los que había disfrutado del partido del Sao Paulo un día antes.

-¡Vente! Te voy a presentar a tu equipo.

Allí estaban todos, les di la mano uno por uno y poco después nos tocó jugar. Llevaba tres meses sin tocar balón y estaba tieso, pero pronto se me olvidó ese detalle y empecé a disfrutar como un enano. Aquella tarde pasó rápido, fuera caía agua a raudales y nosotros, ajenos a todo, sólo corríamos por la cancha detrás del balón. Los brasileños jugaban entre bromas, las sonrisas participaban en el juego tanto como los pies. Que mayor placer que imaginarte algo y que ocurra tal y cómo lo pensaste. Esto iba de sueños por cumplir, de fotos en la memoria y de momentos inolvidables, y desde luego que este fue uno de ellos.

ilustracion-parte-2

4. Atardecer en el Pan de Azúcar.

Aquel día no tenía plan, quería trabajar en la zona común del hostel y pasar una tarde tranquila. Fui a pedirme una cerveza ordenador en mano y volví a uno de los sofás de la sala. Por ahí andaba un chaval, de cuyo nombre no puedo acordarme, que apareció para recomendarme uno de esos atardeceres que te dejan con la boca abierta. El chico me dijo que estaba a tiempo de disfrutar de la caída del sol en uno de los sitios con las vistas más privilegiadas de Río y ante su insistencia (que la verdad, tampoco fue mucha) no pude hacer otra cosa que prepararme y salir en el primer bus que encontré.

Fue un gran día. Cuando llegué a lo más alto del Pan de Azúcar empecé a pasear, el sol caía y yo buscaba un sitio donde disfrutar el momento. Apareció. Un bar, una terraza y una cerveza, a la izquierda, la inmensidad del océano bajo nosotros, y a la derecha, la ciudad maravillosa, Río de Janeiro. Brindé conmigo mismo por tan genial instante y sonreí. Ha habido atardeceres mágicos durante el viaje y este desde luego fue uno de ellos. Desde aquí le doy las gracias a aquel chico sin nombre que me dio la clave para vivir un momento único.

Pan de azúcar

5. Empaparse bajo las cataratas de Iguazú.

La guinda final del viaje, el adiós perfecto. Después de casi tres meses dando vueltas por el increíble continente sudamericano recalé en Foz de Iguazú. Desde allí y sabiendo que me esperaba algo especial me dirigí a las increíbles y ansiadas cataratas. Brasil me enamoró a base de agua en este último encuentro y por ello mi ilustración está tan en contacto con el azul, quería reflejar cada gota que cayó sobre mi en el dibujo y así lo he hecho. La naturaleza mostraba toda su fuerza y yo, que estaba eufórico, sólo podía sentarme a observar y recordar cada momento del viaje. Pero tranquilos, las despedidas vendrán en el siguiente post.

Brasil

Brasil, ha sido todo un placer.

 

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