Iosu Lopez 30 Dic 2015

Los Añangu, comunidad ancestral de la Amazonía ecuatoriana

Añangu en quichua se refiere a un tipo de hormiga. Algunos quizás tengáis una imagen de ella. Caracterizada sobre todo por cargar varias veces su peso, es normal verla incansable de la mañana a la noche con un pedazo de hoja verde a la espalda yendo de aquí para allá. Ese tipo de hormiga también da nombre a los Añangu, una comunidad kichwa que al igual que dicha hormiga, trabaja unida y sin descanso en el Parque Nacional Yasuní, lugar donde residen. Y allí precisamente es a donde fuimos para conocer la Amazonia ecuatoriana de la mano de los que más saben de ella, uno de los pueblos indígenas con una cultura ancestral y desconocida a partes iguales, los quichuas.

Cogimos un bus de nocturno durante unas 10 horas desde Quito hasta ciudad del Coca, en la provincia de Orellana, donde nos disponíamos a empezar nuestra penúltima aventura en Destino Sudamérica por la selva. Llegamos de mañana con los primeros rayos de sol al Puerto de la Misión en Coca, el último bastión de la civilización antes de adentrarnos por el río Napo. Allí una embarcación esperaba para transportarnos junto a turistas y nativos al Parque Nacional Yasuní. Tras dos horas de zigzagueo en una fueraborda buscando la profundidad del río Napo, nos adentramos en la selva.

Hormiga Añangu en el Parque Nacional Yasuní

Hormiga Añangu en el Parque Nacional Yasuní

Y así llegamos a un pequeño pueblo de cerca de 140 habitantes en el interior del Yasuní. Los Añangu son una comunidad trabajadora y bien organizada que ofrece al visitante la posibilidad de pasar algunos días con ellos para conocer su cultura y descubrir los secretos escondidos de la madre naturaleza en el Yasuní. Hoy en día cuentan con médico, escuela e incluso algunos voluntarios extranjeros que pasan temporadas en la comunidad para enseñar inglés a sus habitantes, sin perder eso sí, ni sus raíces ni su identidad.

Cartel de entrada a la comunidad Añangu.

Cartel de entrada a la comunidad Añangu.

En la aldea todos arriman el hombro en las diferentes tareas del Yasuní Kichwa Ecolodge -término este último que hace referencia a un alojamiento de alto standing respetuoso con el medio- que han creado en torno a la comunidad, y que da continuidad a un sueño anterior cumplido por los Añangu hace algunos años: el Napo Wildlife Center. Fiel al estilo de la comunidad, las cabañas respetan la tradición y la conjugan con la comodidad del mejor de los hoteles en un lugar incomparable.

Escuela y campo de fútbol de la comunidad.

Escuela y campo de fútbol de la comunidad.

Desde que pusimos un pie entre los Añangu nos dimos cuenta de que teníamos mucho que aprender. Escuchamos las historias de como no siempre han gozado de la posesión del territorio que hoy ocupan. Tras períodos de luchas e inestabilidad, un tratado con los Huaorani (otro de los grupos indígenas del Ecuador) les dio en propiedad cerca de unos 18 kilómetros cuadrados de tierra a lo largo del Napo, que desde entonces cuidan y gestionan en comunidad, tomando las decisiones en conjunto por medio de una asamblea. Su principal actividad es el turismo sostenible, en el que todos participan ocupando diferentes cargos y tareas; desde la posición de administrador, pasando por los guías, barqueros y cocineros.

Cabaña donde se alojan los huéspedes en la comunidad Añangu.

Cabaña donde se alojan los huéspedes en la comunidad Añangu.

Descansamos del largo viaje en nuestra lujosa cabaña, y a escasos metros de nuestra ventana, la inmensidad y la espesura de una selva nos cautivó con su amalgama de sonidos. Tras una breve siesta, salimos de excursión a conocer los alrededores. Nos equipamos con un par de botas de goma y nos aconsejaron usar protector solar y mucho repelente contra los mosquitos. Buenos consejos siempre que uno se dispone a visitar la selva.

Torre de observación cerca de la comunidad Añangu.

Torre de observación cerca de la comunidad Añangu.

Nuestro guía durante nuestra estadía en la comunidad fue Mauricio Jipa, un amante de las aves y del trabajo de campo que sabe escuchar como nadie los sonidos de la selva. Con él, caminamos durante media hora por un terreno pantanoso entre la maleza hasta llegar a una torre de observación próxima al campamento. Elevándose hasta los 36 metros, desde ella se puede observar la selva, y si se es afortunado, divisar multitud de animales.

Mauricio, nuestro guía kichwa.

Mauricio, nuestro guía kichwa.

En el Yasuní Añangu, todo está muy organizado. Cada mañana Mauricio tocaba al alba nuestra puerta para media hora después, vernos en el comedor principal para disfrutar del desayuno. Tras ello, tocaba una excursión a los saladeros, una de las actividades que más nos gustaron. Los saladeros son lugares donde aves de todo tipo se reúnen para tomar sales minerales que les ayudan a digerir algunos de los alimentos tóxicos que comen y que dan ese color tan vivo a su plumaje. Dependiendo del día y de la hora, se puede ver un arcoíris de diferentes colores entre loros, periquitos y guacamayos. Toda una experiencia poder verlos desde tan cerca. Al terminar cada salida, de vuelta en la aldea como premio a nuestro esfuerzo, nos recibían con un refrescante jugo (zumo) de frutas que nos renovaba por dentro.

Saladero de aves en la comunidad Añangu.

Saladero de aves en la comunidad Añangu.

Durante nuestro tiempo libre nos dedicamos a conocer más de cerca la comunidad. Los Añangu son abiertos y cercanos, y compartir el idioma nos ayudó a integrarnos más rápidamente. Tuvimos oportunidad de charlar con algunos de sus habitantes sobre el futuro de la comunidad, jugar al futbol con algunos niños y visitar la escuela. Y no sólo eso, incluso nos dio tiempo de aprender algunas nociones básicas de quichua. Una experiencia impagable.

Mujeres kichwa

Mujeres kichwa

Los quichuas se levantan siempre de madrugada para, entre otras cosas, cumplir con una de sus tradiciones más antiguas: la Guayusada. En ella se interpretan los sueños y en base a ellos se organiza la jornada. La guayusa es una planta amazónica que se consume principalmente en infusión, y según los indígenas provee de fuerza y energía. Durante nuestra estancia nos invitaron a compartir una Guayusada. Nos reunimos a las 5:30 de la mañana en una cabaña a las afueras del pueblo y mientras una señora nos ofrecía un té de guayusa, empezamos a compartir nuestros sueños. Mauricio es un experto, y entre sorbo y sorbo, nos daba una interpretación de ellos. Por ejemplo, si sueñas con volar quiere decir que tendrás una vida larga.

10.-Indigena-kichwa-guayusada

El último día, los Añangu nos dedicaron una cena especial en la que pudimos disfrutar de las extraordinarias comidas del Yasuní Kichwa Ecolodge: sopas, carnes y pescados al estilo de la cocina quichua. Platos exquisitos con sabores espectaculares.

La comunidad cuenta con un centro de interpretación cultural de mujeres Añangu

La comunidad cuenta con un centro de interpretación cultural de mujeres Añangu

El turismo sostenible ha traído estabilidad y futuro a la comunidad. Es su motor económico de presente y de futuro. Mauricio Jipa, nuestro guía durante los días que pasamos entre los Añangu, repetía a menudo una misma idea: “Nuestra misión es preservar la selva para mantenerla intacta y que de esa manera futuras generaciones puedan disfrutarla tal y como la vemos hoy”. Esa se ha convertido en una meta y una obligación para ellos.

Observando aves desde una torre próxima a la comunidad Añangu.

Observando aves desde una torre próxima a la comunidad Añangu.

Y al final todo lo bueno se acaba, aunque nos quedaba lo mejor. Nos despedimos de nuestros nuevos amigos en lo que dijimos que sería un hasta luego, ya que volveremos. Todavía nos quedaba selva y fauna por descubrir, nos íbamos del Yasuní Kichwa Ecolodge pero nos esperaba el imperial y extraordinario Napo Wildlife Center.

Queremos agradecer a Mauricio Jipa (nuestro guía), al equipo del Yasuní Kichwa Ecolodge y a toda la comunidad Añangu por su hospitalidad y profesionalidad durante nuestra experiencia en la selva del Yasuní.

 

 

 

 

 

 

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