Estela y Laura 26 Abr 2014

La intensidad de Machu Picchu

Después de tanto tiempo esperando este momento por fin llegaba.
Eran las cuatro y media de la mañana, como  habréis comprobado nos gusta lo de levantarnos bastante de madrugada, nunca antes habíamos madrugado tanto… Allí estaba Pepe linterna en mano, intentando despegarnos de los sacos de dormir. Y es que en Mándor aunque con frío, dormimos profundamente, por allí no suena ni un ruido mas que el de los pájaros, grillos y lechuzas y sí, por fin nos hemos olvidado de los claxons.

Rápido nos preparamos para comenzar el día más intenso de nuestras vidas, por lo menos hasta ahora. Cogíamos las linternas y nos abrigábamos bien, la noche aún era oscura y fría. No os imagináis cuanto han aportado a la aventura las caminatas a oscuras, alumbrados con sólo 7 linternas para 11.

Comenzamos a caminar a paso ligero por las vías del tren hasta que llegamos al control. Allí chequearon nuestras entradas, cruzamos el  río y comenzamos a subir, y digo subir porque fue un desnivel de 500 m, prácticamente en línea recta, por medio de innumerables escaleras.

Maravilladas por como aún se conservaban aquellos grandes e irregulares escalones comenzamos a subirlos. La energía de la mañana y las ganas de llegar a Machu Picchu eran nuestro motor, hasta que comenzaron a rugir nuestros estómagos, con su llamada de atención paramos en un lado del camino y desayunamos ricos sándwiches de palta y de queso y después retomamos el camino. Al principio, llenas de ganas y emociones subir escalones era tarea fácil, pero a medio camino nuestras piernas ya comentaban entre ellas que a donde subíamos. El sol comenzó a salir, y disfrutamos de su aparición, abriendo nuestros brazos frente a él, para que nos llenara de energía y nos acompañara.

Saludo al sol

Cuando terminamos con nuestros baños solares seguimos el camino. Una hora más tarde y por lo menos 1000 escalones mas arriba, llegábamos a la entrada de Machu Picchu ciudad

¡¡ HABÍAMOS LLEGADO!!

Aprovechando que era muy temprano  y que no había llegado aun mucha gente, entramos rápido a la ciudadela.

Impactadas estuvimos cinco minutos sin parpadear, contemplando aquella maravillosa, imponente y gigante ciudadela que habían construido los incas 500 años atrás. Y por su puesto aprovechamos para tomar nuestra foto en Machu Picchu, ya que no había prácticamente gente.

Llegando a la ciudadela de Machu Picchu

Con las fotos tomadas, fuimos directas a la montaña de Machu Picchu, y si creíamos que habíamos subido un sinfín de escaleras era porque no conocíamos el reto que nos estaba esperando. Por lo menos 2000 escalones incas más, otro desnivel de 800m, esta vez los escalones eran mas irregulares, algunos altos, otros muy pequeños, al principio no era muy empinado, pero a partir de la mitad del trayecto la cosa se puso seria, muy seria. No nos dejábamos de preguntar como los incas construyeron aquella escalera interminable. El tiempo de caminata, el cansancio de los tres días anteriores, la falta de oxígeno y el madrugón nos dieron que pensar en las posibilidades mas remotas y generar las hipótesis más descabelladas, como que, con pensamientos telepáticos de los incas, hacían que en la montaña aparecieran lo que imaginaban o que con las ondas de sonido las piedras grandes y pesadas cambian su configuración molecular y dejaban de pesar y así las transportaban o que simplemente eran magos, y así dábamos explicación, tanto a la construcción de Machu Picchu, las ruinas que se encuentran por todo el valle sagrado, los templos de Waynapichu… y nos convencimos de ello.

Después de mucho esfuerzo, calor, sudor y vencer a las dudas de si íbamos a llegar hasta arriba, allí estabamos a 3082 m de altura, contemplando todo el valle sagrado, la ciudadela de Machu Picchu, y por supuesto descansando nuestras piernas.

Allí arriba pese a que falta el oxígeno, se respira de otra manera, el esfuerzo de los cuatro días, y sobre todo el esfuerzo de la subida desde Mándor a las cuatro de la mañana hasta allí arriba, desaparecen. Aquella panorámica, todo lo que se siente allí arriba, te sientes fuerte, capaz y poderosa a su vez tan pequeña frente aquellas gigantes montañas y frente a esa construcción inca que nubla cualquier entendimiento.

en lo alto de Machu Picchu

La dura realidad aparece cuando toca bajar, después de llevar casi 7 horas caminando, lo que te apetece es quedarte allí arriba por lo menos un par de horas, pero claro La ciudadela de Machu Picchu nos estaba esperando abajo con los brazos abiertos.

Con las rodillas algo resentidas y el grupo de nuevo reunido, comenzamos la visita guiada de la ciudadela, donde nuestro guía nos explicaba algunas de las curiosidades que se han ido descrubriendo con el estudio de aquella maravilla del mundo. Ya que son muchísimos los profesionales que quieren estudiar todos los misterios que allí están latentes. Como la orientación exacta del templo del sol y del templo del cóndor. La canalización del gua para distribuir el agua por sus terrazas, la gran piedra sagrada con forma de Apu, los espejos que permiten ver los fenómenos astronómicos como los eclipses, cómo cortaban aquellas grandes piedras de granito sin las maquinas que hoy tenemos y sobre todo cómo lo hacían con esa calidad, las construcción piedra sobre piedra sin cemento barro o material alguno.

Machu Picchu ciudadela

Fascinante el talento y conocimientos que tenían para su época, ya que muchas de las cosas que interpretan de lo que allí queda, para nosotros hoy en día son cosas contemporáneas. Lástima que no dejaran escritos, para poder entender mejor su cultura, y poder conocer el significado de  esta gran obra de arte, de agricultura, de ingeniería, de astrología, de culto…

De pronto los truenos nos sorprendieron, y bajo una lluvia torrencial salimos de allí, con ganas de quedarnos horas y horas en aquel lugar mágico y lleno de misterio. Una dura caminata de escalones nos esperaba. Esta vez hacia abajo, pero con agua hasta las orejas.

Lluvia en Machu Picchu

Llegamos hasta Mándor aun con la luz del sol de acompañante, recogimos las mochilas y emprendimos camino de regreso hacia la hidroeléctrica donde nos esperaba la combi de Cano, para llevarnos a las aguas termales.

Rápido calló la noche, la adrenalina de caminar de noche apareció de nuevo, lo que hizo  que el cansancio de tantas  horas de caminata desapareciera, bueno, el cansancio y el código que crearon nuestros amigos argentinos para caminar por las vías del tren y esquivar las amenazas del terreno, para los que íbamos por detrás apenas sin luz. ¿Ya dije que teníamos 7 linternas para 11 no? Cuando el líder hi-pot, llamado así por sus amigos, cuando decía cuatro cambiamos el rumbo hacia la derecha, seis si era hacia a la izquierda y si decía cinco era salto, así nos librábamos de meter los pies en charcos, tropezarnos con ramas, cambiar terrenos pedregodos por otros mas cómodos y llanos, nos preparábamos para cruzar puentes…

Tres horas entre risas, cambios de rumbo y saltos, llegamos por fin a Cocalmayo, donde las aguas termales, la tranquilidad y oscuridad de la noche, nos arroparon durante largas horas, en las calientes aguas. ¡¡ Hasta nos quedamos dormidas dentro!!

Dormimos como bebés en nuestras tiendas, bien relajadas después del baño y emprendimos el camino de vuelta hacia Cusco, haciendo parada en Ollantaytambo, esta vez sí para quedarnos. Anduvimos por sus calles apreciando la arquitectura de las puertas, los acueductos para el agua, la construcción del templo del sol.

Callejuelas Ollantaytambo

Ya de vuelta caímos todos dormimos en la combi de Cesar, y menos mal, porque aquellas curvas tortuosas, aquellos adelantamientos y frenadas de emergencia eran para marearse. Bueno es que más de uno se mareó…

Llegamos a la realidad, al momento de despedirnos de nuestros compañeros de aventuras en estos intensos cinco días, la aventura de Machu Picchu había llegado a su fin, y en nuestras retinas y en nuestros corazones mil imágenes y sentimientos que aun tenemos que asimilar. Pero ya estamos preparando las mochilas de nuevo para volar a Puerto Maldonado, la selva nos ha cautivado. A ver que o quienes encontramos por allí. Lo que tenemos claro es que la aventura en la selva esta asegurada.

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24 comentarios en
“La intensidad de Machu Picchu”

  1. myriam parra

    Macchu Picchu es nuestra propia Meca del Occidente: hay que conocer las ruinas, disfrutar el momento y compartirlo

  2. titi isabel

    Desde luego es una aventura increíble, maravillosa, a pesar de los inconvenientes. Todo merece la pena por ver esas maravillas de civilizaciones antiguas, que como bien decís son a veces inexplicables para nuestra realidad presente. Espero ir algún día y gozar como vosotras. Muchos besos

  3. F Javier

    Uffff que ganas de hacer esa ruta.. Desde muy joven siempre ha estado en mi mente subir y vivir el Machu Pichu. Envidia sana si es que existe

  4. Miguel

    Sin lugar a dudas Machu Picchu es un lugar mágico y es indispensable que todos los peruanos lo conozcamos ya que cuando viajas al exterior siempre te preguntan por tan extraordinario destino mundial.

    1. Estela Mondéjar

      Dependiendo de tu economía, puedes hacer en Aguas Calientes, que es más caro, llevar tu propia tienda y dormir por el camino, o dejarte caer por los jardines de mándor y preguntar si puedes alojarte ahí mismo. Pero eso la noche de antes de subir a Machu. Dos noches antes de subir y la misma del día de subir Machu, te aconsejo ir a las Termas de Cocalmayo, a 15 minutos de Santa Teresa (a media hora de la hidroeléctrica) y acampar, podrás disfrutar de las aguas termales y plena tranquilidad.

  5. Rodrigo

    Ufff.. fui a Machu en Febrero pasado y realmente sentí las mismas cosas que pusiste en tu relato, es un lugar hermoso y lleno de energía. Sin duda, te deja con la boca abierta. Recomendado para todos quienes quieran ir!

  6. javier

    Estuve hace 3 años y me quedé enamorado de los bonito y la magia que tenia el lugar. Es una de las maravillas del mundo y como tal hay que visitarla.

  7. Valentina

    Lugar soñado!!!! Caminamos hasta que los pies no nos dieron más, se nos hizo de noche…. Algunos se apunaron un poco, pero llegamos!!!!! Machupichu increíble y mágico lugar!!!! Tengo que volver

  8. Laura

    Cuando una llega al Machu PIcchu se olvida de todo. Es un sitio realmente mágico que nadie debe perderse en esta vida y, quien no tenga vértigo, le recomiendo que suba al Wayna Picchu. Subir es increíble pero las vistas que se tienen desde la cima son espectaculares.

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