Estela y Laura 05 May 2014

La costa nos estaba esperando…

Laura y Estela en Tumbes

Bien temprano cogíamos una mototaxi en Iquitos para que nos acercara al aeropuerto y coger nuestro vuelo hasta Tumbes. Haciendo escala en Lima, y tras 4 horas, llegábamos. Esta vez no coincidía la tripulación pero creemos que sí el avion. Pasamos la mañana comiéndonos los snacks que dan en los aviones, que son muy completos, y eso hizo que llegáramos a Tumbes a la hora de comer pero sin hambre.

Pedimos un taxi para que nos acercara a la Plaza de Armas. El taxista era algo alarmista y estuvo los quince minutos del trayecto asustándonos con un montón de cosas: que si había muchos robos, que no cogiéramos mototaxis y un sinfín de cosas que no debíamos hacer. No sabemos porqué, pero no se creía que no ibamos a Ecuador, que nos quedábamos en Tumbes.

Luego entendimos que Tumbes no es muy turístico, la gente sólo llega allí porque hay aeropuerto y estaciones de buses. Es la ciudad para pasar a Ecuador, pero allí pocos se quedan.

En la Plaza de Armas nos paró la policía para comentarnos que no saliéramos del centro, que al ser una ciudad de costa y fronteriza había mucha delincuencia. Ya nos tomamos algo más en serio las advertencias del taxista, pero la verdad que de todo aquello no veíamos nada.

Plaza de Tumbes

Comimos con Jonathan y Kevin, nuestros personajes del día, en un bar de la plaza donde probamos por primera vez el cebiche, nuestro plato del día.

Nuestros caminos se separaron después de comer, unas risas y largas conversaciones. Con la información que nos proporcionaron en el bar tomamos rumbo a Puerto Pizarro para visitar los manglares. En la calle Huasca hay dos cocheras de donde salen colectivos hacia el puerto. Aquí en Tumbes la palabra colectivo adquiere nuevo significado. Aquí es un coche que tiene un destino, en este caso Puerto Pizarro, y en vez de pagar tú el trayecto esperas a que el coche se llene para partir. Así, en vez de costarnos 20 soles, nos costó 5. Al llegar conocimos a una familia de Tumbes encantadora y al taxista que nos informó sobre los paseos en bote para ver los manglares y los paseos del puerto.

Como no se llenaba ningún bote turístico un chico nos dijo que nos llevaba a nosotras, y como la oferta era buena y el sol se iba, decidimos no esperar y aceptar. Así que vimos los manglares en un bote para nosotras solas.

Manglares de Puerto Pizarro

El paseo duró una hora y media. Es alucinante la unión entre el mar, el río Tumbes que desemboca allí y la selva unidos en un paraje incomparable e indescriptible. Aunque lo que realmente nos dejó con la boca abierta fue la cantidad de aves que allí había. Aves fragata magníficas, albatros, pelícanos pardos, multitud de chorlos, diferentes tipos de gaviotas, cormorán neotropical, piquero peruano. También nos habló nuestro guía del cocodrilo de Tumbes, el cangrejo rojo, la cría de camarones, los métodos de pesca que se usan en el manglar y las subidas y bajadas de las mareas.

Aves en los manglares

Le estamos cogiendo el gustito a navegar, debe de ser porque es un medio muy desconocido para nosotras. Hasta el momento, nos quedamos con la canoa pequeña de la selva, el teke teke.

Ya de regreso a Tumbes, el señor del colectivo nos explicó que también había colectivos que salían del centro con dirección a Zorritos, nuestro próximo destino.

Con un impulso decidimos ir a Zorritos. Contando con que habíamos cargado todo el día con las mochilas porque ni buscamos alojamiento, le dijimos al señor del colectivo que nos dejara en aquel paradero. Allí estuvimos unos quince minutos esperando a llenar el colectivo, echando unas risas y unos vaciles con los conductores, mientras nuestro chófer gritaba por la calle “Zorritos, dos ; Zorritos, dos”, a todo el que pasaba para llenar el coche.  Viajamos con una mujer del pueblo anterior, Cruz, que se alarmó un poco al ver que viajábamos las dos solas, y empezó a pedirle al conductor que llegáramos a nuestro destino, no entendíamos nada. Ya en Zorritos, sanas y salvas, el chico con el que viajábamos en el colectivo nos dio consejos para manejarnos por Zorritos. Hasta llamó a su primo para que nos llevara en mototaxi al alojamiento.

Aunque llegábamos un día antes de lo previsto, no tuvimos ningún problema para encontrar cama. Ya os hablamos de este lugar, es el paraíso. Y sí, sanísimas y contentísimas, acabábamos nuestro día en Tumbes sin conocer su lado oscuro, más bien al revés, conociendo su lado más dulce. Toda la gente con la que nos encontramos no tuvo más que buenas acciones, consejos, palabras e información para nosotras, aunque algunos de ellos nos quisieran alarmar sobremanera y nos saturaran un poco con tanta información negative. Pero en el fondo sabemos que lo hacían para cuidarnos y protegernos porque aquí, que dos chicas viajen solas, no es lo más habitual.  El día ha sido intenso y nos vamos a descansar en este limbo en el que estamos, con el romper de las olas de fondo. Ya os contaremos en unos días qué tal.

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Un comentario en
“La costa nos estaba esperando…”

  1. titi isabel

    Estaréis contentísimas de ver tantas aves y animales muy diferentes a las nuestras, Merece la pena ir a ver esa maravilla.

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