Kepa Acero 09 Mar 2015

Kepa Acero descubre la cuidad inca del sur

Claramente en el Google Earth se veía que allí había una izquierda kilométrica, lo difícil sería llegar hasta ella. Mi plan consistía en escalar una montaña de más de 3.500 metros de altura y desde allí avistar la ansiada izquierda. No sabía lo que me iba a encontrar allí, pero en eso reside precisamente el espíritu de aventura, en la incertidumbre.

Pensé que cinco duros días de trecking por la selva amazónica serían suficientes para llegar a la cima de la montaña. Finalmente, la expedición me llevo nada más y nada menos que 22 días de supervivencia. Los víveres se me acabaron así que tuve que alimentarme a base de hongos y gracias a dios que alcance a cazar a un alce, de lo contrario igual no estaría aquí cómodamente  tomando una taza de café, escribiendo lo allí acontecido.

También me siento con la obligación de nombrar a mis dos únicos compañeros y amigos en aquella odisea. Un libro de Jack London “El vagabundo de las estrellas” y la foto de mi guía espiritual que siempre llevo en la cartera, El Capitán Sparrow. Solo y sin ellos, nunca habría sacado fuerzas para  llegar hasta allí.

3.MACHU

Después de mas de tres semanas caminando, al fin llegué a la cima de la montaña y desde allí avisté por primera vez el mar. No podía creer lo que veían mis ojos. Una misteriosa ciudad, al parecer construida por la civilización inca, se alzaba ante la majestuosa izquierda. Aquella visión de la punta, aquellas ocho líneas de olas perfectamente encadenadas, fue lo más hermoso que he visto en mi vida. Por un momento pensé que aquel escenario, podía ser fruto de los delirios provocados por alguna seta alucinógena que había ingerido desesperadamente en el camino. Pero no, aquello estaba pasando y yo era el privilegiado de ser el único hombre en la tierra que tenía a dios ante mi.

5.MACHU

Las civilizaciones pre incas e incas empezaron a surfear hace más de 5.000 años. Probablemente exploraban las costas para encontrar una legendaria izquierda “Mamape, la ola que nunca termina”. 

Debieron de sentir lo mismo que yo cuando la vieron por primera vez. 

Probablemente construyeron aquella ciudad en base a la ola, templo sagrado de los incas. Una civilización de surfistas que entendió el surf como una manera de conectar con la naturaleza y con dios. Autosuficientes, estos surfistas prosperaron durante siglos con lo justo y necesario.

Maldigo el día que llegó el malvado Pizarro con sus tropas castellanas y arrasaron con aquella gente. Lejos de buscar una experiencia religiosa o una conexión con el entorno, a Pizarro le movía “El Dorado”, montañas de oro. La codicia, una vez más, acabó con la armonía de una civilización utópica y me hace pensar que un mundo mejor es posible.

De qué le sirvió a Pizarro todo aquel oro, si murió como tod@s, sin nada. Sin embargo, la magia de la ola de Mamape sigue intacta por los siglos de los siglos.

Al fin y al cabo, nosotros nos vamos, y lo único que perdura es la naturaleza.

“La Cuidad Inca del Surf”, un falso documental de Kepa Acero.

6.MACHU

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