Ana Peralta 11 Jul 2014

¡Ilhabela, si estoy soñando, por favor que no me despierten!

Sin billete y sin tener una idea exacta de a qué hora saldría el bus para Sao Sebastiao y sin saber con certeza si al llegar allí podría tomar la balsa que va a Ilhabela, salí en metro hacia la estación de Tiete de Sao Paulo. Pero, una vez más, parece que la suerte estaba de mi lado. Al llegar a la estación eran las 11 de la mañana y pude encontrar asiento para el bus de las 11.30. En total, tres horas de viaje. En el tramo final, antes justo de llegar a Sao Sebastiao, hubiera querido detener el tiempo. Las vistas de Ilhabela desde lo alto de la montaña son sencillamente indescriptibles.

barcas-ilhabela

Pero si la suerte me había acompañado en las conexiones, no lo iba a hacer tanto con el clima. Se anunciaban lluvias prácticamente hasta el día de mi salida de la isla. En Sao Sebastiao no tuve que esperar ni 10 minutos para tomar la balsa hacia Ilhabela, pero las nubes ya amenazaban días de chubascos.

castelhanos

Ilhabela es prioritariamente el destino de vacaciones de los paulistas –a 210 km de Sao Paulo-, muchos de ellos tienen aquí su segunda residencia. Aunque en temporada alta, en verano, llegan turistas de todas partes. Ahora la isla o, más bien, el archipiélago muestra una postal tranquila y sosegada. Sus pequeños pueblos se extienden por el litoral oeste de la isla de norte a sur. En el este apenas se congregan pequeñas comunidades tradicionales caiçaras, dado que el acceso a esta parte es mucho más difícil. Apenas se puede llegar por barco o a través de caminos forestales, “trilhas”, poco aptos para los turismos.

castelhanos barcas

Al descender de la balsa en Ilhabela, a pocos metros hay un paradero donde salen con relativa frecuencia los autobuses que cubren buena parte del litoral. Me subí a uno de ellos, ya que había decidido hospedarme cerca de la Vila, el centro histórico y comercial de la isla, que aún guarda vestigios del pasado a través de sus edificios. La Igreja Matriz Nossa Senhora DÁjuda e Bom Sucesso, la Antigua Cadeia e Forum o la colonia de pescadores son algunos de ellos.

iglesia ilhabela

cañones ilhabela

Vila

Vila es probablemente el pueblo más bonito, pero también el más caro de la isla. Cuando descendí del bus en la pequeña plaza fui directa a la oficina de turismo. No tenía alojamiento, era tarde y estaba realmente cansada. Para mi sorpresa, el chico que atendía la oficina me dijo que en esa parte de la isla era difícil encontrar pousadas económicas, que tendría que ir como mínimo hasta Saco da Capela, la población próxima a Vila yendo hacia el sur, para buscar algo más económico.

playa ilhabela

Nuevamente cargada con las dos mochilas hice a pie el camino en busca de un lugar donde dormir. La primera indicación me llevó hasta una pousada imposible para mi presupuesto. Tuve que caminar bastante para encontrar una segunda. Cuando vi el cartel, pensé que estaría cerca, pero una suerte de colina casi peor que las de Ouro Preto, de esas que quitan la respiración, me esperaba hasta llegar a la pousada Mariola. Cuando llegué arriba me encontré con una casona enorme construida con maderas de bambú y la decoración del interior realmente exquisita. Ya estaba imaginando que tendría que volver otra vez sobre mis pasos.

mariola pousada

Me atendió Gilmam, quien se iba a convertir en mi benefactor los próximos días. Al verme cargada con las mochilas y sudando como si no hubiera mañana, me preguntó sorprendido si había llegado a pie. “Sí”, le dije casi sin aliento. Enseguida me ofreció un café y reposar un rato. Después me mostró uno de los cuartos. Quedé hipnotizada por las vistas del pequeño puerto y la amplitud de la habitación. ¡Creo que hace siglos que mis huesos no reposaban en un sitio así! De la forma más diplomática que pude me excusé diciendo que me encantaba el lugar, pero que mi bolsillo probablemente no estaba hecho a la medida de un sitio así.

Gilmam

habitación

vistas pousada

Mi suerte cambió al mencionar mi participación en el blog Destino Sudamérica de LATAM Airlines. Alberto, el dueño de la pousada, es un fiel amante de todo lo que suponga difundir este rincón maravilloso de Brasil que es Ilhabela. Así que, sin esperarlo, me vi hospedada en una de las pousadas más hermosas de la isla. Aunque he de decir que si el alojamiento es increíble, aún lo es más la atención de todo el personal que trabaja en la pousada. Durante mi estancia me ayudaron en todo lo necesario y me facilitaron información esencial para recorrer la isla. Alberto y su esposa me invitaron incluso la última noche a cenar en su casa, donde mantuvimos una charla amena y rápida porque yo debía tomar la balsa de vuelta Sao Sebastiao. Me prepararon hasta un sándwich para el camino y me llevaron en su coche hasta el ferry.

alberto

pousada mariola

La mañana siguiente, como anunciaban todos los pronósticos, se levantó con lluvia. No pude salir de la pousada hasta bien entrada la tarde. Aún así, me dio tiempo a recorrer buena parte de las playas del norte. Desde Saco de Capela hasta Ponta das Canas, unos 8 kilómetros, fui recorriendo a pie cada una de las pequeñas “praias”. Quizá de las que más me gustaron fueron la de Barreiros, Viana y Siriúba. No llegué hasta la famosa Jabaquara, una de las más hermosas del norte junto con la praia do fome, a esta última solo se puede acceder por barco.

playa norte

playa tierra

palmeras-columpios

praia viana

palmera

Ese mismo día, Brasil jugaba contra Alemania en el mundial de fútbol 2014, una tarde fatídica sin duda para los brasileños que vieron rotos sus sueños de llegar a la final de la Copa. Nadie se esperaba un resultado así, probablemente ni siquiera los propios alemanes. La goleada fue tan impactante que el pequeño pueblo de Vila quedó enmudecido por unos minutos. El restaurante donde cené se quedó vació, la retransmisión del partido continuaba en la pequeña pantalla, pero ya nadie parecía motrarle mucha atención.

A mi vuelta a la pousada, caminando por la acera, alguien hizo sonar el claxon de su coche. Luis, un paulista de mediana edad, me preguntaba si quería que me acercara a algún lugar. Al final terminamos compartiendo charla y cerveza frente al mar en la parte trasera de su casa. Así son los paulistas, amables y hospitalarios hasta la saciedad.

Al día siguiente mi intención era llegar hasta la bonita playa de Bonete, al sur de la isla. El problema aquí es que sólo se puede acceder a pie por un sendero de 12 kilómetros, por el que se atraviesan 3 cascadas, “cahoeiras” y una frondosa vegetación, o bien por barco. En verano tal vez es posible hacer ida y vuelta caminando, ya que hay más horas de luz, pero en invierno oscurece a las cinco o cinco y media de la tarde. Pregunté a los pescadores si alguno de ellos iba hasta allí, pero ese día no estaba saliendo ninguna barca. Bonete está en mar abierto y a veces la travesía se hace difícil si el mar está agitado.

La opción de ir caminando podía provocar que después no pudiera volver, así que decidí ir a la playa de Castelhanos, la postal por excelencia de la isla. Queda en el lado este y a ella se llega por un camino de 24 kilómetros solo apto para Jeep. Cerca de la playa de Perequé se puede encontrar fácilmente un vehículo que te lleve hasta allí. Ya sólo el camino que atraviesa el Parque Estadual para llegar a Castelhanos merece la pena. La mata atlántica, bosques y cascadas son la compañía en el trayecto y si hay suerte incluso se puede ver algún animal.

coche

cahoeira ctra

arbol castelhanos

castellanos 10

Lo mejor de venir en esta época es que, aunque el tiempo no acompañe demasiado, se puede disfrutar de la playa casi en solitario. Y en ocasiones, como fue mi caso, el sol termina saliendo y la imagen de la playa de Castelhanos es realmente inolvidable. Para quienes os guste caminar, en uno de los extremos de la playa sale un camino que lleva hasta la Cachoeira do Gato, 4 kilómetros de ida y vuelta que terminan en una caída de agua de 65 metros, una de las más altas de la isla. El agua está helada, pero la caminata hasta allí rodeada de vegetación es mágica.

castelhanos 4

cachoeira vertical

bosque

En el otro extremo de Castelhanos hay un pequeño sendero de ardúa subida que sólo los locales conocen y que lleva a una especie de mirador natural desde donde hay unas magníficas vistas de la playa. He de reconocer que si no llega a ser por un joven local que me acompañó hasta allí, quizá todavía estaba dando vueltas perdida por la isla.

Praia Castelhanos

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Al final de la tarde, sentada en la playa, me las prometía feliz porque pensaba que no me habían atacado los borrachudos, una especie de mosquito diminuto que habita en la isla para mal del turista y de los locales. Cuando llegué a la pousada me di cuenta del festín que se habían dado con mi sangre; de cadera hacia abajo parecía que había sido atacada por el sarampión o que me había dado una noche de fiesta con el mismo Conde Dracula. Los borrachudos reinan a sus anchas en toda la isla, pero en especial en aquellas playas que están más aisladas y donde hay más vegetación. Así que conviene no confiarse, como hice yo, si no queréis sufrir la “mordida” de este diminuto y diabólico insecto.

castelhanos

El paréntesis de lluvias solo duró un día; a la mañana siguiente mi idea de recorrer el sur de la isla hasta las playas de Curral, Juliao, Feiticeira y Veloso, se quedaron sólo en la intención. Una intensa lluvia me sorprendió a mitad de camino, así que con la cabeza gacha y completamente empapada volví a la pousada.

Hoy salgo dirección a Río nuevamente, el final de mi destino y de esta nueva aventura que me ha llevado a rincones mágicos de Brasil. La sola idea de abandonar el país que tanto amo me da escalofríos, así que intentaré pensar que esto es, de nuevo, tan solo un hasta luego y que pronto volveré a recorrer sus playas, sus senderos y a compartir con sus gentes charlas y risas.

Último destino: Río de Janeiro, ¿te vienes conmigo?

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10 comentarios en
“¡Ilhabela, si estoy soñando, por favor que no me despierten!”

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Muchas gracias a tí, Isabel!
      Qué bueno saber que os gustan mis relatos y que disfrutáis viajando conmigo!
      Un abrazo enorme!

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Bueno, Wenceslao, también en Ilhabela llovió, pero cuando llueve en el paraíso es distinto! ;)
      Aunque, Buenos Aires es otro de esos lugares de los que una nunca quiere irse, aunque haga frío!
      Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo enorme!

  1. Nacho

    Uhmm. Tantos lugares bellos y al mismo tiempo tanta gente trabajando por unas pocas semanas de vacaciones… Espero que pronto; cuando el planeta evolucione poco más, podremos ver gente disfrutanto todo el año, sin necesidad de agolparse en la breve temporada alta.

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Cierto, Nacho!
      Tenemos que evolucionar a ser menos esclavos del trabajo y más testigos de nuestro propio mundo, para poder disfrutar de cada uno de los rincones maravillosos que tenemos en nuestro planeta.
      Un beso enorme!

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Com certeza, Maria!
      Ilhabela é maravilhosa! Eu quero voltar lá e curtir com as pessoas novamente!
      Obrigada por suo comentario!

  2. Fabbroni Ezequiel

    Hola Ana, espero que puedas ayudarme con esto. Quiero quedarme alojado en la playa de Castelhanos, hay algo como para poder hacerlo? Muchas gracias! Me gusto tu relato. Saludos.

    1. ANA PERALTA
      ANA PERALTA

      Hola Fabbroni, en la playa Castelhanos, al menos cuando yo estuve, había alguna opción privada, para alquilar alguna casa. Pero, la mayoría de las personas que acceden a Castelhanos, lo hacen a través del pequeño trekking que yo misma hice y que dependiendo del tiempo que tengas es lo más recomendable.
      Espero haberte ayudado. Muchas gracias por tu comentario y disfruta de esa fantástica isla.

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