Sele 25 Jun 2014

Ica, El Paraíso del Pisco y de la Adrenalina

A priori, la ciudad peruana de Ica, a mitad de camino entre Nazca y Paracas, no parece que sea una ciudad que se caracterice por su atractivo, y puede considerarse meramente un lugar de paso si no nos documentáramos bien acerca de todas las posibilidades que nos ofrece. Y es que nadie diría que a las afueras se encuentran, por un lado, las bodegas en las que se elabora el mejor pisco de Perú (la bebida nacional), y por el otro, un desierto con su respectivo oasis, en el que sacudirnos la adrenalina por medio de un turismo activo bastante especial.
Viajé a Ica desde Nazca. Lo que iba a ser una parada de cara a enganchar la costa peruana, terminó siendo uno de los puntos más importantes de mi recorrido por el país sudamericano. Es esencial haberse leído algo sobre la zona y, en caso de no haberlo hecho, preguntar a los ciudadanos o a las agencias de excursiones de la ciudad, qué opciones turísticas hay. Entonces aparece un abanico sumamente amplio y, sobre todo, sorprendente, que en mi caso terminó dejándome un par de días absolutamente intensos en el lugar.

De piscos por la tierra de los piscos
El enoturismo está de moda en Perú. O mejor llamarlo “piscoturismo”, porque aquí el mundo se centra en los deliciosos pisco sours que deben estar en todo aperitivo (también valen comidas, cenas y fiestas de guardar) que se precie. Se organizan distintos recorridos en Haciendas o bodegas, con cata de piscos incluídos en el precio. Una de las más usuales e importantes es Tacama, considerada el Falcon Crest peruano con unas instalaciones pertenecientes a la época colonial (fue una antigua abadía) rodeadas de hectáreas llenas de cepas y unas explicaciones convincentes del proceso de elaboración, preservación y distribución de la bebida nacional.

En El Catador, en cambio, nos mostraron una forma más artesanal (y modesta) de hacer piscos, aunque reconozco que la cata es mucho más amplia. Cantidad versus sibaritismo. Se sale con unos cuantos grados de más, por lo que viene al pelo haber contratado esta ruta en Ica y contar con conductor.
A mediodía hicimos otra cata en un pequeño restaurante cuyo dueño coleccionaba animales disecados. Y a esas horas, Ica nos había robado el corazón y la voluntad. Pero quedaba la otra mitad de la jornada…

Buggies y Sandboard por las dunas

De los viñedos a gigantescas e inabarcables dunas de arena. La costa peruana desde el sur hasta prácticamente Lima es un vasto desierto. Y próximo a Ica queda Huacachina, un pequeño oasis con lago incluido, rodeado de la arena que uno se espera del Sáhara. Destino de mochilero internacional, promueve múltiples actividades que aprovechan la árida orografía de los alrededores, aunque destacan dos sobre todas las demás, montar en buggies y surfear en la arena. Obviamente no nos fuimos de allí sin probarnos en estas dos facetas.
En primer lugar, los buggies nos conquistaron. Coches sin techo capaces de trepar hasta la duna más alta y con conductores demasiado locos como para estar al volante. Pero como aquí la cordura no cuenta, no nos importó, sino todo lo contrario. Kilómetros a toda velocidad, cuestas infinitas, saltos en la arena del desierto y gritar sin parar son los ingredientes de la que considero una de las cosas más fascinantes que se pueden realizar en la zona. Porque uno no sabe cuándo empieza una duna y termina otra hasta que no da un brinco de varios metros en la cresta de esta peculiar ola desértica. Estos respingos son acompañados de voces de incredulidad, algún que otro Padre Nuestro y la sensación de estar pasándoselo a lo grande.

Tras los buggies no hubo quien nos echara de la arena, por lo que fue momento de sacar las tablas de sandboarding para tirarnos de dunas de más de 40 metros. Los más expertos de pie en la versión más calurosa del snowboarding, mientras que los primerizos nos conformarnos con usar nuestras tablas (prestadas por la agencia) como trineo y caer sentados o incluso tumbados boca abajo. Sea como sea, la velocidad obtenida es importante y lo más difícil de todo consiste en saber y asumir que todo tiene un final.

Es realmente divertido y además es una opción de turismo activo que se puede realizar por un coste ridículo (10€ nos costó a mí y a mis amigos por persona hacer tanto buggies como sandboarding). Basta con pararse en Ica, esa misteriosa ciudad, hablar con alguien que ofrezca este tipo de excursiones y remangarse bien para negociar.

De un lugar del que no conocía nada, acabó saliendo algo estupendo y que no podría dejar de recomendar. Piscos, locura y desierto. ¿Quién da más?

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