Adriá Homs 05 Jul 2016

Galopando en Rapa Nui

En la Isla de Pascua habitan más caballos que personas. Desde que en la década de 1860 los misioneros introdujeron los equinos en la isla, éstos han campado libremente por los 164 km2 de suelo que conforma el territorio.

nehe_nehe_caballo

Hoy cabalgamos hacia Terevaka, el punto más alto de Rapa Nui. Me acompaña Ma Koi, un amigo lugareño que desde pequeño realiza tareas de campo ayudado por sus nobles caballos. Salimos de Hanga Roa temprano, antes de que el sol se alce y el calor nos asalte. Es domingo y las calles están vacías y silenciosas. Avanzamos al paso, Ma Koi montado en su indomable animal y yo al lomo de Nehe Nehe (“bonito” en rapanui). Es un caballo de seis años, muy tranquilo y obediente, acostumbrado a ir de un lado al otro de la isla.

lava_petrificada

Dejamos Hanga Roa y tomamos un atajo por un camino sin huellas. Ma Koi abre la tranquera (valla) y, poco a poco, avanzamos por un terreno irregular, lleno de rocas y piedras volcánicas.

–Fíjate en eso –dice Ma Koi–. Es lava petrificada.

Una masa de roca con formas onduladas reposa bajo las patas de los animales. Se me hace increíble imaginar que estamos pisando lo que un día constituyó un río de lava que brotó del corazón de los volcanes de la isla (Rano Kau, Rano Raraku y Terevaka).

moais_caballo

El atajo nos lleva directamente a Ahu Akivi (también conocido como Siete Exploradores), una plataforma que sostiene siete moais. Estas estatuas son las únicas orientadas de cara al mar y, según parece, fueron erguidas en homenaje a los primeros siete exploradores llegados a la isla por orden del rey Hoto Matua en busca de un lugar donde habitar.

Seguimos por un camino estrecho y ascendente, que finalmente nos llevará a la cima del Terevaka (511 m.s.n.m.). Las grandes praderas se hacen lugar y, a medida que ascendemos, el color verde esperanza invade todo el panorama.

colinas_isla_pascua

Cruzamos una sucesión de colinas. La intervención humana en este lugar es prácticamente impalpable. Tengo la sensación de que si hubiéramos venido miles de años atrás, el aire sería igual de puro, y las piedras estarían encajadas en los mismos agujeros.

cima_terevaka

Finalmente alcanzamos la cima. Aquí corre una brisa refrescante y los caballos agradecen haber llegado. Miro hacia el este: mar. Al oeste: mar. Al norte: más agua salada. Y al sur, lo mismo. Desde aquí se puede recorrer con la mirada prácticamente toda la isla, distinguiendo su forma triangular.

cabalgata_isla_pascua

La vuelta, como siempre ocurre, se hace corta. Mientras cabalgamos de bajada, trato de tomar consciencia de dónde estoy. Esta isla es un diminuto punto en medio del Océano Pacífico, a más de 3.500 km del continente sudamericano. Se sabe que es el lugar más solitario del mundo, aunque en ningún momento desde que estoy en Rapa Nui me he sentido solo.

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