Sele 20 Nov 2014

Galápagos desde la ventanilla de un avión LAN

Viajar a Galápagos era uno de los grandes sueños de mi vida. Conocer in situ un lugar en el que la naturaleza no se ha modificado en absoluto y existe una comunión tal entre la fauna y el hombre fue para mí siempre un reto. Por eso cuando se materializó este sueño empecé a vivir la experiencia a través de los libros, guías de especies animales e incluso el valiosísimo diario que escribió Charles Darwin a bordo del HMS Beagle. Sus 5 semanas en Galápagos sirvieron para establecer la teoría de la Evolución de las especies hace ya casi dos siglos. Y las islas encantadas, como muchos todavía las llaman, siguen siendo un descubrimiento, e incluso diría que una obsesión, para los viajeros de todo el mundo.

Nuestro viaje nos llevó por islas como San Cristóbal, Santa Cruz, Santa Fe, Bartolomé, Plaza Sur o Isabela, siempre con el barco como transporte principal entre ellas. Pero nunca hubiera pensado que el viaje, la primera y última contemplación de Galápagos lo haría desde la ventanilla de mi avión LAN con el que volé desde Quito al archipiélago en el que la naturaleza sigue manteniéndose tal cual era.
Cuando sobrevolamos las islas no pude evitar sacar la cámara fotográfica y disfrutar de esa manera de lugares que formarían parte de nuestra ruta por Galápagos.

El canal de Itabaca y Santa Cruz

Desde el aire reconocí rápidamente el canal de Itabaca que separa las islas de Baltra (la que tiene el aeropuerto internacional y ya se usaba como aeródromo en la II Guerra Mundial) y Santa Cruz, la isla más visitada y con más infraestructuras de Galápagos. Lo que viene siendo una base de operaciones consistente. En nuestro caso desde Santa Cruz, hospedados en el Finch Bay Hotel, una maravilla que te hacía despertar entre pinzones y el rumor de las olas, hicimos varias excursiones de un día para acercarnos a islas aledañas (en el yate del hotel, Sea Lion) o a las tierras altas de la misma donde observamos el lento caminar de las tortugas gigantes, animales antediluvianos como diría el propio Darwin. Precisamente en Itabaca, cuyas aguas color turquesa eran aún más penetrantes desde el avión, hicimos un día snorkeling para nadar con tiburones de punta blanca, comunmente conocidos como tintoreras, que acostumbran a dormitar bajo las rocas para salir a cazar por la noche.

Plaza Norte y Plaza Sur

Las islas Plaza se ven desde el cielo como dos pequeñas horquillas de tierra separadas por una línea de mar con un color que imaginaríamos en el Caribe. A este lado del Pacífico las aguas son quietas, muy prolíficas para toda clase de especies de ámbito acuático como los leones marinos, pelícanos, piqueros o tiburones. De las Plazas visitaríamos la sur, ya que la norte está cerrada sólo para los investigadores, característica por la planta sesavium que colorea de rojo el suelo poblado por grandes cactus y enormes iguanas terrestres de piel amarilla.

Esta isla “completamente extraterrestre” es lugar de anidación de gaviotas de cola bifurcada, pufinos de acantilado y un sinfín de iguanas disfrazadas de dragones que caminan a tu lado y puedes fotografiar a escasos centímetros.

Santa Fe y sus Iguanas Endémicas

Pero dragones dragones, los de Santa Fe, la otra isla que advertimos desde el avión a mitad de camino entre Santa Cruz y San Cristóbal. Allí existe una especie endémica y única de iguanas que no moran en otras islas. Se trata de una enorme iguana terrestre de color amarillo pálido similar a la arena y muchas de las áridas rocas de Santa Fe. Recuerdo que en esta isla tuvimos la ocasión de fotografiar un macho de unos cincuenta años de edad que era el verdadero rey de toda la cosa. Pero Santa Fe es también uno de los mejores lugares para caminar y nadar con leones marinos, sobre todo esto último. Recuerdo con cariño cómo dos ejemplares jóvenes lucieron sus capacidades acrobáticas con nosotros y se engancharon a pegar el hocico en la cámara GoPro con la que les estábamos grabando. Mucha gracia no le debía hacer al macho alfa de la manada que cada cierto tiempo se nos acercaba para “ladrarnos” y recordarnos que aquella ensenada era su territorio.

San Cristobal

De San Cristóbal y sus orillas completamente azules sobresale una formación rocosa algo alejada de ella. Se trata de Kick´s Rock, formación caprichosa rodeada de mar que muchos conocen como “El león dormido”. Allí disfrutamos de nuestro primer snorkeling en el que vimos tortugas marinas, cantidad de peces tropicales, leones marinos pasando a toda velocidad a nuestro lado y, al rey de San Cristóbal, que no es otro que el tiburón martillo, uno de los animales marinos más extraños a este lado del Océano. Como estreno en Galápagos no estuvo la cosa nada mal, por lo que ser la última fotografía desde la ventanilla del avión que nos llevaba de vuelta al continente me causó bastante emoción. Ya digo que he venido de Galápagos completamente entusiasmado, como si antes no hubiera hecho nada. En realidad las islas me han cambiado y ya sólo pienso en una sola cosa… regresar.

Nuestro viaje con LAN a Guayaquil y después a Quito fue nuestro último coletazo en Ecuador. La vuelta a casa quedaba más cerca pero siempre nos quedará Galápagos y cumplir uno a uno todos los sueños que llevamos con nosotros.

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