Sele 09 Dic 2014

La comunión con la naturaleza en Galápagos

Recientemente he podido disfrutar uno de los viajes más apasionantes de toda mi vida. Fue en las Islas Galápagos, uno de esos sueños de infancia, en los que hubiera dado cualquier cosa por ser el ojo de los camarógrafos de los documentales que mostraban la variada y peculiar fauna de estas islas en televisión. Por eso, el día que puse mis pies por primera vez en la Isla San Cristóbal, no pude sentirme más orgulloso, emocionado y agradecido al destino que me había llevado hasta allí para comprender y fotografiar un entorno natural único.

No tardaría demasiado tiempo en comprender las razones por las cuales las Galápagos son famosas en todo el mundo. Sería al pasar por el muelle de Puerto Baquerizo Moreno, y toparme con los primeros leones marinos caminando torpemente cerca de unos barcos que estaban arreglando justo a su lado cuando me pregunté; ¿No tienen miedo del hombre? La respuesta la hallé en otro león marino que dormitaba en un banco del parque. Y es que el secreto de Galápagos está en la comunión y respeto entre la naturaleza salvaje y los seres humanos que habitan las islas y que son conscientes de la necesidad de este equilibrio para poder vivir juntos y mejor.

A partir de ahí ya me involucré en el sentimiento de Galápagos, y así pasar de ser sólo testigo a formar parte de una relación de confianza y cercanía. Vivir y dejar vivir es estar sentado en la playa y que una cría de pocos días y que apenas puede mantenerse en pie más de diez segundos, se acerque a husmear el objetivo de tu cámara. O irte a dar un baño, y que varios miembros del grupo den vueltas a tu alrededor y que con los ojos bien abiertos, parezcan preguntarte quién eres y qué haces allí.

Todo en un momento en que aves de distintas formas y colores pasan a tu lado para pescar su comida. Mientras los piqueros de patas azules, las aves más tiernas y simbólicas de las islas que parecen haber salido de una serie de dibujos animados, buscan su comida tirándose en picado al mar, o las grandes fragatas planean esperando robarle la comida a los demás para no desmerecer en absoluto su apelativo de piratas del aire. Las fragatas son las mismas que durante el celo hinchan el buche hasta convertirlo en un globo color rojo con el que atraer a las hembras, siendo ésta una de las fotos más buscadas por los turistas que llegan a Galápagos.

Recuerdo cómo casi al final del viaje caminando por las rocas en los conocidos como túneles de lava de isla Isabela, un paraje laberíntico de océano calmado y restos volcánicos dibujando puentes y pasadizos, nos topamos por casualidad con un grupo de piqueros de patas azules. Nunca los habíamos podido ver tan cerca, pero aquel era el lugar que habían escogido para anidar, empollar sus huevos y permitir que sus crías. Y nosotros estábamos allí con ellos, por lo que mudos asistimos no sólo a su ceremonial con sus pequeños de plumas blancas y patas grisáceas, sino también a algo maravilloso y único… un nacimiento.

La madre que incubaba un pequeño huevo frente a nuestras narices nos mostró con la patita cómo el cascarón estaba empezando a romperse. No fue algo rápido como uno podría creerse, sino un proceso lento y sumamente emocionante en el que apareció una cría rosácea sin una sola pluma del tamaño de un pulgar que no podía sostenerse en pie. Me vino a la mente aquel sueño de niño, ya que era yo el que tenía mi cámara captando todo ese momento. No lo estaba viendo por televisión ni leyéndolo en una revista de tapas amarillas, sino que estaba fotografiando una colonia de piqueros a un palmo y sin la más mínima sensación de hostilidad o incomodidad por parte de estas adorables aves marinas.

Otro ejemplo de comunión con la naturaleza lo encontré en Santa Cruz cuando pude caminar junto a decenas de tortugas gigantes, las que dan nombre al archipiélago, que moraban por los pastos en libertad. Si bien cuando Charles Darwin viajó a las Galápagos existía un respeto cero a estos animales que se introducían por los barcos a centenares, se asaban o las mataban de forma cruel para utilizar su grasa y llevarla a Londres, Melbourne o París (el propio naturalista inglés hablaba en su diario del sabor de las tortugas y cómo montó encima de una de ellas para comprobar su velocidad), ahora la cosa ha cambiado completamente. De una extinción inminente entrado el Siglo XX a aumentar su población de manera paulatina a través de leyes naturales con las que evitar este tipo de matanzas y proteger a las tortugas como habitantes nativos de las islas. Poder estar con un número ingente de estas grandes criaturas (antediluvianas decía el propio Darwin) en lugares como la Finca el Manzanillo o El Chato (sitios predilectos en las tierras altas de Santa Cruz para observar a estos animales en su estado salvaje) es todo un premio para quienes llegan a Galápagos y ven mucho más de lo que nunca hubieran imaginado.

Por no hablar de los pingüinos, los pelícanos pasándote al ras, los pinzones posándose en tu mano con sus patitas de alambre o la cantidad de fauna marina que uno puede observar bajo el agua. En el primer minuto de mi primer snorkeling en las islas, concretamente en Kick Rock (San Cristóbal), pasaron debajo de mí una pareja de tiburones martillo de aproximadamente tres metros de longitud. Y no me dio tiempo a emocionarme demasiado porque al poco eran las tortugas marinas las que aparecieron.
En definitiva, el mejor resumen que puedo hacer de Galápagos es que allí el que hace los documentales eres tú, el viajero. Con una cercanía impropia en otros rincones naturales, formas parte de un equilibrio que entre todos deberíamos mantener.

INFORMACIÓN PRÁCTICA

  • LAN vuela a diario desde Quito y Guayaquil a los aeropuertos galapagueños de Baltra y San Cristóbal.
  • Para entrar a las islas hay que pagar una tasa medioambiental de 100$ + 10$ con la que obtener la tarjeta de tránsito que debemos llevar con nosotros en todo momento.
  • Las islas San Cristóbal, Santa Cruz e Isabela están conectadas por lanchas que salen de una a dos veces al día (normalmente 7:00 y 15:00).
  • La agencia Metropolitan Touring organiza cruceros, viajes a medida y estancias de lo más completas (como por ejemplo en el estupendo Finch Bay Hotel de Santa Cruz) para los viajeros que quieran conocer Galápagos de una forma más exclusiva.
  • En Isabela el hotel Iguana Crossing es la opción de alojamiento más recomendable de la isla, con amplísimas habitaciones dando a la playa, jacuzzi exterior y un servicio de comidas formidable.
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