Curro Prieto 15 Dic 2016

Fútbol a fuego en Brazil

Los días habían pasado muy rápido y casi sin darme cuenta había llegado el momento de hacer las maletas para lanzarme de nuevo a la carretera. Antes de que eso sucediese tenía un último deseo por cumplir, algo que cualquier aficionado al fútbol debería hacer si se encuentra en Río de Janeiro: visitar Maracaná. Me vestí y salí a la calle. El metro estaba tranquilo aquella mañana así que entré, compré un billete y baje las escaleras de la estación Cardeal Arcoverde de Copacabana. Después de unas cuantas paradas llegué al estadio y pregunté por la puerta de entrada a las instalaciones, a lo que un joven garoto me contestó con las palabras más dolorosas que yo podía esperar: “perdone, pero el campo está en obras y los tours no están disponibles hasta dentro de unos veinte días”. Imagínense mi cara porque esta vez no la voy a ilustrar. Lamentable. Me di la vuelta y volví al hostel.

foto-maracana

Dos días y 432 kilómetros después llegué a mi siguiente destino, Sao Paulo. Mi triste experiencia ante el clausurado Maracaná me había dejado con muchísimas ganas de fútbol, así que no me resigné y decidí escribir un post sobre este gran deporte que levanta tantas pasiones en todo el mundo. Si me pones una piedra en el camino la salto, como deber ser.

Empezaré con un poquito de historia. Resulta que fue un joven brasileño de padres escoceses llamado Charles Miller el que introdujo el fútbol en el país. El bueno de Charles viajó a Inglaterra de donde trajo consigo los dos primeros balones, los cuales darían origen a uno de los movimientos deportivos más grandes de la historia.

Hay tres pilares característicos que hacen de Brasil uno de los países más ligados al “deporte rey” del mundo y son los siguientes:

En primer lugar la inmensa cantidad de gente que lo práctica, sólo tuve que salir una mañana por Río de Janeiro para darme cuenta de la multitud de personas que jugaban en las playas, canchas y calles. Cuando paseas por Copacabana y ves a la gente riendo y gritando mientras practican sobre la arena te entran unas ganas brutales de meterte a darle patadas al balón junto a ellos. Es una imagen muy auténtica.

En segundo lugar, su selección nacional. La selección Brasileña es la que más campeonatos del mundo ha conseguido en la historia, cinco concretamente, muchos de sus jugadores son mitos de la historia del fútbol (Ronaldo, Zico, Rivaldo, Kaká, etc.) y esta ha tenido épocas mágicas donde sus estrellas han dejado con la boca abierta al mundo entero con su manera de jugar.

Para terminar, en tercer y último lugar, todo país necesita un icono, una leyenda, alguien que posea todos los valores y habilidades referencia de los jóvenes brasileños. Ese es Edson Arantes do Nascimento, Pelé. Este increíble jugador, tanto dentro como fuera del campo, retirado en los setenta y también conocido como O´Rei, ha sido y será durante mucho tiempo una referencia del fútbol en todo el mundo. Estos tres puntos conectados entre sí a lo largo de los años han hecho de Brasil una de las potencias futbolísticas más reconocidas.

Después del palo inicial ante el clausurado Maracaná, ¿cómo podía recomponerme?¿De que más os podía hablar? La historia no era suficiente pero yo lo tenía claro, me ilusionaba hablar de fútbol, así que abrí el ordenador, busqué en el calendario de la liga brasileña y ¡PUMBA! ¡Milagro! Resulta que el Sao Paulo F.C. jugaba contra el Flamengo el sábado siguiente en el Estadio do Morumbi. A pesar de que la liga brasileña no es la más fuerte del mundo, se habla mucho acerca de la intensa afición que rodea el espectáculo y yo tenía que vivir aquella fiesta. La suerte no me había abandonado por mucho tiempo.

Llegado el día me vestí y para allá que me fui. Tuve la suerte de conocer unos chicos brasileños durante mi camino en el metro hasta el estadio y sería con ellos con quien compartiría aquella experiencia inolvidable. Tras un largo recorrido por las calles subterráneas de Sao Paulo llegamos a las cercanías del lugar. Había un gran ambiente. La avenida que desembocaba en el estadio estaba a rebosar, los vendedores callejeros se acercaban ofreciendo todo tipo de merchandising tricolor, los jóvenes hondeaban sus banderas y la multitud entonaba cánticos de apoyo al Sao Paulo F.C. Yo estaba emocionado, ¡estaba a punto de presenciar un partido en la mismísima tierra del fútbol!

foto-estadiofoto-cola

Cuando el estadio apareció ante nosotros pudimos ver la enorme cantidad de gente que conformaba la cola para obtener las entradas. Resulta que en Brasil, si quieres hacer cualquier tipo de transferencia web (como comprar unas entradas para cualquier tipo de evento) tienes que poseer un documento como C.P.F que yo, por ser poco previsor y confiar demasiado en la magia de la improvisación, olvidé solicitar (Ver cómo solicitar C.P.F.). Es por eso que no había más remedio que esperar. Nos pusimos los últimos y tratamos de ser pacientes. Muy pacientes. Después de pagar los cuarenta reales que costaba entrar, encaramos la puerta de acceso con una enorme ilusión contenida. Lucas, uno de los chicos que me acompañaban, no paraba de cantar junto con la afición, así que, como es normal y ateniéndome al clásico dicho “allí donde fueres, haz lo que vieres”, decidí unirme a su gesta. Paso a paso y entre vítores fuimos adentrándonos en el templo del fútbol paulista. Ascendimos por unas escaleras y la oscuridad dio paso a la luz. Al fondo el campo se apareció ante nosotros. Un verde intenso contrastaba con el blanco, negro y rojo de las gradas que sin parar de vibrar mostraba su apoyo al conjunto de la ciudad. La gente cantaba, los jugadores salieron y el volumen aumentó incorregible. El partido arrancó y el fútbol en Brasil se hizo realidad ante mis ojos.

foto-gradailustracion-estadioLamentablemente presencié un cero a cero que nunca en la vida me lo quitará nadie, pero la experiencia fue genial. Vivir un partido en Brasil es algo de lo que cualquier aficionado al deporte alardearía y yo me lo pasé en grande así que sin más remedio tendré que volver a la Copa Libertadores algún día.

Cuando caminábamos de vuelta a empujones entre la gente y entre crítica y crítica de mis nuevos amigos al mal juego de su equipo, se me ocurrió preguntarle a Lucas, en mi español con acento portugués, si allí tenían la hermosa costumbre de jugar partidos con los amigos entre semana. La respuesta fue clara, solemos jugar todas las “segundas-feiras”, que es el modo en que los brasileños conocen los lunes. No pude evitar hacerle ver que me moría de ganas de jugar con ellos como guinda final para el post de #destinosudamerica. Él aceptó encantado.

Amaneció un lunes lluvioso, pero cuando algo te hace verdadera ilusión da igual el agua que caiga porque va a ser muy complicado quitarte la sonrisa de la cara. Yo estaba que me subía por las paredes. Después de tres meses sin tocar un balón estaba a punto de marcarme un Fifa Street en Sao Paulo, lo veía como una auténtica historia para recordar. Y así fue. A pesar de que la pista no era en un barrio problemático, rodeado de vallas y con gente abucheando en las bandas, que es lo que todos nos imaginamos en España, lo pasé de miedo. Lo reconozco, me encanta jugar al fútbol y hacerlo allí le daba un toque auténtico que me tenía verdaderamente motivado.

foto-partido

La gente me acogió de miedo y todos aplaudían cada vez que el español marcaba un gol. La pista era una mezcla de risas, carreras infinitas y filigranas imposibles que más de una vez terminaban en caída desastrosa. No amigos, no todos allí son Ronaldinho. Al terminar el partido volví al hostal andando, Lucas me acompañaba y nos despedimos con un abrazo y la promesa de reencontrarnos. Que buena gente se conoce viajando y que curioso pensar que quizá no vuelva a ver a la mayoría de ellos. Es emocionante porque todos han dejado algo en mí y ni ellos ni yo somos aún lo verdaderamente conscientes. Sólo espero que a todos les vaya igual de bien que a mi en este viaje al que, tristemente, ya le quedan pocas historias que contar.

Próximo destino: ¡Foz de Iguazú!

Mi TOP 3 recomendaciones

  • Merchandising deportivo: en los aledaños del estadio do Morumbi vendían todo tipo de accesorios para animar al equipo. Cuando llegue a Sao Paulo me acogieron en casa de unos amigos. Allí me trataron como a un hijo, y no exagero, hasta el punto que me compraron como regalo de recuerdo de mi visita una camiseta del equipo. Para vuestra información y por si algún día os animáis, los precios rondan los 30 reales brasileños. Os agradezco profundamente aquellos días desde aquí Cristina y Puri, fue un auténtico placer.
  • Gula Gulah: otro de los lugares que frecuente con mis amigas brasileñas, fueron los exquisitos buffets de Sao Caetano do Sul, que era exactamente el lugar a las afueras de Sao paulo donde pasé aquellos días. El Gula Gulah fue el mejor con diferencia, había un montón de variedad de comidas y como colofón, una sección de carnes a la brasa que acabó de volverme loco. Algo curioso de estos buffets es que se paga al peso según lo que llenes tu bandeja. Yo comí por unos 40 reales.
  • Bakery Itiriki: en el barrio de Liberade, lugar característico por su tradición China, se encontraba está típica pastelería paulista. Todo tipo de dulces y sucos, también al peso y al estilo buffet. Una delicia.
Share on Facebook   Tweet about this on Twitter   Share on Google+0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*