Iosu Lopez 18 Dic 2015

Expedición Amazonas (II)

El trayecto entre Manaos y el minúsculo embarcadero en el río Paraná do Mamori nos hizo cambiar nuestra idea inicial sobre lo que esperábamos encontrar a las afueras de esta gran urbe amazónica. En la primera parte de esta expedición os detallamos cómo nos chocó encontrarnos con páramos de llanuras sin apenas un árbol. Ahora es cuando realmente comenzaba la aventura de internarse en la selva entre canales y abundante vegetación a bordo de una lancha rápida.

1.-Lancha-rapida-rio-Parana-Mamori-Amazonas

Los paisajes se sucedían entre ríos más o menos estrechos de menor caudal y sus hermanos mayores afluentes del Amazonas. 45 minutos duró el trayecto entre el embarcadero y la rústica posada en la que nos íbamos a hospedar los próximos dos días a orillas del río Juma.

Nuestro alojamiento en la selva

Nuestro alojamiento en la selva

En este viaje nos acompañaban otros viajeros que como nosotros habían llegado desde puntos lejanos del planeta: Rusia, Alemania, Estados Unidos, Brasil, Francia, Turquía… Cada uno de ellos tenía sus propias preguntas acerca de cómo sería en realidad esa selva de la que tanto habían oído hablar en las noticias de la tele, en historias de libros, en documentales. Lo íbamos a descubrir poco tiempo después de dejar nuestras mochilas en el dormitorio bajo la cama con mosquitera, porque en la selva, toda precaución es poca. Eso sí, sin caer tampoco en la paranoia.

Capturando la esencia de la selva

Capturando la esencia de la selva

Después de comer partimos en una canoa más pequeña de madera para explorar los alrededores. Imposible no accionar el disparador de la cámara de fotos. El obturador no paraba de abrir y cerrarse. La tarjeta de memoria pedía descanso. No todos los días se navega en un lugar único así que teníamos que aprovechar.

5.-Proa-canoa-madera-selva-Amazonas

Nuestro guía Elmo resultó ser todo un personaje con gran sentido del humor. Proveniente de un estado del sur de Brasil, nuestro guía conoció a su mujer en la Amazonia y se quedó. Desde hacía más de tres décadas guiaba grupos a la selva en períodos de tres o cuatro días, o bien lo hacía en barco durante dos semanas adentrándose por el río Negro. Su anterior vida laboral distaba mucho del actual McGyver-explorador en que se había convertido.

Elmo remando

Elmo remando

En pleno corazón de territorio Caboclo -nativos indígenas de esta región- nos fuimos perdiendo por canales más pequeños y angostos con abundante vegetación, árboles gigantes a ambos lados, nenúfares, flores flotantes y un espectacular bosque inundado por el que apenas logramos pasar echando mano al remo debido al bajo nivel del agua. Tras este espectáculo en sombra, un lago enorme.

7.-Selva-Amazonas-bosque-inundado-Brasil

El sol iba poco a poco apagándose. Antes del ocaso, Elmo nos tenía preparada una actividad sorpresa: pesca de pirañas. Nos detuvimos en una de las orillas del río y cada uno de nosotros se hizo con una rudimentaria caña-palo de madera con su sedal, anzuelo y trocitos de pollo crudo como cebo. Algunas pirañas llegaron a comerse el anzuelo completo, otras sucumbieron a nuestras artes de pesca. Si no mirad la cara de felicidad de Alberto al capturar su primera piraña, y no fue la única.

Alberto feliz tras pescar su primera piraña

Alberto feliz tras pescar su primera piraña

De regreso a la posada se estropeó el motor de la canoa. La puesta de sol se había truncado por las nubes de humo que invadían esta zona de la selva. Todos echamos de nuevo mano a los remos. Una aventura nunca mejor dicho vivida con el sudor de nuestra frente. Pero… todavía esta expedición no había llegado a su fin. Tras cenar algo ligero y descansar unos minutos, volvimos a la canoa para disfrutar de una de las experiencias más cautivantes de la selva: navegar bajo un cielo estrellado, en silencio y con un espectáculo de cientos de luciérnagas emitiendo destellos en la orilla en busca de un yacaré –caimanes que habitan en las regiones tropicales de Sudamérica y pueden alcanzar en su madurez hasta los 3 metros de envergadura-. Un día completo grabado a fuego en nuestras retinas.

Ejemplar de cría de yacaré

Ejemplar de cría de yacaré

Noche cerrada en la selva. Era más de la 1 de la madrugada. Nos fuimos a dormir. En muy pocas horas íbamos a vivir una nueva experiencia: navegar en silencio por el río Juma en total oscuridad poco antes de ver nacer el sol sobre el Amazonas y adentrarnos más de dos horas en una caminata por la selva con nuestros 5 sentidos alerta. ¡Buenas noches!

Agradecemos especialmente la profesionalidad de Iguana Turismo y su guía Elmo quienes se encargaron de toda la logística en esta expedición por la selva del Amazonas.

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