Gabriel Huete 13 Mar 2014

El Cajón del Maipo

Son las 8 de la mañana y sigo en el Hostel La Casona de Santiago con mi mochila toda despanzurrada en el suelo de mi habitación y una sensación de felicidad y calma mientras me revuelvo en mi litera planeando dormitar una horita más, cuando empiezo a escuchar simultáneamente algo parecido a un suave ronroneo cuyo origen no puedo precisar ya que parece venir de todos lados, acompañado de una leve vibración como de un lejano tren, y no caigo en la cuenta.

El ronroneo se hace más profundo, la vibración más intensa y mi cerebro sigue sin hacer ninguna conexión mientras me revuelvo entre las sábanas buscando una mejor postura cuando “click”, algo conecta con algo allá en las profundidades de mi materia gris, y de algún modo mi cerebro pasa al modo automático tomando control de todo mi cuerpo, haciéndome saltar como un puma de la litera superior donde estoy durmiendo, mientras agarro al vuelo mi riñonera donde tengo el pasaporte, la cartera y el móvil y salgo corriendo hacia la puerta de la habitación que abro colococándome debajo de su marco. Para cuando llego allí el temblor está en su punto álgido y los huéspedes de otras habitaciones salen a los pasillos del hostel con lo puesto y cara de desconcierto sin saber muy bien qué hacer, mientras una chica ha entrado en pánico y corre como gallina sin cabeza y sin rumbo sollozando y dando gritos.

Unos pocos segundos más y de repente el temblor para, el sonido pasa y todo se calma excepto por la chica que continúa en estado de shock. Somos seis o siete huéspedes los que ahora estamos en uno de los descansillos del hostel mirándonos a la cara callados asimilando todo lo que ha pasado cuando se abre la puerta de la habitación número tres y aparece Andrew, el chico navajo americano, con cara de no haberse enterado de nada y pregunta extrañado qué ha pasado y el por qué de los gritos. Esto rompe el silencio y nos hace reir. ¡El tío ni siquiera se ha despertado!.

Poco después la radio da la noticia y anuncia que el temblor ha tenido su epicentro a 50km de Santiago hacia la costa, a una profundidad de 13km, y ha alcanzado los 5,5 Richter. No ha habido daños materiales ni humanos. También me entero que es el tercer temblor por encima de 5 Richter que se prodece en la misma zona en los últimos cuatro días. Yo no me he enterado de los dos primeros pero sí de éste que se ha sentido en toda el área metropolitana de Santiago.

Ya que el día ha empezado temprano y de una forma tán energética, decido que es el momento ideal para salir de la ciudad y hacer una excursión al área natural más bonita de los alrededores de Santiago: El Cajón del Maipo, así que me apunto a la excursión que están organizando Diego y su hermano Vini y me voy con ellos a pasar un día de campo.

El rio Maipo nace a 5.000 metros sobre el nivel del mar en los andes cercanos a la ciudad de Santiago y baja encajonado abriendo un estrecho valle entre imponentes montañas y desfiladeros, recibiendo todo el recorrido del río el nombre de Cajón del Maipo hasta que llega a los 500 metros sobre el nivel del mar donde se asienta la planicie de Santiago.

Dado que toda el área es rica en yacimientos de plata, cobre y yeso ha tenido pobladores desde hace miles de años. Primero fueron grupos de culturas agroalfareras que se asientan en la región y poco a poco diversifican sus actividades a la minería y metalurgia, dejando los primeros vestigios que datan del 2.000 a.C. Más tarde, hacia 1.350 llegan los Incas que también se establecen en el área y explotan sus yacimientos de cobre y plata, seguidos por los españoles que fundan la ciudad principal, San José de Maipo en 1792 buscando apoyar la actividad minera de la zona.

En la actualidad, la comuna de San José de Maipo cuenta con unos 15.000 residentes y un crecimiento sostenido fomentado por su marco natural, la belleza del paisaje y la proximidad al área metropolitana de Santiago de la cual dista apenas 60km. A todo esto se suma el que se ha convertido en lugar de veraneo y fin de semana de la clase media-alta de Santiago y un centro de eco turismo a nivel nacional e internacional.

Con los hermanos Diego y Vini me interno conduciendo por la única carretera en el interior del valle, pasando por los pintorescos y bien cuidados pueblecitos de San José de Maipo, Las Vizcachas, San Alfonso, San Gabriel y así hasta media decena más de localidades cada vez más pequeñas, hasta que se acaba la carretera asfaltada y seguimos por caminos de tierra que nos acaban llevando al Monumento Natural El Morado, desde donde se puede subir en una caminata de tres horas hasta los pies del glaciar San Francisco.

En realidad el Monumento Nacional El Morado, es un Parque Natural de 3.000 Ha con una gran diversidad de flora y fauna andinas y lugares espectaculares como las termas de Baños Colina, abiertas al uso público y con varias pozas donde el agua brota entre 25°C y 40°C, las termas del Plomo y ya al final del tramo de carretera transitable en 4×2 el Valle de las Arenas, a 3.000 metros sobre el nivel del mar donde improviso con mis amigos un almuerzo en el que damos buena cuenta de un delicioso queso de cabra que hemos comprado en una de las localidades del camino.

Además del trekking, el Cajón del Maipo ofrece Bungy jumping, cabalgatas, descenso de cañones, rafting, ski, o simplemente la posibilidad de recorrer su rosario de pintorescos pueblecitos y comer en uno de los multiples restaurantes de primera categoría distribuidos a lo largo de sus 40km de serpenteante carretera.

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Un comentario en
“El Cajón del Maipo”

  1. teresa vila

    No dejo de sorprenderme con las experiencias que estás viviendo en ese pais, desconocido aventurero Gabriel! Sòlo te faltaba vivir un terremoto “in situ”. Yo también habría entrado en pánico! Sin embargo , lo has compensado con esa excursión al Cajón del Maipo, que según lo explicas con tu ágil estilo, debe ser espectacular, y grandioso, con todos esos lugares que sueño mientras gozo de un baño relajante en esas termas humeantes… Le falta algo a ese país para no hacer las maletas y marcharse a vivir el resto de la vida…?

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