Sele 27 May 2014

Desierto de Atacama: Planeta extraterrestre

Llévame a San Pedro y déjame ahí para siempre

Lo único terrenal en todo Atacama es San Pedro, un idílico pueblo de paredes blancas y ocres, caminos de tierra y las estrellas más brillantes que se puedan contemplar en Sudamérica. Mientras las noches son más noches en Café Export, que es el lugar en el que los viajeros de todo el mundo se juntan, los fríos amaneceres invitan a explorar maravilla tras maravilla y sentir que nos movemos en un lejano planeta. Hay quien viene a San Pedro para un par de días y se acaba quedando una semana, un mes e incluso a vivir, porque este lugar tiene algo que impide que te marches pronto, como si minuto a minuto ciñese una cuerda invisible a tus muñecas. En mi caso me quedé prácticamente una semana y tengo la sensación de que me faltaron muchas más cosas que hacer. Allí dejé amigos para toda una vida y un pedacito de mochila gastada que siempre revoloteará por las calles del pueblo mientras haya viajes que contar.

El Valle de la luna

Recuerdo que mi primera visita desde “el campo base de San Pedro” fue al Valle de la luna. El nombre nos induce a despegue en nave espacial y parón en un valle abrupto con piedras rojizas revestidas de brillante sal. Las rocas hacen formas extrañas por una erosión con manías de genio que se aprecia no sólo desde las fabulosas vistas panorámicas, en las que no hace falta pericia alguna del fotógrafo porque se hacen fotos por sí solas, sino también desde las cuevas de sal en las que jugar a ser Indiana Jones.

valle-de-la-luna

Es usual recorrer esta zona en coche, en moto e incluso en bicicleta. Se encuentra a 13 km de San Pedro por lo que es una excursión viable y que recomiendo para la tarde, en la que las puestas de sol terminan de redondear un espectáculo que tiene lugar diariamente. Un buen punto para disfrutar de este fenómeno es el desfiladero que se abre en el Valle de la Muerte o, sin salirnos del Valle de la luna, lo alto de la cresta de la duna mayor, una inmensa ola de arena que nos recuerda que Atacama es un desierto.

Los Géiseres del Tatio: El abuelo que llora

Otra visita ineludible en Atacama es la que se hace a los Géiseres del Tatio, aunque hay que ir bien preparado por tres motivos. Requiere madrugar y salir no más tarde de las cinco de la mañana, resistir el frío de antes de la salida del sol y ser capaces de sobrellevar el mal de altura, ya que aquí se superan los 4000 metros sobre el nivel del mar. Es un buen experimento si se quiere seguir ahondando en tierras altiplánicas o pasar a Bolivia, donde esta altura es casi permanente. Aunque una infusión de coca, e incluso mascada como un chicle, es una solución que no falla. Otra es no obsesionarse en exceso e ir aclimatándose a la altura lentamente.

Géiseres del Tatio 2

Los Géiseres del Tatio se visitan tan temprano porque el contraste de temperatura hace que sobresalga el humo y los vapores que nos vuelven a recrear un lugar de otro planeta. Estamos hablando del campo de géiseres más grande de Latinoamérica y el tercero del mundo, conteniendo el 8% de los existentes de todo el planeta. Tan hermoso como el paisaje es el significado de Tatio, palabra proveniente del kunza, la lengua indígena atacameña, que viene a ser algo así como “el abuelo que llora”.

Aunque el salar más conocido, probablemente del mundo, es Uyuni en Bolivia, Atacama tiene su propio salar con más de 3000 metros cuadrados de extensión. Más pedregoso y menos uniforme que su hermano boliviano, tiene su corazón en la Laguna Chaxa a la cual viajan hasta cuatro especies distintas de flamencos. Su reflejo en estas aguas permiten unas fotografías increíbles que metaforizan cómo la vida se extiende hasta los lugares en las que las condiciones se vuelven más extremas.

Laguna Chaxa

Las lagunas altiplánicas

Siguiendo por la misma carretera que nos ha llevado hasta Chaxa y avanzando prácticamente hasta la línea fronteriza terrestre de Bolivia hay dos regalos en forma de lagunas altiplánicas que nos proporcionan una de las escenas más formidables, a la vez que desconocidas, de esta región. Miscanti y Miñiques, bajo un cerro y un volcán respectivamente, son dos espejos de color azul a los cuales acuden a beber grandes manadas de vicuñas, las hermanas pequeñas y de piel suave de las llamas, y que en estas tierras viven en estado salvaje. Este es un decorado puramente andino que contrasta con la imagen de auténtico desierto que se tiene de Atacama.

Vicuñas

Estos son sólo algunos de los ejemplos de lo que se puede hacer desde la base de San Pedro, los cuales tuve la oportunidad de probar durante mi estancia en la zona. La calle Toconao es la avenida de las agencias que ofrecen diversas excursiones, incluyendo el ascenso a un “casi” 6000 como el próximo Volcán Licancabur o un viaje de conocimiento a las estrellas que iluminan los cielos atacameños cada noche. Todo es posible aquí, en Atacama. Lo más probable es que te tengas que marchar pero algo de ti se quedará aquí para siempre.

¿Cómo llegar a Atacama?

Para llegar al desierto de Atacama debes partir de la ciudad de Calama, la más cercana a San Pedro de Atacama. Puedes llegar en avión desde otros Santiago de Chile, aunque también se puede llegar en coche o autobús desde otros puntos de la geografía chilena.

Ten en cuenta que San Pedro de Atacama está a 1.670 km. de Santiago de Chile, por lo que si vas en coche tendrás que destinar al menos 2 días a llegar. En autobús se tarda cerca de 20 horas, pero existen buses con semi-cama que hacen el viaje algo más llevadero.

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