Ana Peralta 30 Jun 2014

Curitiba, el descanso del viajero en el sur de Brasil

Curitiba, la capital del Estado de Paraná, al sur de Brasil, es una ciudad tranquila y ordenada, llena de espacios verdes para descansar, meditar, hacer ejercicio o simplemente contemplar el atardecer hasta que el sol desaparece tras sus altos edificios. Quizá la ciudad es el fiel reflejo del carácter de los paranaenses, apacibles, hospitalarios y dispuestos a brindar una sonrisa al viajero.

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Mi llegada fue entrada la noche, tras terminar el viaje en el tren de Serra Verde desde Morretes. Aún así no tuve ninguna complicación en encontrar el autobús que me llevaría hasta la casa de unos buenos amigos paranaenses que me acogieron como una más de la familia. Al día siguiente, el último partido de España, esta vez contra Australia, en el el mundial de fútbol 2014, no me dejó mucho tiempo para recorrer la ciudad.

Pero el 24 me tomé la revancha y salí a “vagabundear” por las calles. Siempre he pensado que la mejor forma de conocer una ciudad es perderse por ella. Aunque en Curitiba es difícil hacerlo, el trazado de las calles es tan sencillo que hasta el más despistado con la orientación tendría dificultad para perderse.

Mi primer objetivo lo tenía claro, el museo de Oscar Niemeyer, sin duda, uno de los motivos para llegar hasta Curitiba. Tras haber visto el de Nitéroi, en Río, hace más de un año y medio, no me quería perder la oportunidad de disfrutar de otra de sus obras en la capital paranaense. Como era de esperar, no me defraudó, todo lo contrario, quedé hipnotizada por la visión del ojo que todo lo ve y por las exposiciones que albergaba el propio museo.

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Pero antes de llegar hasta allí caminando hice una parada en la catedral metropolitana, de estilo neogótico, inspirada en la Sé de Barcelona. Se la conoce como la Igreja de Nossa Senhora da Luz e Bom Jesus dos Pinhais. Su última restauración, en 2012, le devolvió sus colores originales. Quizá su fachada no deja adivinar su interior, pero sin duda merece una visita.

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Al dejar atrás la catedral, una amplia avenida, la de Cándido de Abreu, donde se encuentra también la Asamblea Legislativa, conduce casi hasta las puertas del museo. Una vez en la explanada todas las cámaras apuntan al “ojo” de Niemeyer, nadie quiere marcharse sin esa instántanea del museo. Dentro, las 10 salas reúnen exposiciones de todos los estilos, desde arte méxicano a un repaso por el fotoperiodismo brasileño, pasando por el arte indígena.

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Aunque la sorpresa llegaría al final, al ascender al ojo para ver la exposición de Joao Turin, el pintor y escultor paranaense, cuyas obras están repartidas por buena parte del estado. El escenario arriba es sobrecogedor y la réplica del taller-casa del artista parece calcada a la realidad.

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Al salir me encuentro de frente con el Bosque do Papa. Si hay algo que defina a Curitiba son sus grandes espacios verdes y áreas abiertas. Éste en concreto parece un bosque encantado que mira atento hacia el ojo de Niemeyer.

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De vuelta, próximo a la catedral, está el Passeio Público que guarda en su interior dos estanques, praderas y hasta monos araña. Un área destinada para el deporte, el silencio, la música, la charla, el compartir con amigos o descansar simplemente mirando cómo se mueven las nubes.

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Aunque la joya de la corona y quizá una de las estampas más conocidas de la capital paranaense sea la “estufa” o invernadero, una estructura acristalada, de estilo art nouveau. El parque está lleno de especies exóticas y de explanadas verdes que se extienden en la distancia. Su publico es en mayor parte joven, dado que comparte campus con la Universidad Federal de Paraná.

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Otro de los espacios idílicos de Curitiba es la Ópera de Arame, enclavada en el medio de una cantera ya inactiva. Al igual que la “estufa” del jardín botánico, tiene una estructura transparente y está rodeada de lagos y vegetación. Nació de la inspiración de la Ópera de Paris o incluso de la Scala de Milano, y hoy recibe la atenta mirada de los turistas.

Curitiba es ,en definitiva, un buen lugar para descansar, una especie de oasis para el viajero, donde reposar, ver sus atractivos y continuar camino hacia el interior de este estado que esconde maravillas como la Ilha do Mel, las cataratas de Iguaçu, Morretes y tantos otros sitios aún por descubrir.

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6 comentarios en
“Curitiba, el descanso del viajero en el sur de Brasil”

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Hola Wenceslao,
      Muchas gracias! Me alegra que te esté gustando mi trabajo y que te permita imaginar cómo es este país maravilloso.
      Te mando un abrazo enorme y espero que sigas viajando conmigo!

  1. alvaro

    Ana ; tienes la virtud que en el relato que haces, nos transportas de estos gélidos días en el invierno Chileno a los hermosos parajes que nota a nota has entregado con motivo del mundial.
    Felicitaciones por tu hermoso y envidiable trabajo

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Álvaro, muchas gracias. Qué bueno que puedo acercaros el calor del invierno brasileño, aunque sea en imágenes y palabras.
      Un millón de gracias por tu comentario!

    1. Ana Peralta
      Ana Peralta Autor

      Cierto, Marcello, es que es una ciudad muy tranquila y sus espacios verdes invitan a quedarse y descansar.
      Un abrazo y gracias por tu comentario.

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