Curro Prieto 26 Oct 2016

Cultura Tattoo en Isla de Pascua

De la cuna de la civilización inca al corazón de la cultura Rapa Nui. Isla de Pascua me estaba esperando.

Mi objetivo en esta hermosa tierra, además de descubrir sus numerosos atractivos históricos, culinarios y paisajísticos de los que tanto se habla, era averiguar e investigar más acerca de una disciplina artística por la cual siempre me he sentido muy atraído: el tatuaje.foto-bandera-isla-de-pascuailustracion-bandera

LATAM me depositó en el pintoresco aeropuerto de la isla. La gente estaba muy ilusionada, no todos los días se visita el punto más alejado de tierra en el planeta. Enormes explanadas verdes y largas palmeras nos recibían azotadas por un increíble viento, las nubes se acercaban a gran velocidad mientras el sol se escondía mostrándome los últimos rayos de luz del día. Lo primero que quise hacer después de instalarme en mi hostel y antes de que anocheciera fue acercarme al punto más cercano de información turística. Este se hallaba en Hanga Roa, la principal localidad y puerto de la isla. No se me ocurría un lugar mejor donde adquirir conocimientos acerca de la zona en la que me hallaba y del mundo del tatuaje Rapa Nui. Allí me recibió Maeva, una encantadora chica que me ayudó en todo lo que pudo y más prestándome algunos libros y guías de la ciudad. Gracias a ella pude contactar con el único artista, bailarín y tatuador Rapa Nui del que hablaremos más adelante.

Resulta que el tatuaje ha tenido un peso muy importante desde que se extendiera a través de la polinesia y recalara en la isla que hoy nos ocupa. Si bien el nacimiento de la cultura del tattoo se atribuye a otros lugares del Pacífico como las Islas Marquesas, con el paso del tiempo adquirió una significación especial en Isla de Pascua donde acabaron incorporando símbolos únicos y originales del lugar como por ejemplo el Komari (símbolo de fertilidad) o el Manutara (ave nacional que simbolizaba la esperanza). Aquellos motivos eran considerados, en unas ocasiones, receptores de energía espiritual y en otros simplemente se utilizaban como identificadores de una escala social determinada. Lo que más me sorprendió descubrir fue el antiguo y doloroso método con el que los maestros tatuadores Rapa Nui marcaban los cuerpos de los habitantes de la isla. En primer lugar dibujaban sobre la piel y más tarde el artesano del tatuaje o como era conocido entonces, tohunga, cortaba la piel con una concha siguiendo la línea del diseño para después insertar el pigmento. Más tarde también se utilizó aguja de hueso humano. Desde luego no era algo que me muriese por experimentar.

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El segundo día y después de pasar parte de la mañana navegando entre libros especializados en el tema, decidí salir a la calle, tenía que conocer la isla para poder hablar de sus tradiciones. Fue alucinante pasear en furgoneta camino a la Cantera de los Moais, la paz era total y en cada pulgada de aquel lugar se podía sentir la aplastante remotidad que transmitía esa irreprimible sensación de momentánea y dulce soledad. Una soledad que jamás había sentido de manera tan especial, la distancia con el mundo es parte del encanto irrefutable de la isla y yo la llevé muy dentro durante aquellos días. Tras un buen rato conduciendo a través de largas sendas llegué a la cantera y pude presenciar los primeros misterios de la isla en persona. Un serpenteante camino me condujo a través del fantástico paraje y a cada lado podía ver los míticos Moais. Eran de lo más variado. Unos tumbados, otros quebrados y otros enteros, de todos los tamaños y formas. A lo lejos en la montaña se podían observar figuras talladas y listas para extirpar del vientre de la roca que los antiguos escultores de la isla habían dejado olvidados. Y aquello no fue lo mejor. Tras una copiosa comida a base de pollo a la brasa y patatas asadas llegué a Ahu Tongariki, la playa más famosa en kilómetros, donde una línea de moais se eleva dándole la espalda al mar, contemplando, cautos, a los cientos de turistas que les visitan cada día. En ese momento las nubes se pusieron de acuerdo y comenzó a caer agua a raudales. Lejos de estropearlo, aquello convirtió el momento en algo más épico. Bajé de la furgoneta y comencé a correr hacia los quince rostros que me observaban desde una enorme plataforma con el imponente y salvaje Pacífico de aquel día como telón de fondo. En ese lugar realmente la magia de la Isla de Pascua era totalmente palpable y yo, a pesar de la lluvia, tenía una sonrisa de oreja a oreja.foto-15-moais

Esa magia de la que os hablo se puede sentir en cada costumbre y tradición de la isla y por supuesto es perfectamente aplicable al mundo del tatuaje. Ver todos esos símbolos y fotos de antiguos Rapa Nui con el cuerpo tatuado es cuanto menos impactante. Se dice que esta práctica se abandonó durante unos años debido entre otras razones a que en cierto punto de la historia de la isla existió un periodo de decadencia que impidió conservar la dinastía de artistas que había poblado la zona. Aún con esa desafortunada etapa cultural, con el paso del tiempo los nuevos Rapa Nui han vuelto a interesarse por el tatuaje tratando de recuperar la herencia de sus predecesores. Actualmente existen varios estudios en Isla de Pascua que trabajan de maneras muy distintas el increíble mundo del arte corporal, pero si hay uno que nos interesa debido a la autenticidad de sus orígenes, ese es Mokomae Araki.

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El último día fui a visitarle. Entre por la puerta de su estudio y ahí estaba. El último tatuador Rapa Nui, fiel valedor de la cultura de su isla y portador del carisma necesario para ser el representante artístico oficial de un lugar tan característico. Es muy especial cuando un artista te abre las puertas del lugar de donde emana toda la energía creativa del mismo. Una pequeña caseta con una palmera atravesando el techo perfectamente dispuesta como elemento decorativo, unos estantes con estatuas de madera y al fondo su santuario, el lugar donde cientos de personas al mes le buscan para formar parte de algún modo de esta cultura tan única. Mokomae me contó acerca de sus inicios y de cómo comenzó a dibujar cuando no tenía aún conciencia de ello. Pronto llego la adolescencia y se interesó en esta disciplina llegando a diseñar su propia maquina con un tubo de pasta y una aguja. Con 17 años tatuó por primera vez. La charla fue de lo más agradable. Actualmente Mokomae vive del tatuaje, es un apasionado de la escultura en madera y hueso y además trabaja como bailarín principal del espectáculo de danza tradicional Kari-Kari, una de las más importantes atracciones turísticas de la isla.

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Aquella mañana tenía prisa pues eran mis últimos momentos en Isla de Pascua, el vuelo de LATAM estaba a unas horas del despegue. Durante la conversación le mostré a Mokomae un símbolo que yo mismo había diseñado días antes, mientras me tomaba una cerveza, en la paradisiaca playa de Anakena. Él se ofreció a tatuármelo. Yo le había dado un significado y una historia y la verdad es que me resultó tentador. Tenía delante al artista más reputado de la isla dispuesto marcarme de por vida con el recuerdo de un viaje inolvidable. Era allí o en ningún sitio. Un ahora o nunca en toda regla.

¿Qué pensáis que hice?

 

Mi TOP 3 recomendaciones 

Glamping Mamma Nui: el lugar donde me hospedé en la isla. Una auténtica delicia en todos los aspectos. Desde el concepto glamping que en aúna diseño y comodidad a partes igual hasta el restaurante de la familia que regenta el lugar. Pude tener el placer de disfrutar de cuatro noches y un par de cenas allí y la verdad es que salí encantado. Me cuidaron como a un hijo más y me dieron todas las comodidades posibles. Fue un gusto pasar mis días allí y volvería sin dudarlo, os lo recomiendo a todos si lo que buscáis es bienestar, buen sueño y buena comida. Al despedirnos en el aeropuerto, Juan Antonio, el dueño del lugar, me regaló un colgante Rapa Nui que conservaré siempre como símbolo de la hospitalidad pascuense. Muchas gracias por todo.

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Haka Honu: es curioso como después de un mes en Perú, me sorprendí disfrutando del mejor ceviche de atún de mi viaje. Este restaurante se sitúa en Hanga Roa, frente al mar. Tomar un vino blanco degustando algunas de las maravillas gastronómicas del fondo Pacífico que se ofrecen en la isla es un placer único que espero puedan llevar a cabo alguna vez en la vida.

Kari-Kari: el espectáculo de danza nativa del que el maestro Mokomae formaba parte. Una experiencia muy divertida. Un grupo de artistas bailan al son de la música tradicional y en cierto punto del concierto te invitan a subir a bailar con ellos. Yo no pude negarme y ahí que me planté, con mis movimientos de dudosa calidad pero con la motivación de un niño que aún no conoce lo que es la vergüenza. Lo pasé realmente bien. Costó 15.000 pesos.

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Un comentario en
“Cultura Tattoo en Isla de Pascua”

  1. Juan Antonio Borquez Espinoza

    Estimado Curro, vagabundo sin fronteras, bonitas palabras querido “hijo”, un placer fue recibirte esta y bueno las veces que gustes, recibe un gran saludo de Juan Antonio y del resto de la familia Mamma Nui, desde Isla de Pascua abrazos calurosos para ti!!!….iorana!!

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