Iris Rangil 26 Oct 2016

Carta abierta a Latinoamérica

Querida Latinoamérica,

Casi no tuve tiempo para prepararme para ti y aún así me has recibido con el cielo y los brazos abiertos.

He soñado tan alto y tantas veces sobre ti, que al final he conseguido sobrevolarte; he despegado desde la rutina estresante de mi vida anterior para aterrizar en esta nueva realidad que me presentas, calmada y frenética al mismo tiempo.

Bogotá

He llegado a tu tierra, a un continente que a veces asusta, más por lo que se escucha sobre ti desde fuera que por lo que se ve desde dentro; y aún sabiendo que a veces te han difamado, eres noble y amable, no guardas rencor, eres dueña de un corazón único, latiendo a través de una lucha de coraje, arte, cultura y sobre todo, alegría.

bogotá

Esa ha sido mi primera sensación al caminarte y comenzar a descubrir toda tu magia.

He sentido que eres lo que eres ahora, pero que también eres mucho de lo que eras, de lo que consiguió sobrevivir: partes y eres parte de tus increíbles orígenes. Y aunque quede mucho menos de lo que debería, la conexión de lo indígena, del espíritu conectado a la naturaleza, con lo que ahora representas, late en cualquier punto de este camino en el que he comenzado a recorrerte.

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He empezado este gran viaje dejándome realizar un transplante de corazón, porque cada una de tus gentes me ha ofrecido ya un pedacito del suyo. Y todo lo que tú tienes lo tienen tus habitantes. Por eso ésta no es sólo una carta de agradecimiento para ti.

Es para todos ustedes, para la gente latina. Para que sepan que deben estar orgullosos de lo que son, de lo que tienen. Para que sean conscientes de que poniendo su sonrisa como bandera conquistan al mundo entero.

A mí me conquistó José Bolívar, un bailarín de Cali que me encontré en la carrera séptima de Bogotá, Colombia.

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También me enamoró Ligia Rojas, de Pereira, vistiendo su vestido blanco dispuesta a alegrarle la tarde a cualquiera que pasease cerca y la encontrase danzando, como me ocurrió a mí después de aterrizar en Colombia.

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Me fascinó José Alfonso Henao, que al preguntarle su nombre me enseñó su documento de identidad, proclamando orgulloso que nació en 1934 y que ahí seguía, bailando cada tarde.

bogotá

Y después de contarte todo esto, querida Latinoamérica, me viene una obra de arte a la mente, un cuadro con una frase que identifico contigo. “Tú eres arte. Por ello no todo el mundo conseguirá entenderte, pero aquellos que lo hagan, jamás podrán olvidarte”.

Gracias por acogerme, por ser mi más preciado destino, prometo tratarte con el mismo cariño con el que me has recibido. A ti y a todos los que forman esta enormidad de continente. No hablo de dimensiones. Hablo de la enormidad de un corazón y una tierra que laten muy fuerte.

Nos vemos por ahí.

Siempre tuya, porque quien entiende el arte jamás podrá olvidarte.

Iris.

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