Un mundo para 3 02 Dic 2014

El Canal Beagle en familia

Muchos han sido los amaneceres que a lo largo de mi extenso curriculum viajero he podido disfrutar. Desde mil y un lugares la Naturaleza me ha brindado su espectacular belleza al alba.

Hoy os hablaré de uno de los que recuerdo especialmente. No sabría decir si el amanecer en si fue el más espectacular que jamás he contemplado, probablemente no, pero sin duda lo que lo hacía realmente especial era el entorno. Ni más ni menos que me hallaba navegando por el canal de Beagle con mis chicos.

Apenas despuntaba el día sobre la bonita ciudad de Ushuaia y nos dispusimos a embarcar en un pesquero para recorrer el bonito lugar. Para los que no conozcáis este maravilloso rincón del mundo, os diré que es una de las zonas más bonitas de Argentina, su ciudad más meridional.

Como no disponíamos de demasiado tiempo, nos tuvimos que conformar con una navegación no demasiado larga pero no por ello menos intensa. Por suerte para nosotros a través del canal de Beagle, existe la posibilidad de llegar navegando hasta unas islas súper pobladas de lobos, leones marinos, pingüinos magallánicos y de unos pájaros realmente simpáticos llamados Cormoranes.

Corría el mes de mayo, empezaba el invierno austral, el frío ya se hacía latente sobre nuestras caras y manos y la brisa que sopla por el Canal de Beagle nos recuerda que en estas latitudes estamos muy cerca de la Antártida.

El silencio es casi exagerado, el cielo plomizo y solo se ve perturbada esa paz por el ruido que produce el barco con su motor y su leve surcar de las aguas. La belleza que nos rodea es básicamente espectacular, en los primeros minutos de navegación el frío es importante y decidimos sentarnos dentro, salimos cuando nos informan de que las islas pobladas de animalitos están cerca, el alboroto y la emoción se apoderan de nosotros, sobre todo de nuestro hijo que empieza a revolotear como si de un pequeño cormorán se tratara.

Salimos a la superficie y el barco se acerca a pocos metros de la costa y los simpáticos leones marinos empiezan a recostarse por encima de las rocas, nuestro joven viajero aplaude como si de una atracción de circo se tratara. Más de lo mismo al acercarnos a la vera de la colonia de cormoranes, el estruendo es espectacular, nuestro pequeño grita de emoción, casi tan alto como los propios pájaros, por un momento pensé que mi pequeño hijo iba a enloquecer de emoción. Una maravillosa experiencia sin duda para los más pequeños de la casa, bueno a decir verdad, no sabría decir quién de los tres disfrutaba más contemplando la magnitud de tan extrema belleza.

Con el lento avanzar del barquito, íbamos dejando atrás una experiencia tras otra y a cual más fascinante. Uno de los marineros que nos acompañaban en la travesía sacó una especie de caña y recogió unas pocas algas que nos dieron a probar, nunca una hoja verde me resultó tan exquisita, con ese intenso sabor a mar que hizo sin duda que ese momento fuera inolvidable.

El resto de la jornada siguió transcurriendo de la forma más tranquila y a nuestro regreso a Ushuaia el pequeño viajero no dejaba de imitar el ruido de los animalitos con los que había intercambiado más de una animada charla.

Sin duda viajar por el canal de Beagle con un niño, nos hizo apreciar más si cabe el enorme placer que produce el disfrutar tan de cerca de la Naturaleza en estado puro.

Si te ha gustado esta aventura, te gustará | Ushuaia, El fin del mundo

Share on Facebook   Tweet about this on Twitter   Share on Google+0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*