Claudia Rodriguez 18 Jul 2016

Cabalgando hacia el volcán Cotopaxi

Me pierden los volcanes. Ya está, ya lo he dicho.

Viajando en Ecuador era inútil el no quedarme hipnotizada cada vez que uno se cruzaba en mi camino y no es que las ocasiones fuesen pocas. El corazón de este país está lleno de volcanes que despuntan el paisaje con elegancia.

El Cotopaxi es el segundo volcán más alto de Ecuador. Con sus 5897 metros sobre el nivel del mar, solo se ve superado por el casi siempre nevado Chimborazo. Aunque el primero es visible desde Latacunga, ciudad que crucé en mi camino desde Guaranda hasta Quito, dormir junto a él y verlo al amanecer desde mi ventana fue una de las experiencias más bonitas de aquellos días en el centro del mundo.

cotopaxi_quito

claudia_rodriguez_cotopaxi

A casi 3600 metros de altura aquella noche nos resguardamos al calor de la chimenea de nuestra habitación en la Hacienda El Porvenir. Aunque ya tuvimos la suerte de hacer una parada en una hacienda chocolatera a las afueras de Guayaquil, en esta ocasión el calor dejó paso al frío encantador del páramo.

hacienda_el_porvenir_quito

La historia de esta hacienda se remonta a la época colonial. Perteneció a los jesuitas, que se dedicaban a la cría de ganado, pero en la actualidad es propiedad de una familia que decidió abrir sus puertas para aquellos que quieren disfrutar de un precioso lugar en el que se cuida cada detalle. De las cocinas salen deliciosos platos preparados con ingredientes locales como el mortiño, una especie de arándano de alto valor nutricional con el que se cocinan salsas para acompañar las carnes de res. Por su lado, la naturaleza fascinante brinda el perfecto escenario para la práctica de todo tipo de deportes de aventura.

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gastronomia_el_porvenir

Travesías, recorridos en bicicleta de montaña, avistamiento de aves, canopy, rapelling, escalada… Aquel día decidí montar por primera vez a caballo para llegar a las faldas del Rumiñahui, en quechua cara de piedra, otro de los volcanes inactivos que se pueden encontrar a los alrededores de Quito.

Aprender a montar a caballo fue sencillo gracias al experimentado guía que tuvimos y a la afabilidad de los equinos; sin embargo, yo estaba hecha un manojo de nervios. Los animales me causan respeto y admiración y tardé unos minutos en tranquilizarme y concienciarme de que todo iba a salir bien.

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Cabalgamos lentamente observando el bellísimo paisaje que rodea a la hacienda. Los toros bravos y las vacas descansaban a sus anchas por el páramo y nosotros no parecíamos molestarles ni lo más mínimo. Poco a poco, mientras subíamos la montaña se empezó a atisbar la montaña nevada, el Cotopaxi irrumpe de pronto en tu mirada para quedarse ahí para siempre. Aquella inmensa mole de colores rojizos, grises y blancos abrazada por un paisaje verde desde el Mirador de los Apus (los dioses de la montaña) es la estrella de uno de los paisajes más impresionantes de Ecuador.

mirador_apus_cotopaxi

Llegamos a los 4000 metros, el viento hiela nuestras caras y manos. Hacemos un descanso acompañado de un mate para combatir el mal de altura que empieza a notarse un poco en nuestras cabezas.

Tras otra subida casi podemos tocar el Rumiñahui. Desmontamos para que los caballos descansen y coman, ahora ya solo queda sentirse muy vivo. Para eso hemos venido #DestinoSudamérica.

volcan_rumiñahui_quito

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