Gabriel Huete 16 Dic 2013

Brujuleando por Santiago

Cierro los ojos y los vuelvo a abrir. Los cierro de nuevo y de nuevo los vuelvo a abrir. Casi no me lo creo, es una sensación extraña y divertida a la vez. Sé que estoy en Santiago de Chile, sé que hace apenas cuatro o cinco horas que he aterrizado y, sin embargo, podría estar en Madrid o Londres o en cualquier otro país occidental. Y me pregunto: ¿cómo se me ha ocurrido venir a parar aquí?. Estoy sentado en un banco de la primera planta de un giga centro comercial, un Mall, como los llaman aquí, el mall más grande de Chile según me dicen, y creo que el más grande en el que yo haya estado jamás. Llevo ya un rato perdido dando vueltas arriba y abajo de sus cuatro pisos intentando encontrar una tienda de telefonía para comprar a mi tablet, una tarjeta SIM que me permita estar conectado en cualquier lugar del país y poder así mantener la fluidez en mis entradas al blog. Al final consigo completar la misión de garantizar la conectividad y me marcho corriendo del Costanera Center mientras me prometo a mí mismo que no volveré a entrar en un Mall en lo que me queda de viaje. Son ya las cinco de la tarde pero el sol aún cae a plomo, así que decido tomar el metro hasta el hostel donde estoy hospedado en el distrito Centro. El metro de Santiago es moderno, cómodo y rápido. Está organizado en cinco líneas que conectan toda la ciudad identificadas con un código de colores: roja, amarilla, verde, azul y violeta. El billete cuesta más o menos 1€ y te sirve para ir entre cualesquiera dos estaciones siempre que no salgas a la calle. En poco más de veinticinco minutos llego a mi parada: Bellas Artes, un pequeño barrio perteneciente al distrito Centro. Camino un par de cuadras y llego a La Casona Hostel. La Casona es un “bed & breakfast” de mochileros y sus propietarios son dos hermanos, Vini y Diego. Hace poco más de cinco meses que han abierto al público pero se las han organizado para convertirse en uno de los alojamientos para viajeros independientes más alegres de la ciudad, así que siempre hay alguien de los países más variopintos con quien sentarse y comentar cómo ha ido el día. Yo me quedo un ratito charlando con Vini, que me cuenta sus viajes por la Patagonia y yo apunto los mejores sitios en mi librito de viajes para visitarlos en el futuro. Finalmente me vence el sueño y doy por terminado el día. Esta mañana al levantarme he pensado en cuál sería la mejor forma de empezar a conocer la ciudad y se me ha ocurrido ir a echar un vistazo a la Plaza de Armas. Por otros países de América del Sur donde he estado, sé que es, por lo general, un centro neurálgico que concentra la actividad de la vida diaria. No me he equivocado: cuando he llegado ya empezaba a llenarse de músicos callejeros, charlatanes, vende todo, predicadores, políticos sin nombre arengando a multitudes inexistentes, malabaristas, abuelitos con sus nietos, enamorados y turistas haciendo fotos a diestro y siniestro. Después de un ratito brujuleando de aquí para allá me he encontrado con Felipe, que hace tours gratis caminando por la ciudad, o más bien basados en donación, es decir no te cobra nada y tú le das lo que creas conveniente. Él me ha dicho que es una iniciativa nacida en Europa, pero yo no lo había visto nunca.

Así que como la palabra gratis es mágica me he apuntado con Felipe y otros diez guiris como yo a pasearme por la ciudad.

Santiago es una ciudad moderna y cuidada, que ha sabido conservar su patrimonio histórico disimulándolo entre rascacielos y edificios comerciales. Lo primero que ya me había llamado la atención ayer, cuando iba del aeropuerto a la ciudad, es la proximidad de la imponente cordillera de los Andes. A una distancia que parece que casi pudieras tocarlos, se alzan como omnipresente telón de fondo de la ciudad impresionantes cuatromiles pelados de vegetación con sus cumbres aún cubiertas de nieve.

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Paseamos por la Plaza de Armas con la neoclásica Catedral Metropolitana, el Museo Histórico Nacional, el edificio de Correos y el Ayuntamiento. Frente a los cuatro se alza la estatua ecuestre de D. Pedro de Valdivia, fundador de Chile y de su capital. Curiosamente el caballo de Pedro de Valdivia no tiene bocado ni riendas. Según me cuentan el caballo representa a la nación chilena, sin riendas ni bocado porque nunca se dejó doblegar por ningún poder extranjero. brujuleando1-5 Seguimos pateando la ciudad y visitamos el Palacio de la Moneda, presidido por la estatua a Salvador Allende, con su epitafio: “Tengo fé en Chile y su destino”. Los “cafés con piernas”, la Universidad de Chile, la calle Nueva York en cuya esquina se asienta el edificio de la Bolsa, el Teatro Municipal, se pasean delante del objetivo de mi cámara. Nos paramos a tomar una cervecita a los pies del cerro de Santa Lucía, un exuberante parque con un castillo en su cima que, según nos cuenta Felipe, era un cerro pelado hasta que pusieron a trabajar a los presos de la cárcel de Santiago que, a base de echar tierra, lo convirtieron en el precioso parque que es hoy. brujuleando1-4 brujuleando1-3 Continuamos por el barrio de Lastarria, el Museo de Bellas Artes y el parque forestal, la plaza de Italia y finalmente entramos en el barrio de Bellavista con el imponente cerro de San Cristóbal al fondo. Acabamos la visita, después de cuatro horas andando por la ciudad, sentados en el pequeño anfiteatro frente a la casa museo de Pablo Neruda, “La Chascona”. Después de la caminata santiaguina en plena canícula veraniega y tras haber despedido a los otros diez guiris, Felipe y yo que ya somos colegas nos vamos al Mercado Central, el gran mercado de pescado y marisco de Santiago y nos pegamos un homenaje a base de ceviche, pisco sour y algo que llaman manzanilla, que no tiene nada que ver con nuestra infusión y sí con el aguardiente. De regreso a casa volví a pasar por la Plaza de Armas que bullía de almas y me paré a escuchar a un político de tercera más bien por curiosidad, hasta que poco después me aburrí y seguí mi camino derrengado de cansancio pensando en la siesta que me iba a echar.

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2 comentarios en
“Brujuleando por Santiago”

  1. teresa vila

    Pues a mí me encanta deambular por las ciudades. Veo que Sa tiago tiene hermosos edificios que me recuerdan a Paris o Italia, y veo una luminosidad increible y pura en el ambiente.Será, sin duda, la proximidad de ewe inmenso pulmón natural que son Los Andes.

  2. Laura Della

    Increíble… para los que no tenemos la suerte de coger la maleta y ponernos a recorrer el mundo, esto es una guía que nos ayuda a conocer que hay mas allá!!, Saludos… y a ver cuando veo un reportaje sobre Argentina!!! jajaja

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