Gabriel Huete 09 Ene 2014

Bienvenido a Última Esperanza

Última Esperanza: provincia de Chile perteneciente a la “Región de Magallanes y la Antártida chilena”, y que limita al norte con la Provincia de Magallanes, al este con la Provincia de Santa Cruz en Argentina, y al oeste con el Océano Pacífico. Capital: Puerto Natales. Superficie: 55.443,9 km2. Población: 19.855 habitantes.

Ésta es la fría definición que da Wikipedia de la provincia chilena a la que acabo de llegar. Tan fría como la mañana de hoy, ventosa, húmeda y desapacible, y sin embargo, dentro de mis cinco capas de camiseta de lana de merino, camisa de algodón, forro polar número 1, forro polar número 2 y chaqueta de plumas con forro de aluminio, mi corazón está calentito y feliz de haber llegado hasta aquí, hasta la Región de Magallanes y la Antártida chilena.

El nombre de Última Esperanza es tan sugerente como fiel a la realidad. Me encuentro en medio de un páramo ocre – verdoso pelado de vegetación con el océano a mi espalda, donde el viento, que hoy sopla a 112km/hora, es rey y señor campando a sus anchas e imponiendo su gélida voluntad a lo largo y ancho de mi campo de visión. Frente a mí se extiende Puerto Natales como un oasis de vida en esta tierra dura azotada por los elementos, como la última esperanza del viajero.

Todos mis compañeros del ferry en el que he llegado han desaparecido como por arte de magia, corriendo a buscar su alojamiento antes del próximo chaparrón de aguanieve que se acerca por el horizonte, y me he quedado solo después de cuatro días de intensa vida social a bordo. Me gusta así. Me gusta tomar conciencia de dónde estoy, y me veo en mi mente sobre un globo terráqueo imaginario, en pie sobre su extremo sur. Y sonrío. Y doy gracias a los dioses que cuidan de los viajeros por haber querido que llegara aquí.

Fue el navegante español Juan Ladrillero quien da nombre a esta región cuando en 1553 se afana en la búsqueda de una ruta al estrecho de Magallanes, y fracasa al entrar en un fiordo, navegar al sur y comprobar que está cerrado. Lo llamó fiordo obstrucción, y no fue hasta 300 años más tarde cuando expediciones inglesas volvieron a adentrarse en la región, entre ellas la del barco de la armada británica HMSS Beagle, que daría nombre al canal al sur del de Magallanes y en el que navegó un jovencísimo Charles Darwin rumbo a las Galápagos.

Hay constancia de los primeros asentamientos humanos en torno al 6.000 a.c. en forma de pinturas rupestres de manos y guanacos, si bien no se tiene mucha información sobre estos primeros habitantes salvo que siguen la corriente migratoria general de América, entrando desde Siberia por el estrecho de Bering y poco a poco extendiéndose hacia el Sur hasta colonizar la totalidad del continente.

Los primeros pobladores ampliamente documentados son los Aonikenk (Aoni: Sur, Kenk: gente) o Tehuenches, de la familia de los Mapuches, cazadores terrestres nómadas que entran y se establecen en la región siguiendo a las manadas de guanacos, hacia el 2.000 a.c. Su aspecto físico era fornido, con un gran desarrollo torácico y espaldas anchas, cabeza grande y cuello grueso y corto, con una estatura media en los hombres de 1,80m que en comparación con la estatura media de los españoles del siglo XVI, de 1,55m, generaron el mito de los gigantes patagones.

Coetáneos con los Aonikenk, poblaron estas tierras los Kawésqar, nómadas del mar Austral. A diferencia de sus vecinos, los Kawésqar nunca se adentraron tierra a dentro, ya que su manera de vivir estuvo asociada el mar. Con sus canoas y pequeños arcos y flechas colonizaron desde el 6.000 a.c. los fiordos y áreas lacustres de la Patagonia.

Físicamente eran también muy distintos, con una estatura media de 1,66m y caminaban con las piernas encogidas por las largas horas que pasaban en sus canoas. Eran morenos, de ojos oblicuos y pómulos salientes, con un aspecto mucho más parecido a las tribus amazónicas.

Generalmente se movían en pequeños grupos de una o dos familias socialmente independientes, sin una autoridad común, sino que cada jefe de familia decidía lo que había de hacerse. Su rutina diaria consistía en la recolección de productos del mar y la caza y pesca de lobos marinos, nutrias, aves y mariscos, viajando constantemente recorriendo canales y fiordos buscando estos alimentos.

El declive de ambos grupos étnicos, Aonikenk y Kawésqar, se inicia hacia finales del siglo XVIII cuando comienzan a llegar a la Patagonia gran número de barcos balleneros y loberos, ingleses y estadounidenses, que introducen enfermedades como la viruela y sarampión que diezman a las poblaciones nativas, las cuales nunca vuelven a recuperar su equilibrio poblacional.

Parece ser que el último de los Kawésqar fue Alberto Achacaz Walakial. Falleció a los 79 años el 5 de Agosto del 2008.

Ya en el siglo XIX llegan los colonos europeos en tres oleadas bien diferenciadas. Entre 1890 y 1895 se establecen en la zona 10 familias alemanas con el objeto de explotar la tierra con fines ganaderos. De entre ellos el primero y más influyente fue el ex capitán de la marina mercante alemana Hermann Eberhard, que se estableció en 1893 al borde del fiordo Eberhard con una concesión de 80.000Ha. Entre 1895 y 1900 aparecen por la zona 30 nuevos colonos alemanes e ingleses, y a partir de 1901 empiezan a llegar españoles, franceses, uruguayos y algunos chilenos.

Finalmente el 31 de Mayo de 1911 fue fundada la ciudad de Puerto Natales, dando lugar al inicio de la edad moderna.

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Un comentario en
“Bienvenido a Última Esperanza”

  1. Teresa

    Tanto la zona de Tierra del Fuego como el Desierto de Atacama, paisajes para no olvidar mantenerlos en la retina y no olvidarlos

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