Estela y Laura 19 May 2014

Barranco

Catedral Plaza Barranco

Llegábamos bien temprano desde Trujillo en avión, nuestro último vuelo por dentro del país. Se nos hacía raro que ya no fuéramos a escuchar más las indicaciones de seguridad y evacuación, que ya no fuéramos a recibir esos ricos snacks que coleccionábamos, que ya no fuéramos a escuchar de nuevo por dónde embarcar al avión, que ya no fuéramos a escuchar la musiquita del documental al entrar, que ya no volviéramos a ser tan bien atendidas por todas las tripulaciones… Ya sólo nos queda un vuelo y es el de vuelta, aunque ya os contaremos, porque el destino ha vuelto a hacer de las suyas… Bien cargaditas de nostalgia llegábamos. Lima nos esperaba ya con los brazos bien abiertos. De nuevo era domingo, el día por excelencia que en se paraliza la ciudad y pocos son los claxons que salen a sonar a la calle. Eso sí, los abuelos salen con sus nietos, los tíos con los primos, las madres con los hijos, salen todos a reunirse y disfrutar de su compañía. También los atletas salen, y una maratón por toda la ciudad impedía caminar con soltura. Unas horas más tarde conseguíamos dejar las mochilas y salir a buscar nuevos lugares que visitar. Como nuestra primera visita en esta ciudad fue por el barrio de Miraflores, decidimos movernos al siguiente, Barranco. Bendito el momento en que preferimos venir por este lugar, porque no tiene nada que ver con Miraflores. Aquí los edificios no son tan sumamente gigantes, típicos de ciudades grandes. Son todo lo contrario. Casitas, y CASONAS, la mayoría cuidadas hasta el último detalle, con sus flores, sus enredaderas…parecía que no estábamos en Perú, acostumbradas a ver todo lo que habíamos visto y desacostumbradas a las grandes urbes. barranco_grafiti Callejeamos toda la mañana, andando sin ningún sentido concreto, recorriendo caminos de ida diferentes a los de vuelta, descubriendo casas abandonadas de lo más alucinantes. Por cada esquina había un magnífico mural, graffitti o dibujo artístico decorando la calle, coloreando los muros vacíos. Las casas, cada una de un color. Los balcones, de madera. Y lo mejor: no había ruido (era domingo). Por una cosa o por otra, hemos quedado fascinadas. Casa abandonada Barranco Pasamos por el puente de los suspiros, parada obligatoria si vienes con tu pareja a este barrio, y así es, lo encontramos repletito de gente amándose y…suspirando, claro. Por debajo, llegamos a la bajada de los baños, y rodeadas de múltiples restaurantes fuimos andando hacia el mar. De nuevo teníamos al Pacífico de frente, aunque esta vez no se veía tan nítido el horizonte, deben ser cosas del directo y la contaminación. Fuente de los suspiros Regresamos por Miraflores al acabar la tarde para tomar un café y seguir andando por calles nuevas que no conocíamos. Aprovechamos para hacer algo de compra y así cocinarnos rico en el hostal. Y ahora llevamos toda la cena y la sobremesa compartiendo buenas risas con Agustín y Mercedes, dos jóvenes argentinos que siguen su ruta hacia el norte, y a quienes pudimos dar algunos consejos sobre los lugares que más nos gustaron de allí. También están Daniel, un colombiano muy cercano con quien conversamos de los lugares más visitados de Lima; Jhon, un estadounidense que resultaba haber estudiado lo mismo que Estela; Héctor, un valenciano que emprendía su viaje hasta la selva de Iquitos por Pucallpa, embarcándose durante 7 días en un barco por los ríos de la selva y Luis, un turco amante de la cocina.

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Un comentario en
“Barranco”

  1. titi isabel

    Este viaje os está aportando, además de aventuras y paisajes, conocer a mucha gente diferente. Y encontrar gente que ya conocíais es como un milagro. Es que el mundo es un pañuelo.

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