Curro Prieto 06 Sep 2016

Bailando con lobos

En este periplo a lo largo de Sudamérica me he decidido a intentar mostrar algunos lugares que generalmente se encuentran en un segundo plano turístico, rincones no tan reconocidos en todo el mundo y que sin embargo crecen exponencialmente en popularidad. Por ello en este post me decidí por llevaros a visitar las Islas del Callao, en Lima. Se trata de un archipiélago de cuatro islas ubicadas en la costa norte de la capital de Perú, frente al conocido barrio de Callao.

El día para el que contraté la experiencia llegué unos cuantos minutos antes que el resto del grupo a la Plaza del Puerto de Callao, así que pude desayunar tranquilamente mientras deambulaba por la zona. Es un lugar bastante distinto al resto de la ciudad, supongo que como todas las urbes que albergan un barrio con puerto marítimo. Reinaba un ambiente frío y marinero. A lo lejos se podía contemplar a los trabajadores del puerto que andaban de un lado para otro cargando y descargando mercancías. Más cerca, los pescadores hablaban a gritos mientras el crujir de la madera de sus barcos resonaba entonando una melodía perfecta. Para cuando volví a la plaza ya estábamos todos preparados y pudimos emprender la expedición.

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Prendieron los motores de la embarcación encargada de portarnos a través del recorrido y la gente se intuía muy ilusionada. Después de una hora abriéndonos paso entre las aguas del Pacífico llegamos a la Isla de San Lorenzo. Esta se utiliza hoy en día como centro de adiestramiento para la marina de guerra peruana. Desde el barco pudimos observar su enorme tamaño. Pronto la sobrepasamos y las corrientes marinas se volvieron más agresivas, consiguiendo que nuestra embarcación empezara a tambalearse de un lado a otro y de arriba a abajo. Nuestro camino, aunque escabroso, nos llevó a conocer las dos islas contiguas a San Lorenzo: el Frontón y Cabinzas. El guía nos contó historias sobre antiguas cárceles y viejos muelles guaneros que las habitaron. Cuando las encaramos, ambas parecieron apartarse educadamente debido a su disposición y brindarnos el paso directo al destino final y deseo de todos los tripulantes, las Islas Palomino.

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foto_mirando_islaPorque sí, todos mirábamos ya al horizonte y no lo podíamos evitar. Las Islas Palomino son el gran atractivo turístico del lugar. Una gigantesca colonia de lobos marinos habita aquella gran masa de roca desde que la isla se dejó de utilizar años atrás para el desembarque del guano. A cada segundo que nos acercábamos la emoción nos invadía un poco más. El sol, que se había colado entre las nubes para vernos llegar, caía a plomo sobre nuestras cabezas. El ruido era ensordecedor y el espectáculo extraordinario. Cerca de 5000 lobos marinos nos daban una estruendosa bienvenida.

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El barco aminoró la marcha llegando a detenerse. Hubo un tiempo para observar cada rincón del lugar. Los lobos producían una serie de sonidos que retumbaban en las paredes de la embarcación. Los más grandes se mantenían en las rocas, descansando, mientras los más pequeños saltaban al agua para vernos más de cerca. En cierto momento la organización nos invitó a ponernos los neoprenos, ¡nos íbamos al agua! Si hubo un motivo que me hizo elegir ese archipiélago y no otro para el avistamiento de lobos marinos fue la posibilidad de nadar con ellos e internarnos en su habitat.

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Fui el primero en saltar al frío. Desde ese momento y hasta que volví al barco, no pude parar de sonreír, era una sensación entre nerviosa e ilusa que me hacía sentir increíblemente vivo. Cuando todos estuvimos sumergidos, los animales empezaron a acercarse, cada vez parecían más grandes y sus sonidos se oían más fuerte, el corazón me iba a mil. Primero llegaron los más cachorros, que también son, por supuesto, los más curiosos. Pasaban por debajo de nosotros, nos tocaban y se nos quedaban mirando como pensando, ¿qué clase de animal son ustedes y qué hacen aquí? De repente noté que me mordisqueaban los pies, un pequeño lobezno jugaba y saltaba alrededor mío, extendí la mano y él paseo su pequeña panza por mis dedos. Yo estaba flipando, no puedo decirlo de otra manera. Al fondo, un grito que superaba a todos los demás y una caída fortísima al agua indicaba que uno de los grandes se aproximaba, yo retrocedí intimidado. El gigante se limitó a observarnos y a nadar mientras otros tantos lobos caían rodando detrás de él por las paredes de roca. Toda la isla era un concierto. Uno se preguntaba si estarían pendientes de nosotros o simplemente harían su vida normal, acostumbrados ya a la expediciones de gente que llegan cada día a conocer su hogar.

Después de una media hora nadando y jugando con los animales se hizo la hora de regresar. El sueño llegaba a su fin.

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Desperté camino a Lima, con la brisa golpeándome la cara y sabiendo que acaba de vivir algo único. En viajes como este, donde cada tres días estoy en un lugar, es posible que no esté asimilando inmediatamente cada vivencia, pero estoy seguro de que cuando vuelva a España y mire atrás, el día en que bailé con los lobos será un recuerdo tan intenso que me transportará directamente a esa isla, a ese momento en el que la sonrisa era totalmente intachable, y yo era totalmente feliz.

 

Mi TOP 3 recomendaciones:

ECOCRUCEROS: la empresa que organiza la salida hacia las Islas Callao. Según mi experiencia el trato es único, tienen preparados todos los medios para tu comodidad: un buen yate, pastillas para el mareo, chalecos salvavidas y neoprenos. Además, y es algo imprescindible para mí, te atienden siempre con una sonrisa. Una vez en el agua los guías entran contigo y te apoyan en todo lo necesario. El precio es 150 PEN (45€).

Loki Hostel: otro hostel del estilo del Point, me alojé allí de regreso en Lima y estuve plenamente satisfecho. Eso si, aviso, el hostel es una auténtica fiesta, no acudas si buscas la paz y la tranquilidad porque no está en tu mano, si pasas por el bar te vas a quedar, esa gente sabe como montárselo. A mi me encantó. El precio como siempre depende de la cantidad de gente que haya en la habitación, a mí, en una habitación de seis me costó unos 50 PEN (15 €).

Churros con manjar: el churro es un dulce que en Perú va relleno de manjar, lo que para nosotros sería algo similar al dulce de leche. Fue mi desayuno en Callao aquella mañana y la verdad es que estaba riquísimo. Cuesta 4 PEN (1€).

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4 comentarios en
“Bailando con lobos”

  1. Francisco Prieto Garcia-Nieto

    Curro,sigue igual,mejorando en cada nuevo post con que nos deleitas.
    Me parece que con este tipo relatos casi no hace falta viajar.
    Sigue disfrutando y haciendonos disfrutar!!!!
    Muchos besos.

  2. mari Cruz

    Curro, me estás sorprendiendo muy gratamente, con la forma de relatar tus vivencias, logras meternos en ellas, y disfrutar “casi” como tú. Un abrazo y a seguir así..

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