Marta Rodríguez 20 May 2015

Areguá, turismo alternativo y vivencial

Sin duda la parte más especial de un país son las personas que lo forman. Paraguay me recibe con el calor de su gente, una integración natural que agradece cualquier viajero en solitario. Una parte que me fascina de esta forma de viajar, es nuestro desapego por las cosas banales y nuestro agradecimiento a una simple sonrisa de complicidad, o a una invitación para tomar un poco de Tereré.

Después de dejarme llevar en la ciudad de Asunción, acabar la noche en una fiesta mágica de música balcánica y descubrir el cóctel “Paraguay Libre”, decido salir y experimentar el contacto con la naturaleza y alrededores. Me cuentan que se ha organizado una aventura de kayak nocturno bajo la luna llena en el río Ycaparaí, en Areguá. Evidentemente no me pienso dos veces. Areguá se encuentra a unos 30 km de Asunción y el colectivo te lleva por sólo 2.500 guaraníes, que equivale a 0,45 euros. Llego justo al nacer de la luna, parece que me estaba esperando.

Lago Ycaparai

Areguá es un pueblo con una energía especial, caracterizado por la producción de frutillas (fresas) y la alfarería. Me lo cuenta Doña Lucía, tomando juntas el desayuno después de una madrugada de tormenta que parecía el fin del mundo. Se alagaron los cuartos y parecía que los rayos iban a colarse por las rendijas de las ventanas. Yo me tapaba con las sábanas como si de armaduras de tratase, pero con el día llegó la calma.

Doña Lucia hotel ozli

Doña Lucía es la propietaria del hotel Ozli, que se encuentra al lado de la llamada playa de Areguá. Siempre encantada de recibir a nuevos viajeros con los que conversar. Me habla sobre Paraguay, su sencillez y tradición, y se despide cantando la guarania “Recuerdos de Ypacarai”.

A pesar de que el día está algo lluvioso salgo a caminar y a conocer el lugar. Es reconfortante caminar sin prisa por sus calles de piedra, con el ruido de los niños jugando como si no hubiese mañana y el viento de mayo. El centro está lleno de artesanos y trabajos de cerámica. Colores y más colores.

Areguá alfareros

A las 12:00 me recoge Gustavo y me invita a comer con su familia; han preparado una pasta vegetariana “heterei”, que significa “muy rico” en guaraní. Joe es mediadora cultural, nativa de Capiatá y junto a Gustavo idealiza y crea la Bio escuela popular “El Cántaro” con la filosofía de que las pequeñas acciones cambian grandes realidades. Trabajan por un modelo de integración de la cultura dentro de las comunidades campesinas. El Cántaro es un lugar de encuentro gratuito que fomenta la juventud sana con visión crítica y comprometida. La escuela está siendo construida de manera comunitaria entre los propios alumnos, padres y demás interesados de la comunidad. Sin miedo a ensuciarse y con las manos en la masa construyen juntos con pareces de barro y materiales naturales una escuela que cuenta con más de 300 alumnos. Teatro social, serigrafía, tallas indígenas que rescatan las técnicas ancestrales, panadería, lectura… son algunas de las actividades que se pueden realizar en este espacio.

Joe y Gustavo

Joe y Gustavo fomentan el turismo alternativo y vivencial en Areguá y seguro que estarán encantados de introduciros con cariño dentro de la comunidad. Termino este viaje con una sensación gratificante y el lema del lugar: “Todos tenemos capacidades diferentes, incluyámonos para sumar”

El CantaroAregua alternativa y vivencial

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